Julio Antonio Aleaga Pesant

diplomacia-ciudadanaCuba actualidad, El Vedado, La Habana, (PD) Poco a poco regresan algunos de los primeros activistas que tuvieron la oportunidad de cruzar el mar, patrocinados o invitados, por organizaciones o personalidades del "mundo exterior".

Digo algunos, porque se debe recordar que al amparo de su derecho inalienable, hay amigos y amigas que aprovecharon la oportunidad para quedarse "allá", y otros, hasta pidieron refugio político.

Estos compatriotas pasaron en muy poco tiempo de ser activistas prodemocráticos en Cuba a ser los últimos emigrantes económicos en el vecino del norte. Lo peor, es que dejaron al garete proyectos de los que eran responsables o por lo menos, la cara visible. Me refiero específicamente al proyecto editorial Voces, y al Movimiento Cristiano Liberación.

Esa tarde-noche hubo anécdotas simpáticas, reflexiones profundas, preguntas agudas y hasta alguna que otra necedad vanidosa del isleño que al cruzar el mar, cree haber cruzado, como Julio Cesar, el Rubicón. Pero lo importante es que el encuentro aclaró, en silencio, la insuficiencia de dejar la política exterior de la oposición democrática en manos de otros, y nuevamente su falta de institucionalidad.Estas reflexiones vienen a tono tras el encuentro informal en casa de Reinaldo Escobar y Yoani Sánchez, el pasado 28 de junio. Allí se encontraron de buena gana, los asiduos a estas reuniones libertarias. Políticos, artistas, periodistas independientes, blogueros, fotógrafos, estudiantes universitarios, abogados, pastores cristianos y hasta algún que otro diplomático, reunidos en torno a un tema y entremezclados los que regresaban y los que no salieron.

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No se justificaron las expectativas porque que un puñado de valientes salga al exterior a contar su verdad, no es suficiente para establecer con claridad qué pasó y qué va a pasar, ni establecerá los lazos que permitan presionar a nuestra medida a la dictadura militar. La llamada diplomacia ciudadana puede no ser exactamente así en nuestro caso específico. Nuestros viajeros, en este caso y salvo excepciones, solo compitieron con el Tío Matt el viajero, el personaje de la simpática Fraggel Rock, en cuanto a eso de salir al mundo exterior.

A diferencia de Matt, un aventurero con fondos propios, nuestros conciudadanos salieron al exterior por la graciosa decisión de personas desconocidas (¿?), que ordenaron la agenda de sus invitados. Y más importante aún, establecieron la agenda exterior de la oposición democrática en la isla. Pero además, instauraron distancias y primigenias difíciles de conciliar, en un archipiélago marcado por miserias y carencias antologadas en la pirámide de las necesidades de Maslow.

Los patrocinadores de los desplazamientos pusieron una vez más al descubierto que la falta de fondos de la oposición democrática dentro de Cuba hace del ninguneo no una triste pagina de nuestra realidad, sino un tímido decálogo de nuestra vergüenza.

Entre las lagunas imperdonables de los deslumbrados está que la mayoría no mostró una estrategia lógica y visible de cómo después del regreso se abrirán nuevas puertas en esos países para nuestra transición. Dejar atrás la queja lastimosa para dar paso al trabajo conjunto: lo que necesitamos para construir una diplomacia ciudadana real.

Libretazos, discursos fuera de lugar, disparates ante la prensa internacional, ministros y políticos de primer nivel en escenarios ajenos, son anécdotas que por cierto los presentes obviaron a favor de la armonía en la reunión, pero penden como Espada de Damocles, sobre la conciencia de los presentes. Eso también fue parte del recorrido de nuestros ilustres amigos y si queremos aprender no podemos pasar por alto nuestros errores.

Lo más cercano que pudiéramos hacer para realizar una diplomacia alternativa a la dictadura militar sería usar la "paradiplomacia", ese neologismo que recuerda que los actores de la sociedad civil también pueden tomar las riendas de las relaciones internacionales. Este fenómeno propio de la postmodernidad y donde los actores no estatales desempeñan un papel cada vez más significativo, debe ser nuestra ruta. Pero para llegar allí, primero hay que fortalecer nuestras instituciones prodemocráticas.
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Foto: Joisy García


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