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COMÚN DENOMINADOR
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Odelin Alfonso Torna
Periodista independiente. odelinalfonso@yahoo.com 
Por Odelin Alfonso Torna
Publicado el 14/10/2010
 
Arroyo Naranjo, La Habana, octubre 14 de 2010, (PD) Juraría que más del 90 % de la población cubana no sabe, o no le interesa saber, que se definirá cuando el Consejo de la Unión Europea se reúna a finales de este mes para evaluar la Posición Común hacia Cuba. Ni siquiera creo que los más atinados salgan medio mojados del baño o con el plato de arroz con frijoles en la mano para sentarse frente a la tele y escuchar la versión oficial acerca de si la sanción se valida o no en el escrutinio de los eurodiputados.

Imagino los titulares en la prensa oficial una vez que persista entre los estados miembros de la Unión Europea ese objetivo común de promover la transición política y el respeto de los derechos más elementales en Cuba. Obviamente dirán los voceros del gobierno de la isla que tras la cortina del guiñol europeo se mueven los titiriteros del clan Obama, también que la derecha española le puso todo tipo de traspié al empecinamiento del canciller Miguel Ángel Moratinos y su yunta de colonizadores del siglo XXI.

Sucede que desde que el bloque europeo definió su Posición Común respecto a Cuba en 1996, dentro de sus objetivos básicos no se contemplaba el destierro de prisioneros políticos y de conciencia, algo que Moratinos aún no tiene muy claro.

El proceso de excarcelaciones en Cuba, promovido por la cancillería española y la Iglesia Católica cubana, no lleva implícito el compromiso castrista de correr la página de las golpizas, los encarcelamientos y los actos de repudio por motivos de conciencia.

Arroyo Naranjo, La Habana, octubre 14 de 2010, (PD) Juraría que más del 90 % de la población cubana no sabe, o no le interesa saber, que se definirá cuando el Consejo de la Unión Europea se reúna a finales de este mes para evaluar la Posición Común hacia Cuba. Ni siquiera creo que los más atinados salgan medio mojados del baño o con el plato de arroz con frijoles en la mano para sentarse frente a la tele y escuchar la versión oficial acerca de si la sanción se valida o no en el escrutinio de los eurodiputados.

Imagino los titulares en la prensa oficial una vez que persista entre los estados miembros de la Unión Europea ese objetivo común de promover la transición política y el respeto de los derechos más elementales en Cuba. Obviamente dirán los voceros del gobierno de la isla que tras la cortina del guiñol europeo se mueven los titiriteros del clan Obama, también que la derecha española le puso todo tipo de traspié al empecinamiento del canciller Miguel Ángel Moratinos y su yunta de colonizadores del siglo XXI.

Sucede que desde que el bloque europeo definió su Posición Común respecto a Cuba en 1996, dentro de sus objetivos básicos no se contemplaba el destierro de prisioneros políticos y de conciencia, algo que Moratinos aún no tiene muy claro.

El proceso de excarcelaciones en Cuba, promovido por la cancillería española y la Iglesia Católica cubana, no lleva implícito el compromiso castrista de correr la página de las golpizas, los encarcelamientos y los actos de repudio por motivos de conciencia.

Expatriar a disidentes encarcelados no significa tolerancia para los que quedan dentro de Cuba en iguales o peores condiciones. Moratinos no puede garantizarles a los eurodiputados, tampoco a los presos que prefieren la licencia extrapenal por no creerse el cuento de “refugiado político”, que cese el hostigamiento una vez conmutada la penitencia.

Vale agregar que entre el período 2007-2008, Cuba confirmó en las Naciones Unidas su adhesión a una serie de pactos y regulaciones internacionales, referente a los Derechos Civiles y Políticos. La interpretación criolla, vista desde un esquema marxista-leninista, expresa una finalidad doméstica que revierte dichos protocolos en su actuar contra la oposición pacífica interna.

El artículo 5 punto 1 del citado Pacto dice que: “Ninguna disposición del presente Pacto podrá ser interpretada en el sentido de conceder derecho alguno a un Estado, grupo o individuo para emprender actividades o realizar actos encaminados a la destrucción de cualquiera de los derechos y libertades reconocidos en el Pacto o a su limitación en mayor medida que la prevista en él”.

Quiere decir que levantar la Posición Común respecto a Cuba sería dar crédito a un estado parte del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que viola reiteradamente el protocolo.

Parece que Moratinos no recuerda los acuerdos alcanzados entre Cuba y el Consejo de la Unión Europea el 18 de junio de 2008, bajo el mandato de Francia, respecto a la democracia, los derechos humanos y las libertades fundamentales. Claro que es mejor, o más conveniente, ver al gobierno de Raúl Castro de cuello y corbata. Otra cosa es cerrar la persiana cuando éste bloquea las actividades cívicas con amenazas y arrestos preventivos.

No puede tergiversar el canciller Moratinos, por un simple y bienaventurado gesto de su parte, los objetivos de la Unión Europea respecto a Cuba, más cuando la legislación castrista confunde líderes de opinión con mercenarios.

¿Entonces contradice la posición española lo que expone el punto 2, artículo 19, del citado Pacto internacional?

“Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”.

Con Posición Común o sin ella, el cubano de a pie no perderá el impulso que le depara su diario andar por un asunto que no le va ni le viene, lo diga CNN o Cubavisión: correrá tras el ómnibus repleto que se detuvo fuera de parada o tras el pollo por pescado que vino a la bodega.

Sobrevivir bajo despidos laborales, marginalidad, falta de libertades y represiones de todo tipo es nuestro común denominador.
odelinalfonso@yahoo.com
Foto: Ana Torricella