Miércoles, 08 de Febrero de 2012 05:15
Escrito por Frank Cosme Valdés Quintana

Santos Suárez, La Habana (PD) Las historias de cubanos de otras latitudes y también de otros tiempos han aumentado en estas últimas temporadas. Ya no solo los nacidos en la isla buscan estas historias desconocidas que a veces están llenas de todos los componentes de un buen film de aventuras.
Hasta ahí se puede entender, por el gancho comercial que puede tener la historia, pero por la otra mano, puede que la realidad de este héroe o heroína no sea tan edificante.
Así puede que suceda con la resucitada historia de Loreta Janeta Velázquez, nacida en La Habana en 1842. Fue rescatada del olvido gracias a un documental cuyo título "Rebel" indica de antemano las cualidades de su protagonista. Realizado por la cineasta ecuatoriana María Agui, fue exhibido recientemente en la semana de la hispanidad en Washington, y recibió grandes muestras de aprobación del público.
Resulta que esta "Southern Belle", término utilizado por la clase alta del Sur de los EE UU para referirse a sus aristocráticas mujeres, "era de más al Sur", de una isla en la que por esas mismas fechas de su nacimiento ya existían conatos de rebelión y conspiraciones.
La singular historia de Loreta comenzó cuando su madre, una franco-americana descendiente de franceses de la antigua Louisiana (los actuales cajunes), y su padre de origen español, decidieron, cuando tenía 8 años de edad, enviarla con una tía a New Orleans.
Ya por esta fecha, en Cuba las conspiraciones habían derivado en abiertas rebeliones, como las de Joaquín de Agüero, en Camagüey, y Narciso López, en Cárdenas. La isla ya mostraba deseos de liberarse de España.
Resultó que la niña criada en ese ambiente más liberal que todavía caracteriza a New Orleans, se fugó a los 14 años para casarse con un oficial del ejército de EE UU, William, que así era el nombre del flamante esposo, la llevó a donde el ejército lo situaba y estando en San Louis Missouri, donde ya había perdido tres hijos, estalló la guerra civil, decidió tomar partido por los recién creados Estados Confederados del Sur y marchó al frente. Ella quiso seguirlo y el trató de disuadirla, sobre todo cuando le dijo que se disfrazaría de hombre y se alistaría con el.
Loreta, en sus fantasías de niña, al oir la historia de Juana de Arco, la doncella francesa que vestida con una armadura enfrentó a los invasores ingleses, quiso siempre imitarla. No bien murió su esposo, marchó a Memphis Tennesse, se cortó el cabello, se plantó un bigote, y haciéndose pasar por hombre, se dirigió a Arkansas, donde usó la herencia que su padre le había legado para reclutar 200 hombres, que dirigió en batallas.
Llegó a teniente ya conocida con el nombre de Harry T. Bufford. Cuando esas fantasías románticas y de heroísmo terminaron, reasumió de nuevo su condición femenina. Pero mujer de inquieto espíritu y ciego fanatismo por una causa perdida, al poco tiempo y bajo diferentes identidades comenzó a espiar en el Norte para los Confederados.
Como Mata Hari, utilizó el arma femenina más eficaz, la seducción, con la cual llegó a conocer ciertos datos a través de los oficiales en Washington que reportaban directamente al general Lee y que este utilizó para establecer las defensas de sus tropas en la batalla de Fredericksburg. Llegó hasta a conocer personalmente a Abraham Lincoln.
El resto de la guerra siguió en el servicio secreto de de la Confederación. Espió, transmitió mensajes y pasó medicinas a través del frente, ayudó a falsificar bonos de la Unión, organizó motines en las prisiones, reclutó soldados, y como remate, sacó dinero de la Confederación al ver perdida la guerra.
Su último trabajo fue de mensajera a Europa, de donde regresó el mismo día que el general Lee firmaba la rendición ante el general Grant. Entonces, se dedicó a ayudar a ex confederados a emigrar a Venezuela,
En un final, esta Juana de Arco o Mata Hari cubana no fue una heroína como pretenden hacerla ver en algunos medios. Gastó su vida en una causa injusta como fue el luchar por mantener un estado esclavista con el que nunca disintió. Aunque su vida pueda ser tema para una película, pienso que no seria un ejemplo digno de imitación.
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