Managua, La Habana, 14 de octubre de 2010, (PD) El pasado 16 de agosto, en un acto inédito, un grupo de opositores cubanos subieron la escalinata de la Universidad de la Habana y frente a los brazos abiertos de la estatua de la Alma Mater, símbolo supremo de ese alto centro de estudios, expresaron públicamente su desacuerdo con el gobierno.
A Sara Marta Fonseca Quevedo, Secretaria Ejecutiva del Partido Pro Derechos Humanos, una de las participantes de esa protesta cívica, le pregunto cómo hicieron posible ese acto público contestatario, con tanto que teme el gobierno que los grupos de la oposición tomen las calles.
“Esa actividad la planeamos un grupo grande de opositores, había activistas del Movimiento Pedro Luís Boitel y del Partido Pro Derechos Humanos. Nos reunimos unos días antes y preparamos el comunicado que pretendíamos leer ese día. Estábamos muy vigilados, por eso acordamos participar solo cinco activistas. Yo saldría normalmente de mi casa y los otros dos jóvenes, Eduardo Pérez Flores y Luís Enrique Labrador Días, del Boitel, con dos activistas más de La Lisa formamos el grupo, ya que en esa parte donde ellos viven la vigilancia era menor.” Dijo e hizo una pausa y miró al mayor de sus dos hijos, un joven de 18 años, que le acompañó durante todo el tiempo que duró la entrevista.
“Acordamos que sería a las nueve de la mañana. Preparamos unos carteles para desplegarlos allí. ¡Los tomamos por sorpresa! –cuenta y sonríe- Yo llegué sola, nos encontramos en el edificio de enfrente, eran las 9 menos cinco. Ahí estaban los activistas que se sumaron: Michel Rodríguez Luís y Jordanis Martínez Carvajal.
“Todo fue muy rápido. Salimos caminando muy decididos, subimos toda la escalinata nos paramos frente al Alma Mater. Había varios extranjeros que tomaron fotos y videos. Leímos el comunicado que exhortaba a la juventud y al pueblo cubano a hacer algo por la libertad. Una de las cosas que decía era que la Universidad no tiene color político o ideológico”.

“Cuando terminamos de leer el comunicado- dijo y en ese instante habló un poquito más alto- desplegamos los carteles y gritamos las frases antigubernamentales. En eso llegan los custodios de la universidad y algunos estudiantes que estaban muy agresivos. Nos empujaron, nos arrancaron los carteles. Cuando se percataron que había personas con cámaras firmando todo eso, entonces se aguantaron”.
Detiene por segundos la narración y toca el tirante de su blusa de color negro. Hace varios años que sólo viste de ese color: “Bajamos la escalinata. Cuando íbamos llegando al final, venía uno de la Seguridad del Estado, de la Sección 21, pero no le dimos tiempo ni a sacar el carné. Seguimos hasta llegar a la calle 23. Allí cogimos el ómnibus. Varios miembros de la policía política nos seguían. Se subieron también al ómnibus y empezaron a ofendernos. Entonces nosotros ripostamos con frases antigubernamentales.
Hubo algunas que les dolieron mucho –afirma, y las repite: ¡Abajo los Castro! y ¡las calles son del pueblo! Las personas que venían dentro del ómnibus nos apoyaron. Había dos jóvenes, como entre 15 y 16 años, que se volvieron como locos de contento; ellos vieron como que ya era el fin de la dictadura y gritaron junto con nosotros”.
“Pero -rememora-, cuando los miembros de la Seguridad del Estado que venían dentro del ómnibus lo paran frente a la Dirección Nacional de la PNR (Policía Nacional Revolucionaria), en Tulipán y Boyeros, que las personas vieron que la policía rodeó la guagua, ya todo el mundo se calló. Se enfrió un poco la chispa, pero yo sé que en cualquier momento se prende y no se apaga más, porque el pueblo está cansado.”
Sara Marta, de 40 años de edad, reside en el reparto Río Verde, en Boyeros, Ciudad Habana. Al final de su relato nos habla del propósito que persiguen estas actividades que varios grupos oposicionistas se han propuesto: “El objetivo de nosotros con las actividades en las calles es buscar la manera de que el pueblo pierda el temor, el miedo con que vive y se nos una y sea el fin del gobierno. Porque queremos cambios que vengan por el pueblo no cambios sensacionales que vengan por el Estado, porque si vamos a seguir en lo mismo, no vamos a ser libres nunca.”
Y acota: “Por eso siempre que podemos, no importa si somos dos, si somos tres o cinco como aquel día, hacemos una actividad en la calle. Porque nuestro objetivo no es que seamos muchos opositores los que estemos en la actividad, sino que se nos una el pueblo.”
Esta madre, que viste de negro porque dice estar de luto por la patria, como en su momento lo hizo el Apóstol de la Independencia José Martí, fue liberada al igual que sus compañeros, tras varios días de detención. No sin la promesa, según recordó, por parte de la policía política de condenarla a 20 años de cárcel.
amarilisrey@yahoo.com
Foto: Amarilis C. Rey
Sara Martha Fonseca Quevedo con su hijo.