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Frank Cosme Valdés Quintana
Santos Suárez, La Habana (PD) El muy publicitado incidente de Roswell en que supuestamente se estrelló una nave del espacio exterior con dos alienígenas, no ocurrió precisamente en esta población de Nuevo México, sino en una granja más al norte, cerca de Corona, otra población de este estado. goddar

Como las unidades del ejército enviadas a investigar procedían de la base aérea de Roswell, el suceso fue publicitado con la difusión de reportes de prensa donde se citaba este nombre. Posteriormente, el filón de esta sensacional historia-leyenda produjo innumerables publicaciones. El acontecimiento fue incluido en el programa de TV "Unsolved Mysteries" (misterios sin resolver), de gran rating en la teleaudiencia de ese país. Ni cortos ni perezosos, los habitantes de Roswell, aprovechando esta publicidad de gratis, levantaron un museo dedicado al caso e innumerables tiendas que venden artículos sobre los extraterrestres. Actualmente la ciudad recibe muchos turistas que vienen de todo el mundo, y lo primero que se encuentran en las carreteras que conducen a Roswell es que en las señales de advertencia de tránsito están también incluidos hombrecitos verdes.

En la segunda parte de esta historia podemos decir que los habitantes de Corona "se quedaron en esa, con ganas de aquello y sin esperanza de nada" como diría una popular humorista cubana, ya que el sensacionalismo de ciertos medios erró el tiro al nombrar la población. Lo que se estrelló efectivamente cerca de Corona no fue un OVNI, sino un artefacto del "Proyecto Mogul", un "Top Secret" de la Fuerza Aérea de los EU que comenzó en 1947 y cuyo objetivo era recabar información sobre las pruebas atómicas de la URSS. El deseo del gobierno estadounidense por mantener el secretismo de este proyecto, cuyas intenciones también incluyeron que se mantuviera la creencia de que fue una nave extraterrestre dejando correr rumores, provocó el supuesto incidente ufológico.

Y ya que andamos por Roswell y sus alrededores, hay una historia a la que no le han dado la publicidad que verdaderamente merece. Resulta también una paradoja, pues da la casualidad –o es una broma del destino- que fue aquí en Roswell donde Robert H. Goddard, el verdadero padre de los cohetes espaciales, se trasladó en 1930 para poder continuar sus investigaciones en calma y lejos de las críticas a las que fue sometido. Este científico fue desacreditado por sus compatriotas como lo fueron Hiram Percy Maxim, el inventor de la ametralladora, o Preston Tucker, fabricante de un auto en 1948 con todas las características innovadoras de los autos actuales, pero en el caso de Goddard fueron más allá. El influyente y poderoso New York Times, que algunas veces se ha encargado de ensalzar a quien no debe y otras a humillar a quien no lo merece, la emprendió con Goddard. En un editorial del 13 de enero de 1920 criticó las investigaciones que se realizaban con cohetes, de las cuales la más avanzada era la de Goddard. Con evidente mala fe declaró sobre este científico y cito: "este sólo parece carecer del conocimiento que se dispensa en las universidades". Como del árbol caído todo el mundo hace leña, el influyente periódico no hizo más que destapar duras críticas de otros medios, a las cuales se sumaron también algunos científicos, lo que obligó a Goddard a aislarse en Roswell para continuar sus trabajos.

Irónicamente fueron los nazis los que se interesaron en sus investigaciones. Antes de 1939 ocasionalmente algunos científicos alemanes entraron en contacto para hacerle preguntas técnicas. Después el espía alemán Nicolaus Ritter infiltró en el círculo íntimo de Goddard a uno de sus secuaces, el cual copió los planos del científico y los envió a Alemania. Años después, Wernher Von Braun declaró enfáticamente que confió en los planos y las investigaciones de Goddard cuando desarrolló los cohetes V1 y V2, que según los estrategas, de haberse perfeccionado hubieran cambiado el curso de la guerra. Von Braun aclaró también que los descubrimientos de Goddard abrieron el camino e incorporaron muchas características usadas en los misiles actuales y naves espaciales más modernas.

Goddard es también el inventor de la bazooka. La prueba de esta se realizó dos días antes del término de la Primera Guerra Mundial y fue ampliamente utilizada en la Segunda. Goddard falleció el 10 de agosto de 1945 sin habérsele reconocido todavía como el padre de la cohetería y las modernas naves espaciales. Catorce años después, en 1959, por fin fue reconocido, cuando la NASA inauguró el más grande laboratorio de investigación espacial, el Centro de Vuelo Espacial Goddard, en Greenbelt, estado de Maryland. 214 patentes le fueron concedidas por sus descubrimientos aplicados a la aeronáutica espacial, la mayoría después de su muerte.

El 16 de julio del 1969 se lanzó al espacio la Apolo 11, la nave que llevó al primer ser humano a la Luna. Un día después, el 17 de julio, el New York Times publicó una breve entrada con el título "Una corrección", que resumía el editorial de 1920 en que se burlaba de Goddard. Concluía escuetamente: "The Times lamenta el error."
Y hasta la semana que viene, amigo lector.
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Bibliografía y foto: Wikipedia y Selecciones del Readers Digest de marzo de 1956.


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