Parte del interés que tiene todo ese contenido para quienes lo leemos en Cuba estriba en que durante poco más de 15 años, entre 1960 y 1977, el contacto entre ambas comunidades cubanas estuvo sumamente restringido, así que todo lo que nos cuenten es poco.
En realidad, los cubanos que vivimos en Cuba no somos los lectores a quienes va dirigido el libro, pero podemos colarnos en su fiesta y disfrutarlo acaso aún más. Como reza el refrán, “la cuestión no es estar invitado, sino llegar a tiempo.”
En algún momento de los años 50, los capítulos del serial televisivo I Love Lucy fueron reproducidos por uno de los canales habaneros y transcurrieron sin penas ni glorias, excepto el hecho, que nos enorgullecía, de que el actor masculino fuese un cubano. Nadie los vio con ojos históricos, sencillamente porque la TV se miraba para divertirse. Hoy, han cobrado dimensiones de reliquia y pueden desprenderse de sus tramas consideraciones sociológicas, como hace aquí Pérez Firmat, sin perder nunca la gracia ni la fluidez.
Estoy pensando ahora en otro serial de televisión, ¿What happens, USA?, del cual he podido ver algunos episodios durante mis visitas a Miami. Es un serial interpretado por actores cubanos viejos y jóvenes, que nos cuenta las incidencias de una familia cubana radicada en Miami o Hialeah desde el arribo de los abuelos después de la llegada de Fidel Castro al poder. Empleando la casa familiar como espacio, igual que Lucy y que otros humorísticos de la vieja TV cubana, tan al día en su momento, como “Mi Familia” o “Mi Esposo Favorito” (un evidente pastiche), desplegaban los avatares del núcleo familiar trasplantado de Cuba hacia los Estados Unidos, puestos en vilo, entre la resistencia y la disposición al cambio, que es justo el tema de este libro, allí más a la ligera. Un acierto de sus guionistas es la inclusión del bilingüismo a lo cubano.
Tampoco hay referencias al contexto del deporte profesional, es decir el boxeo y el beisbol, territorios que han sido muy bien explorados, sobre todo el beisbol, tanto por Roberto Echevarría como por Louis A. Pérez en su magnífico “On Becoming Cubans”.
Salta a la vista que en la memoria de ambas comunidades cubanas ha funcionado la política como un eje filoso. Allí, las figuras de Benny Moré y de Ignacio Villa (Bola de Nieve) apenas se mencionan; aquí se han ignorado a la cubanísima Celia Cruz y sólo actualmente vuelven a gozar de presencia radial Blanca Rosa Gil y La Lupe. Cantantes como Maggie Carlés, Annia Linares o Mirta Medina permanecen estigmatizadas.
Más de medio siglo después, se sabe que la comunidad cubano-americana llegó a los Estados Unidos para quedarse y que ni siquiera después de una transición que normalizase las relaciones entre ambos países es previsible un retorno numeroso. Cuando esto suceda, podremos ver con nitidez un paisaje diferente después de la batalla.
Habrá una fuerte minoría cubano-americana, capaz de incrementar su presencia en todos los contextos de la sociedad norteamericana tan pronto se vea respaldada no ya por un estado o grupo social, sino por todo un país, que por fuerza dejará de marchar a contramano de sus intereses. Aquí no va a disolverse el apetito de irse, desgraciadamente alimentado por la miseria totalitaria, pero tampoco será lo mismo, sino algo menos tenso y traumático, tanto para las personas como para la sociedad.
Ojalá estemos vivos cuando esa nueva Cuba eche a andar. Mientras, libros como este de Gustavo Pérez-Firmat aportan no pocos elementos para comprenderla y construirla.
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