
La Víbora, Ciudad Habana, 7 de Octubre de 2010, (PD) ¿Qué pudiera decirme sobre el trabajo de la Asociación Jurídica Cubana en estos dos años? Es la pregunta que escucho a las seis y cuarto de la mañana de hoy en voz de un periodista que ha querido tener la primicia. Por un momento pienso en decirle que si no le parece muy temprano, pero no tardo en recapacitar. Después de todo, el periodismo…es el periodismo.
Posteriormente y casi de continuo recibo llamadas, sobre todo después de “twitear” la noticia. En unos casos, son amigos, en otros, personas a las que hemos tratado de ayudar. En general, lo que recibimos son felicitaciones, porque hoy se cumplen dos años de la fundación de nuestra Asociación.
En especial recuerdo cuando comenzamos: éramos solamente cuatro abogados, tres mujeres y el que suscribe. Acordamos y precisamos algunos detalles y empezamos a trabajar sin imaginar siquiera que todo lo que supusimos al principio quedaría pequeño ante lo que más tarde fue la realidad.
Han sido dos años en los que, al menos para mí, lo más significativo fue poder conocer de cerca los problemas de todo tipo que tiene nuestra gente, las vicisitudes que sufre nuestra población, lo terrible que significa la ausencia de un Estado de Derecho, la corrupción que lo penetra todo (o casi todo) hasta los lugares donde uno espera encontrar probidad y respeto irrestricto a la ley.
¿Qué no hemos visto en estos dos años de duro bregar? Prácticamente todo: desalojos que ya creíamos enterrados (porque eso se nos repitió hasta el cansancio) en épocas pasadas, y que no han cambiado en su esencia, pero sí en su nombre porque ahora se les denominan “extracciones”.

Situaciones en que llegamos a la conclusión de que el sacrosanto “resultando probado” de los tribunales brilla por su ausencia, cual el caso de Yamil Domínguez, corroborado dos años más tarde por la propia dirección del Ministerio de Justicia sólo luego de una ardua lucha nuestra, del propio recluso que se declara en huelga de hambre casi hasta morir, y de mucha gente de la sociedad civil que colaboraron a brazo partido porque se restituyera la justicia en una causa que era cualquier cosa menos eso: justicia.
Decenas de casos arbitrarios (porque en Derecho lo arbitrario es lo que no tiene como soporte ley alguna sino solamente la veleidosa voluntad de los que pueden convertirla en órdenes que se ejecutan) en que se niega a ciudadanos que no tienen conculcados sus derechos civiles o políticos su libre salida y entrada al país en una aplicación del poder político que más que poder refleja miedo.
Centenares de acciones de los supuestos agentes del orden, que muchas veces son del desorden pues al no tener la menor noción de lo establecido por las leyes penales o de procedimiento, sencillamente se comportan más como agentes de lo segundo que de lo primero.
Y así pudiéramos seguir con todo lo que hemos podido conocer en este tiempo hasta el cansancio.
Pero de todo lo anterior, lo que más choca a los letrados de la Asociación, que por suerte ya no son los “cuatro gatos” iniciales, es la reticencia que desde el inicio mostraron los uniformados (y los que no usan uniforme) por los cursos breves de enseñanza de algunos elementos de derecho constitucional, penal y procesal que la AJC ha impartido a las personas que han querido darlos. Ha sido totalmente ostensible que es precisamente este punto el que más ha molestado siempre a las autoridades en cuanto a nuestro trabajo, cosa que parece incongruente porque la lógica más elemental indica que debieran ser ellos precisamente los que más apoyaran esta tarea en pro de la ley y el orden.
También resulta interesante constatar el hecho de que, en nuestros esfuerzos por lograr ser una organización dentro del Registro de Asociaciones del MINJUS, nunca se nos haya preguntado, por parte de los funcionarios del Tribunal Provincial de Ciudad Habana, sobre los propósitos que persigue la AJC en su trabajo dentro de la sociedad civil.
El conocimiento elemental de la Constitución y el Derecho nacionales, la asesoría a los ciudadanos simples para que puedan defenderse de los poderosos en un país donde el jefe del Estado reconoce que nadie obedece la ley, la posibilidad de que todos conozcan el contenido de los Pactos de los Derechos Civiles y Políticos de la ONU y del de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, ambos de Derechos Humanos de la ONU, y otros relacionados con la profesión de abogado, …no parecen ser gratos a mucha gente en Cuba.
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Foto: Ana Torricella