Managua, La Habana, 9 de febrero de 2011, (PD) Tener que usar un camión como medio de transporte es arriesgado y muy molesto. Aunque esté “acondicionado” para trasladar personas, y el viaje no sea muy largo.

Los asientos, de latón y madera, están dispuestos a lo largo del vehículo, y cuando aparece un bache en la vía – lo cual es frecuente –, el cuerpo del que va sentado se estremece y la ropa muchas veces se rasga con las astillas que desprende la madera.
Sujetarse fuerte de cualquier cosa que se tenga a mano es la norma, aunque no siempre efectiva.
Pero si incómodo resulta ir de pie, también es incómodo ir sentado, ya que quien logre obtener un espacio en el asiento deberá realizar un movimiento constante de repliegue, porque el cuerpo se resbala con el movimiento y se corre el riesgo de caer a los pies de otros pasajeros.
Si es un camión grande y los tubos para sujetarse están situados en la parte alta, los de mayor estatura viajaran un poco más relajados. Pero los más bajos, esos se las ven negras tratando de estirar el brazo lo más posible, a la vez que son maltratados por los giros bruscos y los baches.
Todas estas situaciones se agravan porque en la mayoría de los casos estos vehículos viajan al máximo de su capacidad. Y como si fuera poco, no es nada extraño que los pasajeros se hagan acompañar de algún saco de cocos secos, una bolsa de boniatos, un maletín lleno de ajos para su futura comercialización o una torta de cumpleaños, que aunque parezca increíble, la mayoría de las veces llega intacta.
Este tipo de transporte, surgido gracias a la iniciativa de propietarios de camiones a quienes el gobierno ha otorgado la licencia de trabajo (la mayor cantidad de esos permisos en el país ha sido entregada a transportistas), circula mayoritariamente en áreas rurales – pueblos distantes de la capital como Batabanó, San Antonio de las Vegas, Melena del Sur y Quivicán –, un punto más que le da a estas localidades, antiguamente prósperas, un aspecto de atraso y miseria.
Aunque los camiones no pasan con reiterada frecuencia, sí son la esperanza de los pobres en estos lugares. Algunos afirman haber esperado días enteros por un ómnibus u otro transporte que nunca llegó.
“Cuando llevas tres o cuatro horas esperando, y de pronto llega un camión, a uno le parece que es una guagua de lujo, con aire acondicionado y todo”, dijo Pedro, de 55 años, residente de Melena del Sur.
El “bloqueo” de Estados Unidos, según vecinos de estas localidades, ha sido el principal argumento esgrimido en las Asambleas de Rendición de Cuentas del Poder Popular. El otro ha sido la carencia de piezas de repuesto, que también es por culpa del “bloqueo”, para reparar los descontinuados ómnibus. En conclusión, que según la óptica gubernamental, en esas localidades no hay transporte público por culpa de Estados Unidos.
Pero esos mismos vecinos afirman que cuando hay un acto para apoyar al gobierno, entonces los ómnibus aparecen y en grandes cantidades.
“Vienen tantos que se van casi vacíos”, afirmaron.
La aventura de esperar y abordar un camión pudiera tener visos cómicos, si no fuera por la tragedia que viven quienes en Cuba dependen de este tipo de transporte.
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Foto: Amarilis C. Rey
Camión de pasajeros en Managua
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