Lunes, 02 de Enero de 2012 00:25
Escrito por Jorge Olivera Castillo

Habana Vieja, La Habana (PD) La burocracia no pierde su vigencia entre los entresijos de un socialismo resistente a las actualizaciones.
En medio del cruce de decretos y medidas que vienen rotuladas con el calificativo de pragmáticas, los burócratas se van adaptando, sin muchos esfuerzos, a los nuevos tiempos
Los principales fundamentos para su permanencia se mantienen incólumes. Las aperturas todavía exhiben los candados del centralismo y los trinquetes de una ideología que sigue atascada en una zona del pantano marxista-leninista.
La capa de funcionarios ineptos, sin escrúpulos para practicar el timo y decididos a vivir del cuento, conserva el mismo grosor. Solo se puede hablar de desplazamientos tácticos y reposicionamientos, cuando se alude a quienes han vivido repitiendo consignas procomunistas y aplaudiendo como dementes en los actos de reafirmación revolucionaria.
El juego de fingir lealtad para la obtención de mejores puestos de trabajo donde la tajada a llevarse sea mayor, es parte de una alternativa con miles de practicantes reales y potenciales. El socialismo ha permitido el crecimiento en espiral de un fenómeno que excede los estimados más responsables.
Son inexistentes las señales respecto a la disminución de los verdaderos protagonistas del lento, pero inexorable fracaso del sistema de partido único.
Una reducción importante de la burocracia conllevaría a afectaciones sistémicas de gran calado. Aunque parezca absurdo, el socialismo real basa parte de su génesis y conservación, en la existencia de los burócratas.
No se debe perder de vista que el pleno empleo, los estrictos controles laborales, políticos y sociales, y los altos índices de participación ciudadana en las actividades programadas por las organizaciones progubernamentales, requieren de un entramado de trampas estadísticas, fiscalizaciones, así como de una elevada dosis de voluntarismo con su sobrecarga de recursos humanos y materiales.
Debido a la preeminencia de la burocracia, el estancamiento en la inmensa mayoría de las áreas productivas y de servicio, persiste.
Un ejemplo de esto lo refleja muy bien un caso expuesto recientemente en el periódico Granma.
Resulta que un pequeño agricultor presenta serias dificultades en la producción de leche de vaca a causa de las absurdas regulaciones.
Según una orden establecida, no especifica desde cuándo y porqué, es necesario un permiso, por escrito, de la empresa pecuaria para realizar operaciones de compraventa de ganado mayor.
Para empeorar las cosas, el afectado expone la obligatoriedad de vender las reproductoras (vacas y novillas) a la citada empresa, lo que según su opinión, da margen a las ilegalidades, dígase sobornos y otras acciones asociadas a la corrupción.
Al abordar este asunto, menciona la situación actual en la compraventa de viviendas y vehículo automotores, también sujeta al vaivén del fraude y los pagos por debajo de la mesa.
El denunciante de apellido Barroso duda del beneficio para la economía de esta medida. Refiere que "salvo pocas excepciones, las vacas de los campesinos son más productivas que las del sector estatal".
Es difícil que obtenga una respuesta convincente. Los paladines de la burocracia usarán cualquiera subterfugio. Voluntad le sobra.
Por ironías del destino, el municipio donde tienen lugar los hechos aquí reproducidos, se nombra Remedios.
Lamentablemente, para esas enfermedades crónicas, no hay alivios. La contradicción de los términos es un fiel reflejo de que el socialismo real en una suma de disparates.
Quien lo dude, tiene que ser extranjero, subnormal o cínico, pues cada día el cartapacio de evidencias crece como la espuma.
La triste realidad es visible desde cualquier ángulo y sin espejuelos de aumento. No hay margen para el error. Esto es un derrumbe en cámara lenta, sin el ruido de las alarmas ni el ajetreo de las brigadas de salvamento.
No hace falta decretar el sálvese quien pueda. Hace tiempo que esa es una sentencia de obligatorio cumplimiento. Muy pocos se atreven a desobedecerla.
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