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Jorge Luis González Suárez
Plaza, La Habana (PD) Leí hace poco en un libro titulado Los Reyes Magos, del escritor Adrian Gilbert, que Belén significa "Casa del Pan". Esto me hizo recordar el pan que se producía cuando yo era muy joven y compararlo con el actual. Puedo afirmar que hoy en este reglón estamos en "Belén con los pastores".pan

Mi barriada, La Esquina de Tejas", tenía dos grandes establecimientos en la misma cuadra, sin contar con otros menores en la zona. Todos vendían y con calidad. Existía el más económico conocido como pan de agua y el más popular llamado pan de manteca. Siempre había un producto fresco y caliente todo el día y su venta era constante.

La variedad en tamaños, precios y formas era algo muy común. Desde el conocido "pan de flauta", que según su elaboración costaba entre 10 y 15 centavos la libra, hasta los especiales de molde, para bocaditos y otros más. Mi familia tenía por costumbre adquirir el primero de los mencionados, hábito bastante generalizado por la mayoría de la población de ayer.

Dos panaderías eran bien conocidas y famosas en la capital: la de Toyo y Los Pinos Nuevos. La primera dio nombre a una de nuestras esquinas, en la zona que divide a Luyanó y Santos Suárez. La otra se hallaba situada en el reparto Altahabana y su promoción era hasta televisiva, con un jingle" que decía "fresquecito el pan, pan, pan, de los Pinos Nuevos", mientras una modelo bailaba y hacía un gesto sensual con las caderas. Este anuncio fue retirado rápido del aire por ser considerado obsceno por la mojigatería del momento.

Hace más de 15 años que la de Toyo fue nombrada escuela de panadería. Comenzaron a salir de sus hornos variedades en tipo y sabor que compitieran con los de renombre internacional. Como pasa siempre aquí, la felicidad en casa del pobre dura poco y de aquella feliz idea, no queda ni la propia idea.

Por su parte, Los Pinos Nuevos ya no cuenta siquiera ni con el nombre y sus gustados tipos de "Bons y Rolls", envasados en nylon y distribuidos por toda la red comercial, tomaron el camino de la desaparición.

La población hoy recibe su pan nuestro de cada día por la cuota de la casi extinta Libreta de Abastecimientos. Uno per cápita, que debe pesar 80 gramos, pero que casi nunca tiene ese peso y parece un chicle. Si desea comer más pan, tiene que comprarlo en "venta liberada", a partir de 80 centavos, hasta los que valen 10 pesos. Este precio es superior al salario promedio diario de más de la mitad del pueblo trabajador. Vamos a necesitar del milagro de Jesús que multiplique los panes para poderlos y satisfacernos.

Hay, como en todo en Cuba, el pan que se comercializa en divisa. Esta oferta llega a través de la red conocida por Sylvain y Pain de París. Aquí se vende una mercancía superior que incluye dulces finos. Lo que no resulta muy fino es su costo, pues lo más barato equivale al doble en moneda nacional. Por tanto, también en los panes y dulces, hay clases sociales.

Resulta increíble que el alimento por excelencia más popular a través de toda la historia de la humanidad sea casi un privilegio para algunos cubanos. Este comestible tan consumido por todos los que vivimos en este país por la escasez de otros, no es siempre asequible, porque como dice el refrán: "no hay bolsillo que aguante".

El principio bíblico se incumple en esta "Viña del Señor", por eso tenemos que decirle "al pan, pan y al vino, vino". Mantener este tren de vida solo se consigue "con el invento". Ojalá sea entonces bendecido nuestro pan con menor importe y que llegue más a cada ciudadano.
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Foto: Ainí Martín


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