Centro Habana, La Habana, 21 de octubre de 2010 (PD) En recientes conversaciones que últimamente he tenido con colegas y amigos, la opinión casi unánime es que Cuba va en pos del cambio. Muchos incluso aseguran que a “esto” le queda poco.
Como la revolución cubana no ha mostrado en medio siglo otra cosa que su rostro paupérrimo y demacrado y sus gobernantes no quieren ni siquiera un eventual cambalache del tipo de socialismo, respecto al cambio que algunos creen cercano, repito el dicho: “soñar no cuesta nada”.
El simposio en la Universidad de la Habana sobre la constitución de 1940, el programa televisivo “Como me lo contaron” de la pasada semana donde un entrevistado hizo una perorata sobre dicha constitución y aseguró emocionado que esta protegía los derechos de los ciudadanos, la posible liberación de presos políticos que no estaban en el diálogo Iglesia-Gobierno y otros rumores que siempre vienen a colación, son las razones por las cuales se cree que vamos (¡al fin!) hacia el cambio.
Pero hay algo fundamental que se obvia y tiene mucho peso. Los mismos que llevaron a la destrucción el país, se mantienen a pesar nuestro en el poder. Un argumento poderoso para pensar que estos no van a permitir ningún desenlace favorable al pueblo.

El temor por la pérdida del poder hace que a veces maniobren de una manera que podamos pensar que tras bambalinas se oculta algo, pero después vemos decepcionados la jugarreta que llevaban a cabo. ¿Acaso 50 años de represión no nos han enseñado a desconfiar cada vez que aparentan dar una imagen de buena voluntad?
Las estrategias son otras: luego de medio siglo de manipular al pueblo, se han vuelto maestros en esa ciencia.
Los guardias de SEPSA que custodian las embajadas y residencias diplomáticas, ahora son los encargados de vigilar los movimientos de los opositores en el parque que está cerca de la Sección de Intereses Norteamericana.
Existe en las universidades una nueva asignatura llamada “Debate Histórico Contemporáneo” que consiste en hablar supuestamente “lo que se piensa” mientras los profesores toman nota para luego “elevarlas”, un método de control muy sutil.
¿Por qué no acaban de liberar a los presos que no quieren emigrar a España? ¿Por qué se mantiene la ley de peligrosidad social pre-delictiva? ¿Se puede llamar cambio a lo que sucede si en esencia no ha pasado nada?
No habrá cambios mientras se derrumben edificios un día y al siguiente construyan sobre los escombros centros comerciales en divisas. Tampoco si botan a los trabajadores de sus centros laborales y luego les exigen el pago de equipos electrodomésticos que dicho obreros pagaban con sus sueldos, aunque muchos fueran cacharros inservibles que les obligaron a comprar.
Para que haya cambios o al menos se avizoren, los primeros que tienen que cambiar son los gobernantes de la isla. Pero eso no ha sucedido. Continúa la represión y el hostigamiento y también la retórica bélica contra aquellos que piensan diferente. Y algo que no puede pasarse por alto: el Partido Comunista sigue siendo el partido único.
Lo siento por mis colegas que como yo, anhelan que Cuba cambie, pero la realidad nos muestra que aun reina la oscuridad.
adolfo_pablo@yahoo.com