
Concluyó la conferencia del Partido Comunista de Cuba. La resonancia que alcanzó en la calle iguala a la alcanzada por la última nevada en Groenlandia. A muy pocos les interesó la tan traída y llevada conferencia. La declaración del general presidente sobre la permanencia del actual sistema y sobre la lentitud (tarde-mal-nunca) en la aplicación de reformas que nunca llegarán y que por ende, nunca mejorarán la calidad y la condición de vida del pueblo, ha sido más que suficiente.
Mientras, el país se cae a pedazos. Pero, ¿qué puede importarles a los heraldos de la revolución que Cuba y el pueblo cubano sufran? La élite y sus pretorianos tienen buena alimentación y no están amenazados con derrumbes. No les importa y la gente les reciproca el interés. Hay elementos que nunca serán reformados. Se afirma por parte de la élite que la educación y la salud permanecerán eternamente estatizadas. Esto es perfectamente coherente con la naturaleza totalitaria y esclavizadora del régimen que sufrimos. Se reservan la prerrogativa de reproducir sus inmorales ‘hombres-nuevos’. Vale recordar que a fin de cuentas, los temores de hace décadas, sobre que la horda verdeolivo privaría a las familias de la patria potestad sobre los hijos, se cumplen de esta eufemística forma. Los padres cubanos no tendrán la oportunidad de educar a sus hijos de acuerdo con valores ajenos a los de la élite verdeolivo.
¿Sobre la salud? Bueno, es una forma más o menos velada de decidir quién vive y quién no. También es una licencia de guante blanco para asesinar, o para decirlo mejor o peor: neutralizar, escarmentar o eliminar, llegado el caso.
En Cuba no se trata solamente de garantizar los derechos más mediáticamente promovidos. No basta con el más que negado derecho a la libertad de expresión, asociación y prensa. No es suficiente con que se reconozca, sabe Dios bajo qué gabelas y condiciones onerosas, el derecho a entrar y salir libremente del país. La libertad es un menú completo y debe servirse sin limitaciones. No puede estar condicionado a las necesidades y el mal de estómago de cada déspota local bajo el eufemismo “soberanía nacional”. Este eufemismo u otros parecidos facilitaron a Stalin cometer las barbaridades que cometió. Gracias a este eufemismo se permitió a Hitler iniciar su carrera criminal.
La concepción totalitaria es como los virus mutantes. De las concepciones originales de Lenin, Stalin, Hitler, Mao, Pol Pot, etc., se evolucionó a formas totalitarias teocráticas y/o populistas que han unido a la llevada y traída “soberanía nacional”, conceptos tales como la otredad y la tolerancia con determinadas culturas crueles o crueldades culturales. Así al régimen teocrático iraní se le permite existir a pesar de que proclama que su objetivo es borrar a Israel de la faz de la tierra y ratifica a partir de su cruel “otredad cultural”, su derecho a colgar con cuerdas de piano a homosexuales y a lapidar mujeres.
Occidente no aprende de errores. Si en su momento se le hubiera puesto bozal a la bestia totalitaria, hoy el mundo no estaría en peligro. En nuestro caso, si la burguesía nacional cubana o sus clases vivas (para los que no conocen la terminología filosófica marxista) hubieran reconocido en la defensa de los valores democráticos, la defensa de sus intereses económicos, hoy no habría tantos cubanos en Cuba y fuera de ella, llorar por lo que no supieron o no pudieron defender de forma exitosa.
La conferencia del Partido Comunista de Cuba ciertamente representa eso que a nadie le importa. Sólo falta redefinir lo verdaderamente importante y esto sería el restablecimiento total de la democracia y el estado de derecho, para comenzar. Después, pues bueno, eso se verá más adelante.
PD
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