Martes, 07 de Febrero de 2012 06:05
Escrito por Frank Cosme Valdés Quintana

Santos Suárez, La Habana (PD) El Círculo Negro gobernó México durante más de la mitad del siglo XX. Fue una organización secreta que se sometía a su vez al Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Las principales decisiones políticas no eran tomadas por los presidentes de turno ni por los titulares del poder legislativo, sino por esta sombría sociedad compuesta de cinco miembros. El destape público de esta sociedad vino a conocerse en el año 2006, cuando el valiente periodista y escritor mexicano Antonio Velasco Piña, basado en las revelaciones que hizo en su lecho de muerte de uno de los integrantes de esta sociedad, publicó "El Círculo Negro, el grupo secreto detrás del poder en México. Ahora se comprende mejor la reputación íntegra del cómico mexicano Cantinflas como portavoz de los desprotegidos, quién se convirtió en alguien a tomar en cuenta en la lucha contra el "charrismo sindical", que era la práctica habitual del gobierno de un "solo partido" para controlar los sindicatos. Fidel Velázquez, identificado como uno de los cinco del Círculo Negro, tuvo el poder absoluto sobre los obreros por más de 50 años. En casi todas sus películas, Cantinflas siempre introducía una crítica muchas veces "directa" a estos gamberros, cosa que los antiguos fiñes cubanos adictos a sus películas (como yo por los años 50), no entendíamos de qué se trataba.
Y ya que hablamos de sociedades secretas, en los EU todavía se mantiene esta costumbre heredada de los británicos de asociarse secretamente, sobre todo en sus universidades. Cierta parte de los estudiantes experimenta placer en pertenecer a estas sociedades secretas y exclusivistas denominadas muchas veces con letras griegas, a las que rodea un halo de misterio: pruebas de iniciación, consignas secretas y palabras extravagantes que sirven de santo y seña. En la década de los 60 la mayoría de los estudiantes se rebelaron contra la creación de estas sociedades que mayoritariamente involucraban a hijos de papi y sus bolsillotes. Aún así subsisten algunas cuyos nombres muestran lo ya expuesto. Por ejemplo, en la Universidad de Cornell se mantiene la Sphinx Head (Cabeza de Esfinge); en la de Harvard, la Punch Season (Temporada de Punzones), y en la de Yale, Skull and Bones (Calavera y Huesos), por citar unos ejemplos.
Las Crónicas de Nüremberg, en alemán Schedelsche Weltchronik (Crónica Mundial de Schedel) de Hartmann Schedel, es uno de los incunables más valiosos de Europa. Impreso en 1493, tiene numerosos grabados de ciudades de la época y el primer mapa impreso de Alemania. Aún hoy ocasiona admiración para todo aquel conocedor de las artes gráficas por su nitidez y calidad de la impresión.
Y ya que andamos por ese período, un best seller de aquella época de las primeras imprentas fue "Las Verdaderas Centurias Astrológicas, y Profecias" de Michel de Nostredame (Nostradamus), publicada por primera vez en 1555. Nostradamus fue un médico judío cuya familia se convirtió al catolicismo. Como hebreo educado conocía la Cábala, que con el tiempo llegó a dominar, así como también la astrología. Muchas predicciones parecen haberse cumplido muy a pesar de que muchos estudiosos afirman que la relación entre los acontecimientos en el tiempo y Nostradamus es resultado de traducciones e interpretaciones tendenciosas con la finalidad de traer por los pelos los acontecimientos. En una de sus centurias, donde el número 11 también era incluido, predijo que "sobre la gran ciudad del Norte la muerte vendría del cielo". Esa interpretación "tendenciosa" llegó a imaginar Nueva York bombardeada por misiles rusos -el documental sobre las profecías, cuyo narrador fue Orson Welles, producido en los años 60, así lo supuso-, al igual que otros escritos mas o menos sensacionalistas. Para consternación y sorpresa de muchos, la realidad fue similar, pero no fueron los rusos sino los terroristas de Al-Qaida los que hicieron realidad esta profecía precisamente un día 11, el 11 de septiembre del 2001. Las Torres Gemelas, a su vez, formaban el número 11.
Dejando esta centuria o profecía al libre albedrío del estimado lector, hasta la semana que viene.
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