Miércoles, 08 de Febrero de 2012 05:13
Escrito por Moisés Leonardo Rodríguez

Cabañas, Artemisa (PD) A las muchas acciones criminales del grupo que detenta el poder en Cuba desde 1959, se unen las cometidas por omisión al no hacer efectivos los cambios necesarios para sacar a los cubanos de la vida en la mentira, el temor y la pobreza en que los han sumido con el sistema diseñado e impuesto exclusivamente para mantener el poder.
Una de estas omisiones es el que no se hayan entregado tierras en propiedad, o al menos en usufructo, a quienes la hicieran producir desde comienzos de la década de los noventa, cuando la falta de alimentos hacia que la gente cayera desmayadas en las calles, bajaran notablemente de peso corporal y contrajeran enfermedades carenciales como la polineuritis periférica, entre otras.
En la actualidad, la entrega de dichas tierras en usufructo y no en propiedad, prolongan las carencias alimentarias de muchos al mantenerse los precios fuera del alcance de la mayoría de los cubanos de a pie, la baja calidad de muchos de los alimentos sin que existan mecanismos efectivos de protección al consumidor y la absurda pérdida de mucho de lo cosechado por la ineficiencia de un mercado centralizado que no acaba de ser sustituido por uno libre.
El creciente deterioro del insuficiente fondo habitacional, con su saldo de muertes por derrumbes, la vida indigna en albergues, la promiscuidad que acompaña a la convivencia de hasta tres generaciones en una vivienda, el insuficiente ritmo constructivo con la debida calidad, son algunos de los males determinados por la no aplicación de una política aperturista en este aspecto esencial en el mejoramiento de la calidad de vida.
No se ha abierto a la inversión extranjera este campo, con lo que se podría propiciar el racional crecimiento vertical de las zonas urbanas y el uso óptimo del espacio físico urbano en lugar de la arbitraria y extensiva construcción de ciudadelas que ahora se lleva a cabo como paliativo a este acuciante problema.
El estado ha sido incapaz, o negligente, al no diseñar y construir zonas urbanizadas en las que se erijan las nuevas construcciones por esfuerzo propio o por contratistas para así acabar con la arbitrariedad también en la urbanización que hoy ocurre al actuarse conforme a normas internacionales derivadas de las mejores experiencias de la humanidad.
Las comparaciones entre los repartos Alamar, construido por el castrismo, y Habana del Este, elaborado antes de llegar al poder los hermanos Castro, confirman desde la práctica la desatinada política gubernamental en este campo, a pesar de la experiencia histórica nacional en el mismo.
El nuevo colapso del transporte publico de pasajeros a que se asiste en la capital y los inadecuados medios utilizados en el resto del país, se deben a la obstinación de los que detentan el poder de mantener el control total sobre estos medios.
Desde hace años atrás se demanda a todas las instancias de gobierno que sea corporativizado este servicio, previa venta de ómnibus a particulares. Han hecho oídos sordos de la propuesta y esto ha traído como consecuencia el estado actual de este servicio.
El archiagotado argumento del "bloqueo" no funciona, pues muchos de los de a pie razonan que si los camioneros mantienen en funcionamiento vehículos de más de 60 años, ¿cómo no van a poder hacerlo con los ómnibus que se les vendan?
El condicionante de las limitaciones en dichas reformas es la preeminencia de los intereses del grupo de poder por sobre los derechos, las libertades y necesidades reales de la población que subyugan.
Tierras en propiedad, mercado libre, inversión extranjera y establecimiento de empresas particulares de construcción (contratistas), libertad de empresa sin limitantes de todo tipo como ocurre con los pocos renglones de cuentapropismo autorizados, son las soluciones a las necesidades económicas de los cubanos de a pie y, al mismo tiempo, la única forma de acercar a la Nación a sus frontera de posibilidades de producción.
En la isla podrán aplaudir ciegos y desleales; desde fuera de la isla podrán ser aplaudidas por los que andan con la boca hecha agua pensando en sus inversiones futuras o el progreso de las que ya poseen; pero pregúntenle a Liborio, es decir, a cualquier cubano de a pie, y tendrá como valoración de los "cambios", en el mejor de los casos, una estruendosa trompetilla.
Las actuales "reformas" para perfeccionar lo que se sabe de antemano no funciona, constituyen parte de las acciones criminales de los gobernantes, no por lo que permiten, sino por los derechos y libertades que aun coartan o violan y las vidas que cobran sus omisiones intencionales.
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