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RICARDO BOFILL, EL GIGANTE
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Tania Díaz Castro
Periodista independiente. vlamagre@yahoo.com 
Por Tania Díaz Castro
Publicado el 30/09/2010
 

Santa Fe, La Habana, 30 de septiembre de 2010 (PD) Cuando se marchó de mi casa de Centro Habana, en Lealtad 365, anochecía. Me volví a sentar en mi butaca, como ida de este mundo. La visita de aquél hombre, sobre todo el contenido de sus palabras, su manera vehemente de expresarlas, fueron como si violentas ráfagas de viento hubieran levantado en peso todo lo malo que me rodeaba. Me sentí distinta. Libre. Una alegría desconocida daba brincos en mi corazón.

Santa Fe, La Habana, 30 de septiembre de 2010 (PD) Cuando se marchó de mi casa de Centro Habana, en Lealtad 365, anochecía. Me volví a sentar en mi butaca, como ida de este mundo. La visita de aquél hombre, sobre todo el contenido de sus palabras, su manera vehemente de expresarlas, fueron como si violentas ráfagas de viento hubieran levantado en peso todo lo malo que me rodeaba. Me sentí distinta. Libre. Una alegría desconocida daba brincos en mi corazón.

A partir de aquel día aprendí a ahuyentar el miedo, ese que se posa en el hombro como un pájaro negro que se alimenta de presas.

A los pocos días, lo llamé Gigante. ¿No es gigante un hombre que anda en solitario, a pie con sus zapatos rotos, sus ropas desteñidas, sin un arma para defenderse, gritando los derechos humanos en medio de una dictadura totalitaria de izquierda y un pueblo temeroso?

Cuando supo que lo llamaba así, no le gustó. Era demasiado humilde para aceptarlo.
Tampoco cuando más tarde el periodista Carlos Quintela, ya fallecido, le dijo: “Le ganaste, Ricardo, le ganaste”, en referencia a que había descubierto que el tema de los Derechos Humanos y su forma organizativa sí servían para golpear a la dictadura castrista. Sonrojado, y hasta molesto de tanto elogio, respondió enérgico: “Eso es pueril, soy simplemente un activista de los Derechos Humanos”.

Aquel activista, junto a tres amigos, había fundado el Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH) el 28 de enero de 1976, en los mismos momentos en que el régimen eliminaba nuestra Constitución, una de las más progresistas de la época y se construían muchas cárceles más para presos políticos.

Luego, el bregar de Bofill no fue nada fácil. Sufrió años de prisión, ostracismo, amenazas, difamaciones por parte del gobierno. A todo se reponía en cada amanecer. Siempre entre fieles seguidores, se convirtió en el hombre que, conciente de lo que hacía -en la URSS ya habían surgido en 1975 las primeras organizaciones defensoras de los derechos humanos-, impulsa en Cuba un movimiento que no ha dejado de existir ni de crecer, pese a las medidas represivas de Fidel Castro, negado a aceptar opositores que luchan por la democracia, porque en la isla se cumplan los artículos de la Carta Universal de la ONU.

Bofill inauguró un sistema que resultó ser la idea embrionaria para lo que hoy es el pujante movimiento de periodistas independientes. Como en el Comité se contaba con la presencia de periodistas profesionales, se comenzó a redactar notas con las denuncias de las violaciones a los derechos humanos, que eran entregadas en las embajadas de países democráticos acreditadas en Cuba y a la prensa internacional acreditada. Las notas fueron redactadas entre otros por Reinaldo Bragado Bretaña, Rolando Cartaya y quien suscribe. Más adelante, Bofill impulsó la realización de la primera conferencia de prensa, que fuera radiada desde Radio Martí hacia la Isla.

La trayectoria de trabajo del CCPDH, que aún preside en el exilio Ricardo Bofill, es larga y fecunda. Muy intensa durante 1988. Ese año, puede decirse sin lugar a dudas, se abrió una extraña e inusual abertura en la dictadura cubana, una fisura, como alguien bien expresara, por la cual se podría ver la luz.

Se había derribado, como el de Berlín, el muro del silencio, de la intolerancia, del desprecio a los que piensan distinto al amo, de los que luchan por el pleno respeto a la libertad.

Aquel hombre de mediana estatura, frágil de cuerpo, inquieto, con sus cabellos revueltos, apasionado, había transformado no sólo la vida de aquellos trece amigos que lo secundaron en su arriesgado y titánico trabajo, sino además, a una buena cantidad de pueblo que aprendió a conocer sus derechos y cómo luchar pacíficamente por lograrlos.

Aquel pequeño Comité de Bofill hoy suma más de veinte mil activistas en la isla, con nombres y apellidos, integrados en decenas de organizaciones cívicas, políticas y profesionales, entre los que se cuentan periodistas independientes. No hay cárcel para tantos. Los objetivos son los mismos. Las repercusiones, mayores. El Movimiento de Derechos Humanos de Cuba es una fiera sin domador. Haber logrado eso fue la tarea de un gigante. Ricardo Bofill Pagés, es sin lugar a dudas un héroe de todas las libertades y también de la libertad de prensa.
vlamagre@yahoo.com