Miércoles, 30 de Mayo de 2012 03:47
Escrito por Gladys Linares
Cuba Actualidad Lawton, La Habana, (PD) Hace unos días dos vecinas deambulaban por las calles del barrio en busca de su perrita: "Salió un momento a la calle y no regresó; es una perrita pequeña y carmelita de pelo corto", comentó una de ellas.
La buscaban por allí, porque días atrás la habían traído al veterinario y pensaban que podía haber vuelto por el mismo camino.
Cuando les sugerí buscarla en Zoonosis, rechazaron la idea con repulsión, alegando inocentemente que la perrita lleva un collar y un tatuaje, así que los de Zoonosis reconocerían a una mascota doméstica y no la atraparían.
Hace unos días llevé mi gatico al veterinario, y allí estaban ellas con su maltrecha perrita. La habían encontrado en Zoonosis. La tenían encerrada con una jauría hambrienta y algunos perros la habían atacado. La trajeron casi moribunda, pero ya estaba mejor. Me comentaron que en ese lugar no les dan comida, y las vasijas del agua estaban vacías.
Para los perros callejeros recogidos por Zoonosis no hay oportunidad de ser adoptados. Su final siempre es la muerte, y mientras la esperan se destrozan entre sí por el hambre y el encierro.
Aquel día en cuestión el veterinario le indicó un ultrasonido a mi gato. Para ello, lo llevé a la Clínica Veterinaria Carlos III. El técnico comenzó a rasurarlo con un bisturí sin filo, por lo que le raspó la barriguita y el pobre animalito comenzó a quejarse. Cuando le protesté, el empleado me respondió que no tenía un instrumento mejor.
Pero lo peor para mi gatico fue el ruido insoportable de una puerta rota, que lo amedrentaba y lo ponía nervioso. Trataba de incorporarse y escapar, por lo que hubo que aguantarlo. Nuevamente le reclamé al técnico, pero este replicó que era inevitable que entraran y salieran personas por aquella puerta, y que aguantara a mi gato con más fuerza. Yo le respondí a mi vez que era hora de trabajar, no de conversar boberías -que para eso entraban-.
Hace falta tener buena dosis de humanidad para dedicarse a atender animales. Luego de aquella experiencia, comenté con un amigo la necesidad de leyes efectivas contra
el maltrato animal, y a favor de su protección. Mi amigo, escéptico, me respondió casi con burlona resignación:
"¡Pero hija, si en este país ni nosotros estamos protegidos! ¡Si las personas en Cuba no tenemos derechos, ¿qué derechos van a tener los perros?!"
Para Cuba actualidad,
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Foto: Marcelo López
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