Jorge Luis González Suárez
Dedicada a: Pedro Pablo Oliva, el pintor pinareño.

Cuba Actualidad, Plaza, La Habana, (PD) Un tatuaje es como una obra de arte kitch en movimiento. El soporte lo tiene uno arriba. Es fácil de trasladar. Se expone sin enseñarse. Eso es un defecto: casi nadie lo ve. Quien lo lleva se siente orgulloso de tenerlo. Resulta una contradicción. Así son las personas que lo usan.tatuaje-1

Esta costumbre nació con los homínidos. Algunos querían embellecerse. Otros lo usaron para guerrear. Parece que ambos lograron su objetivo. Trasmitieron su costumbre hasta nuestros días. Legaron un patrón de conducta para muchas personas. Hoy lo llevan los guapos y los pacíficos.

Los marinos fueron precursores en épocas más recientes. Los presidiarios también. Recuerdo los chicles con tatuajes de fantasía. Se llamaban "Popeye". Eran unos papelitos que servían para marcarse. Se borraban con facilidad. Hoy se ha retomado la idea. Queda demostrado que todo vuelve al punto de partida.

Ya este atributo no es propiedad exclusiva de los hombres. Las mujeres no van a la saga. Hace medio siglo era considerado de gente vulgar. Hoy es elegancia, buen gusto. Todo el que puede se hace aunque sea uno. Algunos ya son un museo pictórico ambulante. No tienen parte del cuerpo sin dibujar. Hasta en la niña de los ojos. Tal vez alguien se ha tatuado hasta su región anal. Sería un escándalo.

Las obras pictóricas son variadas. Se hacen al gusto del cliente. El pintor no tiene muchos lauros. Dinero sí. Las novedades siempre cuestan caras. Esta es una de ellas. Tenemos diferentes opciones. Una frase cursi debajo del dibujo es muy común. Parecerá el principio de una novela de "Corín Tellado". Eso no importa si usted está de acuerdo.

Otra variedad extendida son las imágenes religiosas. Los creyentes gustan de ellas. Las figuras abstractas gozan al parecer de preferencia. La ventaja actual es que tienen colores. Hay pigmentos con todas las gamas. La ostentación es en tecnicolor. El desarrollo científico da para esto. La calidad también. Ya existen laboratorios e instrumentos actualizados. Su vida se garantiza.

Un piercing es un pequeño clavo enganchado a la anatomía. Su cabeza es redonda. Son dorados o plateados. El hábito se ha generalizado. Quienes los usan deben sentirse como Jesucristo en la cruz. El mundo ha elevado así la cantidad de cristianos.

Se llevan en el rostro. Es común verlos en las orejas y en cejas, labios y abdomen. He visto algunos en la lengua. Debe ser el símbolo de mantenerse callado. Parecen no proporcionar dolor. El parecido con un cavernícola es asombroso. Recordar a nuestros antecesores parece ser su objetivo. Cada cual que lo haga a su manera.

Los que más los usan son los jóvenes. La novedad añade otros atributos. El corte del cabello es uno de ellos. La imagen dada es la de un indio fuera de la tribu. Eso se considera estar a la moda. Vistos desde lejos son difíciles de identificar. No sabemos si son hombre o mujer. Tampoco esto es ya un problema. La diversidad sexual lo admite todo. El Cenesex lo apoya. Guste o no, es así.

Marchamos a pasos agigantados. Los cánones del atractivo han evolucionado. Considero que involucionan. Mi opinión no cuenta. También fui adolescente. Pienso que mi forma era más discreta. Los mayores también me criticaron. Creían que era demasiado moderno. Eso mismo digo yo en estos instantes. Fui liberal, ahora soy conservador.

Debemos adaptarnos a los cambios sociales. Veamos las cosas con mayor realidad. Tatuajes y piercings forman parte de las transformaciones. Cada cual debe vivir su época. Esta se caracteriza por determinadas extravagancias. ¿Qué vendrá después? Esperemos para ver. La vida no sigue igual.
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Fotos: Iván Sañudo
Tatuajes

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