Sagua la Grande, Villa Clara, 16 de enero de 1977. Graduado del Curso de Capacitación a Periodistas de la Universidad de la Florida.
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En los años 60 se enardecía a las masas y conscientemente se les trasmitía el odio hacia “el Norte revuelto y brutal”. Cualquier cubano (escoria, gusano, apátrida y todo cuanto sobrenombre al Máximo Líder se le ocurriera) sospechoso de “colaborar con el enemigo yanqui” podía ir a parar a la cárcel o al paredón.
Ya no es lo mismo. Desde hace tiempo, los cubanos ven como los gusanos que emigraron son dueños de la isla cada vez que vienen de visita. Hacen y comen lo que los “sacrificados” que se quedaron y que aun piensan que el comunismo cubano tiene arreglo, no pueden hacer ni comer.
Así mismo será si el congreso estadounidense aprueba el levantamiento de la prohibición de viajar a Cuba: “los yumas” harán lo que quieran, mientras los cubanos de a pie se preguntarán cuándo, cómo y por qué fue que desapareció la fobia anti-yanqui.
La invasión yanqui de la que tanto hablaron está por llegar, solo que esta vez será bienvenida. Los dólares americanos hacen falta a los bolsillos verde olivo. Si a los norteamericanos no les permiten venir, ahora que el Comandante regresó, de seguro convocará una marcha combatiente para reclamar libertad para el pueblo americano. Será algo así como el pataleo que armó en el año 2003 cuando el ex presidente Bush restringió los viajes y remesas de los cubanos que se fueron, con lo bien que venía el dinerito de los apátridas.
Lo cierto es que si se trata de coger verdes fulas, su procedencia y la gente que lo trae, no es problema alguno para la dictadura. En lo que el régimen reza para que permitan los viajes, el pueblo se prepara para defenderse de la nueva invasión que está por venir. Luego de 50 años, por fin vamos a ver como son los yanquis y qué intenciones traen. Aunque eso no importa mucho, siempre que traigan bastantes dólares.