Campamento Tarea, San Agustín. Matanzas, 14 de octubre de 2010, (PD) Al hilvanar los toques de esta denuncia, uno de mis compañeros de cautiverio comentó: “¿Leíste la carta firmada por G.N. Blanco Pérez, publicada a dos columnas por Granma (periódico oficial del partido Comunista) el viernes 17 de septiembre con el título La tendencia del para qué quejarse? Ya es una costumbre en nuestro país decir que aquí nada cambia, a nadie le interesa nada. Las cosas siempre siguen mal a la vista de los dirigentes, jefes, y de todo el mundo.”

Su planteamiento refuerza lo que él trata de denunciar. Es real que en Cuba enseñorea un gigantesco mal de fondo. Veamos.

En los murales del campamento “Confianza” de San Agustín, en Ceiba Mocha, Matanzas, se publica que está prohibido formular quejas a dirigentes políticos y administrativos, miembros del MININT (Ministerio del Interior) o a otras personas que visiten los lugares de internamientos. Esa prohibición viola el artículo 63 de la actual Carta Magna de nuestro país. Pero, ay del preso que se ponga a protestar.

Existen muchas variantes de ese mal de fondo. Un periodista del semanario matancero Girón, que atiende la Sección Apartado 1433, el martes 21 de septiembre me respondió por teléfono que a las cartas que la población envía a la mencionada sección, formulando denuncias sobre las instituciones armadas, es decir, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el MININT, el periódico no les podía dar curso porque disposiciones gubernamentales lo impedían.

Ante ese panorama, no es nada extraño que se haya hecho costumbre la manifestación ciudadana de: “¿Para qué hablar, si nada se va a resolver?”.
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