Banner
Rogelio Fabio Hurtado
Marianao, La Habana (PD) Viajar es una experiencia para cualquier ser humano. Para nosotros, viajar se convirtió, desde la década del sesenta, en algo extraordinario. Aún hoy no es una acción normal, sino una suerte de privilegio, del que he disfrutado en tres ocasiones.viajar_cuba

La vez primera es única; el viajero, sea cual sea su edad, va envuelto en un aura de ingenua virginidad, hecha toda de supuestos y de ilusiones. Una película de Rolando Díaz, magistralmente actuada por Reinaldo Miravalles, da una visión de lo que es eso. Casi todos los supuestos se modifican al contacto con la realidad: algunos desaparecen y unos pocos se confirman.

Pero las ilusiones se esfuman. Una de las mayores, la referida al tratamiento singular que los cubanos recién llegados recibiríamos de parte de los estadounidenses, es de las primeras en deshacerse. La hostilidad entre ambos gobiernos no se traduce hoy en ninguna ventaja adicional para los viajeros, más bien al contrario. Muchos han podido comprobar que a medida que uno se aleja del condado de Dade, es tratado por los norteamericanos como un probable agente castrista, y no valen explicaciones, las cuales sólo confirmarían las sospechas. Esto, desgraciadamente, también puede ocurrir, incluso en Hialeah.

La repetición de los viajes nos permite reducir el equipaje. Hoy, gracias al correo electrónico, no hay que llevar tanta correspondencia. Basta con algunos teléfonos. Tampoco preciso llevar conmigo infinitos papeles, que aquella primera vez, hicieron las delicias de algunos vistas de aduana, locos por congraciarse con sus superiores del DSE, también allí presentes entonces. Esto sucedió en 1996, hace ya muchos años, cuando todo era más dramático.

Ahora residiré en Carolina del Norte, esto significa que el contacto con los viejos amigos que sobreviven, será más frecuente, pero mediante Facebook y Yahoo. No obstante, espero volver a visitar mis queridos restaurantes Versalles y el Exquisito, en la Calle 8, y al Rey's Pizza de Flagler, acompañado indistintamente por mis entrañables José Soroa, Bernardo Trujillo, Silvia Sarazúa e Yndamiro Restano. Charlaré horas con el escritor y pintor Alejandro Valdés Lorenzo. Pero ya no podré visitar en su apartamento de la Pequeña Habana al pintor Jessie de los Ríos ni encontrarme en su Home de Haileah con Esteban Luís Cárdenas. La muerte opera dondequiera y acaso con más saña, fuera de Cuba.

Si en mis viajes anteriores, llevé algún tipo de agenda política, primero vinculada al tema de la reconciliación nacional y después a los proyectos de la Corriente Socialista Democrática, esta vez esa carpeta irá del todo vacía.

Algo similar ocurre respecto a la literatura, relativamente cumplida en otras ocasiones. Si en 1996 llevaba una antología de poesía joven, que quedó en el aeropuerto en manos del dúo Aduana-DSE, ahora no llevo ningún proyecto literario. He llegado desgraciadamente a la conclusión de que, a partir de cierta edad, ya carece de sentido persistir: hay que dejarle el campo libre a jóvenes voces en estado delirante.

El reencuentro con mi hijo y con mis nietos será lo mejor del viaje. Aunque no estoy en forma, espero resistirles al menos 30 jugadas, sobre todo jugando con blancas la apertura Ruy López. Como estaré allí fuera de la temporada de pelota, apenas veré viejos partidos repuestos por la TV al mediodía. Quizás mejore mi comprensión del fútbol americano. Siempre iré con mi hijo a ver buenos juegos de la NBA en los buenos bares deportivos. Tenemos en perspectiva un paseo a Cincinnati, a visitar al gran amigo Roberto Madrigal.

Por lo demás, espero poder continuar mi colaboración con Primavera Digital durante estas vacaciones, así que, como decían antiguamente en la radio cubana: seguiremos informando...
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Foto: Marcelo López
Un avión levanta el vuelo en el aeropuerto José Martí en La Habana


Twitter Primavera

By AWeb Design