Hugo Araña

Matanzas, 17 de marzo de 2011, (PD) Desde que se anunció que en el próximo VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, el tema a tratar sería la economía del país -con el inciso de posibles reestructuraciones y despidos que ocurrirán en las plantillas laborales en pos de ‘un supuesto ajuste económico’- tiene a muchos sumidos en la incertidumbre.

El temor de quién se mantendrá en su puesto ya se entronizó en algunos lugares del sector turístico, pero a manera de ensayo, no con la intensidad de un huracán Fuerza 4, que inevitablemente arrancará con todas sus fuerzas después que finalice dicho evento partidista.

Esta preocupación mantiene aprensivos a muchos trabajadores. La ansiedad hace de las suyas, con sus secuelas de hipertensiones y estados de ansiedad entre los que quedarán en la calle y sin llavín y que integrarán en el mejor de los casos, el ejército nada salvador de los cuentapropistas permitidos, que comenzaron a hacer presencia en diferentes lugares de la Isla como alternativa de subsistencia.

Pero refiriéndonos a los que no desean sumirse en ese ejército de posibles desocupados, algunos optan por remitirse a santeros, babalaos, espiritistas y cartománticas, en pos de ayudas sobrenaturales, donde espíritus de todo tipo, residentes en el más allá, logran –o eso dicen-, lo que los mortales no somos capaces.

Estas acciones para quien no conozca a los cubanos y su idiosincrasia – que por cierto es tan compleja como sorprendente-, les parecerá mera especulación de quien escribe estas líneas. Sin embargo, tenemos conocimientos de tú a tú, y debido a íntimas confesiones casi transmitidas en medios tonos a manera de top secrets, de que personas que nunca habían visitado esos hogares o templos, ya son fieles asistentes a ellos.

En mi ciudad, Matanzas, pululan los bendecidos con esas facultades supraterrenales. Algunos ya iniciaron los procedimientos y siguen consejos emitidos por el archifamoso ‘Cuco el manquito’, que, en medio de una sesión espiritual, del orisha recibido en su cabeza y del otro que yace en sueño eterno en el cementerio matancero de San Carlos, pronosticó que se hicieran *ciertos trabajos*, en que animales vivos –por cierto bastante caros- eran necesarios.

Junto a esto, una constelación de yerbas ancestrales, buscadas y rebuscadas lo mismo en tiendas abiertas de ese tipo oficializadas hoy en día, o en lugares intrincados donde no existen ni siquiera trillos, les salvará de ser enviados al ejército de desempleados que aumentará sin lugar a dudas a partir del famoso VI Congreso.

Nada, que mis conciudadanos se preparan. Muchos ya están resguardados, y que venga lo que venga. Aunque sea un tsunami comunista, los santos de ‘Cuco el manquito’, los protegen.

Como no hay mejor promoción que el boca a boca, que muy bien pudiera competir con los sistemas de marketing publicitarios internacionales, una vecina mía que no creía ni en los muertos, cada vez que se encuentra con otro u otra que atraviese por lo que ella pasó – apuntamos como detalle interesante, según confesión propia, que vaya a donde vaya, así sea a la bodega a comprar el pan de la cuota, no se despega de de su resguardo -, pues lo anima a que visite el hogar del Manquito.

Debido a la cantidad de personas que tratan de de que no las separen de sus puestos de trabajo, el susodicho ha tenido que dar los turnos vía telefónica, para que las autoridades vigilantes del barrio no crean que allí se reúnen opositores al gobierno, y así librarse de toda sospecha.

A Matanzas, cuna de la cultura yoruba desde el mismísimo siglo XIX, y en la actualidad asiento de santeros, babalaos y adláteres, le ha caído encima un aluvión de personas que desean consultarse y no ha quedado otro remedio que dar turnos para reservación por teléfono. Las cubanas y cubanos, para no quedar cesantes, se empeñan hasta en atrapar algún animal del Precámbrico para los trabajos de santería, y así resolver sus problemas laborales.

Esta afluencia de clientes en las casas de los santeros es muy seguro que después de dicho Congreso aumentará en cantidades nunca vistas. Los santeros, babalaos, espiritistas y cartománticas, tendrán que auxiliarse sin lugar a dudas de una bella secretaria con una sonrisa Colgate enviada en un tubo gigante desde USA por algún familiar que viva por allá y de seguro hija de Oshún, para atender a la deprimida clientela.

Sin contar que otros, a quienes no convencen estos trajines de espíritus y sus decisiones, optarán por el contrabando de lo que sea, viajar hasta el Ecuador –como se ha puesto de moda-, y regresar con maletines parecidos a balines ultrasónicos, y emprender ventas de ropas que aquí en Cuba ni las shoppings ofertan. Por supuesto, todo camuflado en inocentes javitas de nailon como quién no quiere las cosas.

Por aquí o por allá, el problema está en el ambiente. Sin adivinarse cuándo durará, el sálvese el que pueda es el plato del día para averiguar quién se queda en sus puestos de trabajo y quién no. Estos últimos, de seguro y por consejo de alguien, acudirán no sólo a Cuco el manquito, sino a cualquiera que profese religiones o adivinadores, o en el mejor de los casos y con menos costo, a las cartas esotéricas. Todo para saber cuál va a ser su futuro o engrandecer un mercado, donde por supuesto, no faltarán calzoncillos SENATORS, o sofisticados bloomers de Andrea Poré, en un 2011 tan deprimente como desequilibrado. ¡Fó!
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