Lawton, La Habana, (PD) En 1959 Fidel Castro mostró a Cuba y al mundo como su revolución además de fusiladora, convertía cuarteles en escuelas.
Cinco décadas y más después, con un déficit habitacional de 600 000 viviendas, de acuerdo a muy conservadoras cifras oficiales, el heredero designado del poder absoluto en Cuba y presidente en funciones, el general Raúl Castro, está abocado a una crisis habitacional insalvable.
Una muy peculiar categoría arquitectónica se apoderó del paisaje urbano en Cuba. Se trata de la 'estática milagrosa', este tecnicismo quiere decir en la práctica, que un edificio se mantiene en pie gracias a la intervención divina y que por puro milagro no se viene al piso.
Sólo en la capital, una ciudad de poco más de dos millones de habitantes con una población flotante que crece a pesar de medidas restrictivas, discriminadoras y violadoras de derechos fundamentales, son miles los que viven bajo la amenaza de un derrumbe y no son pocas las tragedias de esta índole que ya se produjeron a lo largo de las últimas décadas.
La más reciente ocurrió en la noche del pasado martes 17 de enero en un edificio multifamiliar de tres plantas ubicado en intersección de las calles Infanta y Salud en el municipio Centro Habana en la capital del país. Que esta tragedia haya tenido más incidencia mediática que otras, quizás con mayor número de víctimas, se debió en gran medida a la presencia de las nuevas tecnologías de la información, a la participación de comunicadores informales, blogueros, y a una mayor profesionalidad de la prensa independiente, que con un trabajo mancomunado y muy solidario, se adelantaron en dar a conocer la noticia a los medios oficiales al servicio del gobierno militar.
La respuesta gubernamental al problema habitacional tipifica la relación desigual entre el gobierno elegido por sí mismo y el pueblo que lo sufre. Si se toma como punto de partida la cifra oficial del déficit de 600 000 viviendas (es mucho más) la entrega de mil y tantos subsidios para construcción de viviendas parece una burla y lo es básicamente.
Uno se pregunta, ¿a cuál de los paupérrimos vecinos de un edificio multifamiliar en Habana Vieja, le darán el subsidio para reparar su deteriorado edificio centenario? Con la historia mal contada de los subsidios, el general presidente y su incompetente y geriátrico equipo se lavaron las manos en relación con el desastre urbanístico del país y específicamente, de la capital de este.
Hubo una empresa estatal (inoperante como todas) que se dedicó o que fue oficialmente consagrada a dar mantenimiento a los inmuebles urbanos. Esta fue la extinta y difunta ENMIU o Empresa Nacional de Mantenimiento de Inmuebles Urbanos. La empresa cerró vaya usted a saber a partir de que reordenamiento o de que actualización. Su cierre ha puesto a los inquilinos de los edificios multifamiliares en mal estado constructivo, al arbitrio de la misericordia divina representada por la 'estática milagrosa'. Aunque no tengo nada en contra de la voluntad divina, (al menos formalmente y cuando no me perjudica) esto me parece una burla muy cruel.
Quizás una solución temporal que contribuiría entre otras cosas a salvar vidas, sería la restitución al patrimonio habitacional de toda una serie de edificios concebidos originalmente como viviendas y transformados por voluntad del régimen en cuarteles o dependencias de la administración central del estado.
Así como de forma manipulada y demagógica se convirtieron cuarteles en escuelas para adoctrinar y luego, de forma subrepticia se convirtieron las viviendas en cuarteles u oficinas, se trataría de revertir la ecuación y devolver el espacio habitacional a los ciudadanos. Los ejemplos para esto, sobran. Desde el edificio de la Industria Alimenticia en Habana Vieja, hasta los modernísimos edificios de Línea y A y O y 19 en El Vedado. Sería una forma de aliviar a la muy atareada voluntad divina en eso de la estática y los milagros.
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