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COBARDIA E IGNORANCIA
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Wilfredo Vallín Almeida
Reside en La Habana. Abogado, economista, profesor, ensayista y politólogo. Dirige la Asociación Jurídica Cubana. primaveradigital@gmai.com 
Por Wilfredo Vallín Almeida
Publicado el 21/10/2010
 
La Víbora, La Habana, 17 de octubre de 2010, (PD) Las dos son de la raza negra. Una, es bajita, gordita, muy prieta pero con un rostro atractivo. Se expresa bien y es muy elocuente. La otra, es más alta, clara y quizás con unos años más pero sigue siendo una mujer interesante. Ambas tienen un brazo en cabestrillo. Son evidentes aún en sus cuerpos y rostros las huellas de la golpiza.




La Víbora, La Habana, 17 de octubre de 2010, (PD) Las dos son de la raza negra. Una, es bajita, gordita, muy prieta pero con un rostro atractivo. Se expresa bien y es muy elocuente. La otra, es más alta, clara y quizás con unos años más pero sigue siendo una mujer interesante. Ambas tienen un brazo en cabestrillo. Son evidentes aún en sus cuerpos y rostros las huellas de la golpiza.

Sonia Garro y Mercedes Fresneda me cuentan lo que les pasó: caminaron calle Rampa abajo con una sábana desplegada y en la que se leía: “Abajo la discriminación racial. Vivan los Derechos Humanos”. Fueron detenidas por un carro patrullero en el Malecón y conducidas a la unidad de policía de 21 y C.

Una vez allí, y siempre según el relato de Sonia Garro y Mercedes Fresneda, el jefe de infantería de esa unidad y el jefe superior de la misma ordenaron a un grupo de policías conformado por hombres y mujeres que les pegaran pues “ellas eran el enemigo”. Resultado: lesiones para ambas producto de la golpiza, a Sonia, incluso, le fracturaron el tabique nasal.

Me consultan qué pueden hacer legalmente ante esto. Mi recomendación es clara e inmediata: acusar a estos personajes ante la Fiscalía Militar Provincial por violación de la Ley de las Fiscalías Militares, el Código Penal (Ley 62), la Ley de Procedimiento Penal, la Constitución de la República de Cuba y la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU de la que Cuba es signataria y que Ricardo Alarcón dice debe respetarse a extremo.

¿Hace falta más? Si. Y hace falta porque ya hemos constatado en reiteradas ocasiones que la Fiscalía Militar Provincial ha guardado y sigue guardando muchas veces silencio cómplice cuando las acusaciones provienen de opositores. Podemos presentar ejemplos concretos, y muchos, sobre esto. Parece que la igualdad ante la ley de que hace gala nuestra Constitución no se extiende a los ciudadanos que discrepan y por ello las fiscalías militares no la tienen en cuenta.

Dado que las calles son de los revolucionarios, parece que también las leyes son para éstos y para nadie más. Con los demás puede hacerse cualquier cosa.

Desde niño escuché que atacar en grupo a una sola persona era COBARDÍA. Me lo enseñaron mis mayores en el período de aquella maravillosa formación casi popular que existía en la Cuba de antaño y de la que el “hombre nuevo” carece por entero. Si además se suma que los que atacan tienen pistolas, palos, uniformes, están en una unidad de la policía y se escudan tras el poder del Estado, ese acto deja de ser simplemente cobarde para ser BAJO Y MISERABLE.

Pero aquí hay otra cosa. Hay también IGNORANCIA. Y la hay, porque los ignorantes que esto hacen evidentemente no tienen la menor idea de algo que se llama HISTORIA. Y como no la conocen, no saben que un día un grupo de personas que se creyeron los dueños del mundo por disponer tras de sí de decenas de divisiones acorazadas, millones de soldados y miles de aviones, creyeron serían eternos, que podían hacer lo que les viniese en ganas y se lanzaron a la locura de pegar, humillar, torturar, masacrar, quemar, y destruir sin miramientos todo lo que les pareció se les oponía…hasta un día. Y ese día, se encontraron ante un tribunal, en el banquillo de los acusados y fueron juzgados y sancionados a muerte, pero no como pundonorosos militares ante el pelotón de fusilamiento, sino en la horca, como vulgares criminales que fueron.

Hay una historia similar a la anterior, pero mucho más cerca. Su protagonista se llamó Sadam Hussein.

Para hacer cumplir la ley, no es menester ser abusador o cobarde, por el contrario. Ayudar a que se haga justicia con decoro, estatura y magnanimidad (que no significa debilidad) engrandece más al que la provee que al que la recibe y nos permitirá caminar siempre con la cabeza en alto, sin tener nada de qué avergonzarnos.

Unas mujeres, también policías, detuvieron el atropello y asumieron la protección de estas dos cubanas que se lo reconocen y agradecen. Lástima que ese ejemplo esté en franca minoría frente a la barbarie predominante.

vallinwilfredo@yahoo.com
Foto: Leonardo Calvo