Periodista independiente y escritor, reside en La Habana Vieja. ramon597@correodecuba.cu 

La Habana Vieja, La Habana, 23 de setiembre de 2010, (PD) Juan Clemente Zenea era amigo del impresor y periodista Eduardo Facciolo Alba, que en junio de 1852, asociado a Juan Bellido de Luna, inició la publicación de un periódico clandestino: La Voz del Pueblo Cubano: órgano de la independencia. Cuando estaba listo para entrar en prensa el cuarto numero, fue denunciado. Reducido a prisión, se le siguió un proceso sumarísimo y fue ajusticiado el 28 de septiembre de 1852.
Tuve la idea de querer saber si el diario Granma: Órgano del Partido Comunista de Cuba, se hacía eco de este acontecimiento histórico. Pero Granma no dedicó ni una línea al aniversario de la ejecución de este habanero nacido en el ultramarino pueblo de Regla. Ni siquiera fue reseñado en la última página que en su parte superior derecha tiene la sección fija "Hoy en la Historia", donde, de un modo telegráfico, se anotan los hechos históricos nacionales e internacionales de relevancia, y dignos de ser recordados.
La muerte ha sido y siempre será uno de los acontecimientos ante el cual los seres humanos, desde el más humilde hasta el más encumbrado, inclinarán la cabeza en señal de respeto. 
El tipógrafo Eduardo Facciolo Alba ha sido el primer periodista cubano que ha subido al patíbulo por el delito de defender la santa causa de la libertad de prensa. El pueblo de Regla lo honra con el nombre de una de sus calles, y en la fachada de la única casa que tuvo en vida se lee en una tarja:
Sabed
que nació aquí
Eduardo Facciolo y Alba
el 7 de Febrero de 1829.
Mártir de 1852.
Homenaje del Ayuntamiento
Octubre 13 1929
Cierta prensa norteamericana de la época tildó al pueblo cubano de pusilánime y sin bríos para conquistar su libertad política. Para desmentir semejante cotilleo nada fue más decisivo que la publicación y reparto, en plena capital de la colonia, de una hoja volante que reflejara la libre opinión de los cubanos.
El 13 de junio de 1852, Facciolo entregaba los primeros mil ejemplares del primer papel subversivo estampado en la Isla. Fue el primer periodista independiente que recoge la historia y la primera entrega de este tipo de trabajo. Ante este hecho sin precedente la ciudad estuvo tan alarmada y sobrecogida, que tal parecía que a la Isla había llegado una epidemia de cólera. El Diario de la Marina la emprendió contra los "atrevidos". Pero los cubanos aprendieron rápidamente a darse gusto con la hoja subversiva que se imprimía sin permiso de la censura colonial.
Con la salida del primer número las autoridades españolas enloquecieron en los intentos por averiguar dónde se ocultaba la imprenta y los ejempla
res de la prensa clandestina. Cuenta la Historia que Facciolo lo ocultaba en un carruaje fúnebre con el que se paseaba por las calles de La Habana.
-¡Que vergüenza! ¡Que se dirá de mí en España! - exclamaba el capitán general Valentín Cañedo Miranda, gobernador colonial que amenazó con fusilar a media ciudad y a la policía por delante, si no se descubría la imprenta clandestina.
A Facciolo finalmente lo atraparon por una delación, y lo encerraron en el Castillo de la Punta. Entonces fue sometido a consejo de guerra por un tribunal que lo sancionó a muerte. La sentencia fue ejecutada en garrote vil. El asesinato tuvo lugar un 28 de septiembre de 1852.
Refiere el novelista cubano Cirilo Villaverde, en el capítulo Vlll, de la primera parte de la novela "Cecilia Valdés", donde de pasada menciona la muerte de Facciolo, la fama ganada por la justicia española de aquellos tiempos. Como hacen en la actualidad las autoridades en Cuba, eran capaces de llevar su saña hasta el sepulcro de los condenados. Una vez que el supuesto criminal era ejecutado, el cadáver no se entregaba a los familiares. Para tal efecto existía una institución religiosa conocida como los hermanos de la Caridad y de la Fe, compuesta exclusivamente de gente negra "que se ocupaba de asistir a los enfermos y moribundos y enterrar a los muertos, principalmente los cadáveres de los ajusticiados".
En la calle Eduardo Facciolo número 167, esquina Maceo, perteneciente al municipio de Regla, aún perdura la casa del mártir por la libertad de expresión. Más que una simple casa colonial de principios de siglo XlX, es un monumento que todo visitante debiera reverenciar. Sin duda razonable alguna, estamos en presencia de un héroe de la libertad de prensa, uno de veras.
ramon597@correodecuba.cu