
Centro Habana, La Habana, 21 de octubre de 2010 (PD) Raúl Rivero es un cronista de las desilusiones. Un provocador de taquicardias en los pechos blindados de quienes al escuchar la palabra poesía, sacan en son de guerra las pistolas.
Dueño de un manantial de versos que fluyen saltarines desde las ruinas de un solar en Los Sitios, la refinada suite de un hotel en Holanda o la espuma locuaz de una cerveza en Praga o en La Lisa, los reparte en la Isla sin tener que mostrar cupones de racionamiento.
Convertido en un dador de poesía de la tierra y el alma con conexiones sólidas en el Olimpo, Raúl nunca dejó de amar en carne y verso lo mismo a la grácil figura que hablaba con soltura de Monet y Degas, que a la hija de Chicho El Carretonero, diestra en picadillos de soya y martirios.
Pero la vida le ha jugado una mala pasada y no se va a morir “en este lugar al que llegamos/niños, inocentes, tontos/ y había instalada ya una trampa/ una ciénaga/ con un cartel de celofán/que hemos roto aplaudiendo/ a los tramposos.”
Su delito mayor es ser poeta y periodista. De lo cotidiano y lo eterno. Del amor y la furia. Los mismos versos y las crónicas que lo condenaron a la cárcel y al exilio nos sirven hoy para recorrer las cicatrices del abandono aún abiertas sobre la piel de Cuba por las afelpadas botas de los gendarmes del odio.
Nacido en el año 1945 en Morón, en la entonces provincia de Camagüey, la obra poética de Raúl Rivero no sólo ha recibido premios nacionales (Papel de hombre, premio David, 1969, y Poesía sobre la tierra, premio Julián del Casal ,1972), sino también sembró frescuras entre las musas muertas u obedientes de poetas corales dentro de la Isla.
Otros textos en versos como Corazón que ofrecer (La Habana, 1980), Cierta poesía (La Habana, 1984), Poesía pública (La Habana, 1984), Escribo de memoria (La Habana, 1985), Firmado en La Habana (Miami, 1996), la antología Herejías Elegidas (Madrid, 1998), Puente de guitarras, (México, 2002) y Recuerdos olvidados, (Madrid, 2003), trazaron la geografía poética de un hombre incómodo para los guardianes de la unanimidad.
Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana, Raúl fue redactor del semanario cultural El Caimán Barbudo y de la revista Cuba Internacional, y trabajó en Moscú como corresponsal de Prensa latina.
Durante su período dentro del periodismo oficial, legó a la imprenta el libro de reportajes La nieve vencida (La Habana, 1980), en colaboración con Rogelio Moya.
Cansado de la falta de libertades en la sociedad cubana, en 1991 firma la carta de los diez, carta abierta al Gobierno pidiendo reformas y espacios para todos los cubanos, decisión que lo condenó al ostracismo intelectual.
Expulsado por esta causa de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), en 1994, junto a un grupo de colegas deseosos del rescate de la libertad de expresión, organizó el movimiento de prensa independiente y en septiembre de 1995 fundó la agencia Cuba Press.

A partir de esa fecha, ni detenciones, decomisos, campañas difamatorias y registros orquestados por la policía política cubana contra él y sus colegas, lograron detener un movimiento de periodismo independiente que como un caudal arrastra en sus palabras toda la suciedad de un sistema intolerante y represor.
“Crónicas, apuntes tomados por un hombre que no pasea con un espejo, sino con una cámara oculta, por la atribulada sociedad cubana…”, marcaron una nueva impronta en la obra periodística de Raúl, quien desde su maestría y con el gracejo del cubano, nos afirmó que lo escrito por él parte de un escenario diseñado por un hijo bastardo de Stalin y André Bretón.
Textos como Crónica roja, Moneda nacional, El regreso de Dios, (S)obras escogidas, Gallos en La Habana, Orgullo y miseria, El soñador de Boniato, Paredón para un hombre nuevo y otros testimonios de los años 90 recogidos en su libro Pruebas de contacto (Nueva Prensa Cubana, 2003), demuestran el “compromiso con otras agonías” que asumiera Raúl.
Galardonado por su obra periodística con el premio internacional de Reporteros sin Frontera (1997), Raúl Rivero fue seleccionado como vicepresidente de la Comisión de Libertad de Prensa e información de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Miembro del consejo editorial de la Revista Hispano-Cubana y del equipo de redactores de la revista Encuentro de la Cultura Cubana, ambas editadas en Madrid, continuó su obra dentro de la Isla y publicó el libro de entrevistas a once artistas plásticos cubanos, Ojo, pinta: Pintores cubanos en el Período Especial (Miami, 2000)
La primera edición de su libro de crónicas Lesiones de Historia (Aduana Vieja, Madrid, 2005), lo sorprendió en la cárcel cumpliendo una condena de 20 años, adonde lo enviaron por el supuesto delito de “Actos contra la Independencia o Seguridad Territorial del Estado”, durante los sucesos conocidos como la Primavera Negra de Cuba (marzo del 2003)
En Lesiones de Historia, libro que reúne artículos publicados entre 2001 y 2003 en el diario digital Encuentro en la red, Raúl asegura en un Prólogo con rumor de calabozos: “Aquí están algunas de las crónicas que el gobierno no puede publicar. No puede porque son un retrato de la sociedad que ellos describen como un paraíso obrero y que es, en realidad, esta antología de frustraciones, arbitrariedades y represión”
Más adelante, y con la agudeza y realismo que describen sus textos, Raúl nos enfatiza: “Son los destellos puros de una dictadura científica que no se puede adaptar al funcionamiento normal del ser humano (…) Estos son episodios de la vida cotidiana. De hombres y mujeres que nacieron en Cuba y tienen derechos y hubieran podido ser libres y felices”
Para finalizar, nos señala en su Prólogo con rumores de calabozo: “Estas son unas pequeñas lesiones. La herida tenemos que describirla todos”.
Raúl Rivero Castañeda fue liberado con una Licencia de Libertad Extra Penal por Enfermedad, en abril del 2005, y partió hacia el exilio en España desde donde continúa sus Lesiones de Historia sobre nuestra realidad.
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