Centro Habana, La Habana, 24 de septiembre de 2010 (PD) Aunque no me gusta la música de Silvio Rodríguez, mi esposa me pidió que la acompañase al concierto del cantautor en el teatro “Lázaro Peña” el pasado día 10 de septiembre.

Con la presencia del embajador de Chile, Rolando Drago Rodríguez, el espectáculo fue dedicado a esa nación por su bicentenario. Tan acostumbrados como estamos a mezclar la política en todos los eventos de cualquier índole, esta no fue la excepción. Y mucho menos con Silvio, que de un tiempo a esta parte trata de incursionar como político.
No faltó la canción a los cincos espías presos en Estados Unidos. Dice Silvio que siempre dedica una letra a los llamados cinco héroes en cualquier lugar que dé un concierto. Lo hizo incluso en las ciudades norteamericanas donde cantó. Sin darse cuenta, el trovador dejó ver que la democracia existe en todos lados menos en Cuba. ¿Por qué el gobierno cubano no permite cantar en la isla a Willy Chirino o Gloria Estefan? Ciertamente Silvio debería abogar por ello. Pero dudo que el régimen que tanto defiende lo escuche.

El concierto no tuvo nada de espectacular. Incluso mucha gente se sintió engañada porque las entradas las compraron los primeros días para ver de cerca al cantante pero fueron enviados a lo ultimo del teatro.

Hace unos días, el cantautor, que no se cansa de meter la pata en el terreno político o simplemente quiere ser la versión cubana del gladiador y dar una imagen de Gran Recuperador (que no reparador) de la revolución, escribió en su blog ´´Segunda Cita´´ que aboga por revertir ´´los errores´´, ´´autoritarismos´´ y ´´voluntarismos´´ de la revolución.

¿Qué le pasa a Silvio? ¿Será que como sus jefes se mofa del pueblo? Es vergonzoso ver un cantante de la talla de Silvio Rodríguez, con su talento e inteligencia, hacer ese tipo de declaraciones. Por suerte no está en mi lista de favoritos, porque sería mucha mi decepción.

En las afueras del teatro, minutos antes de que empezara la función, varios niños de la zona, vestidos con harapos, se paseaban en sus carriolas hechas a mano. Pero Silvio pasó por alto la pobreza de los infantes que jugaban a sólo 100 metros de donde entonaba sus alabanzas al régimen que trajo la mayor de las desgracias a Cuba y que ahora pretende arreglar.

Seguro que tampoco conocía que las pobres mujeres que vendían las entradas permanecieron varias horas sin probar bocado alguno. A la dirección del teatro y a Silvio le importaban más sus ganancias que los tristes y sonantes estómagos de dos mujeres de la tercera edad que casi llegaban a la cuarta.

El público, a veces calmado, otras adormecido por lo aburrido del concierto, trató de animarse. Muchas veces, sin llegar a conocer la canción, ya aplaudían. Apenas conocían tres o cuatro de las canciones que cantó Silvio, y es que el muchachón se tornó pedante con las canciones de su último disco.

Gracias a Dios que nos encontrábamos a 20 metros de la salida. En cuanto terminó la odisea de oír a una persona non grata para mi, eché a correr para respirar aire puro.
Prometo no acudir a otro concierto de Silvio. Que me perdone mi esposa que es una de sus fans, pero no sé qué pueda hacer si a él le da por convidarme a tanta mierda.