Tania Díaz Castro

Cuba actualidad, Santa Fe, La Habana, (PD) Hace algún tiempo me referí a Emilio en una de mis crónicas, aficionadas a la chismografía criolla. En aquel momento no sabía que a este anciano de casi ochenta años y vecino de Santa Fe, poblado costero del oeste habanero, sus íntimos le dicen ¨el posadero¨, porque desde su adolescencia trabajó en una posada de la capital.

Aunque en otros países se conoce como posada una especie de hotel que brinda alojamiento y comida al transeúnte cansado, en Cuba tiene otra función. Aquellas famosas posadas que surgieron un poco antes de la República y que como todo, fueron desapareciendo a partir del 1959, con el triunfo de la Revolución, servían para encuentros íntimos entre dos que necesitaran pasar un rato feliz.

Por los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, Emilio trabajó en una posada de la calle Santa Catalina y Canal, en el reparto Santos Suárez, más conocida como ¨la posada de la Coca Cola¨, porque muy cerca quedaba la fábrica de esta bebida.

Emilio recuerda su trabajo con agrado, porque allí ganó buen salario y buenas propinas, e incluso hasta tuvo sus romances inolvidables y misteriosamente fortuitos con mujeres fabulosas que se arrojaron en sus brazos en medio de una noche de tormenta, por despecho o necesidad monetaria.

¨Era una de las más concurridas de La Habana" –me dice. Pero como el resto de las posadas habaneras, fue convertida en albergue para familias que perdieron sus casas por derrumbe. El asilo de dementes que tenía a un costado, ya no existe. Pero Emilio no deja de tener presente ciertos recuerdos, como por ejemplo, cuando los locos de aquel asilo protestaban al escuchar los quejidos de las parejas muy vehementes y nada discretas.

¨Hoy –continúa diciéndome- los tiempos son otros, tiempos que no andan nada bien. Los jóvenes, desesperados, sin el menor pudor del mundo, se bajan los pantalones en cualquier lugar de la noche: lo mismo en una escalera, en los pasillos de un edificio, en el banco de un parque, en los patios traseros de las casas o en plena calle. No tienen cinco cuc para alquilar cuatro paredes donde dar riendas sueltas a sus instintos sexuales, con orden y recato, como Dios manda.

¨Gracias a los particulares, muchas familias, en busca de moneda dura, los cuc, habilitan habitaciones en sus propias casas y las alquilan como posada, dos, tres horas y hasta toda la noche, para los más ardientes. Es una pena, porque se trata de familias decentes, como por ejemplo, las del pequeño poblado habanero de Baracoa, muy famoso ya por la gran cantidad de viviendas particulares donde alquilan habitaciones por horas.

¨Ahora el gobierno se está dando cuenta de los errores cometidos y han renacido los negocios particulares y ojalá, también puedan surgir las pequeñas empresas. Es una oportunidad para que en un futuro se establezcan las posadas a precios populares, como era antes, y no caiga ese tipo de trabajo en el seno de una familia no acostumbrada a esos menesteres. Habría más orden y organización en nuestra sociedad y tanto los jóvenes, como aquellos que ya no lo son, concurran a los lugares idóneos donde aplacar sus ansias de amor."
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