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LA ESENCIA DE LO ESENCIAL
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Frank Cosme
Litógrafo. Reside en La Habana. primaveradigital@gmail.com  
Por Frank Cosme
Publicado el 21/10/2010
 
Santos Suárez, la Habana, 21 de octubre de 2010, (PD) Cuando el 6 de junio de 1762 se presentó frente al castillo del Morro, a la entrada de la bahía habanera, una formidable escuadra británica al mando de Sir George Pocock, la situación económica de la isla era un verdadero caos.

Santos Suárez, la Habana, 21 de octubre de 2010, (PD) Cuando el 6 de junio de 1762 se presentó frente al castillo del Morro, a la entrada de la bahía habanera, una formidable escuadra británica al mando de Sir George Pocock, la situación económica de la isla era un verdadero caos.

Anteriormente a esta invasión inglesa, en Cuba comenzaron a sucederse casi ininterrumpidamente hechos que demostraban que no había una total adhesión a la corona española como han pretendido hacer ver algunos historiadores.

La creación de la Real Compañía de Comercio de la Habana en la que el gobernante de la isla, Juan Francisco de Guemes, era el principal accionista del férreo monopolio del comercio, tanto de importación como de exportación, el contrabando.

Un informe del Ministerio de Hacienda sobre el comercio clandestino en toda la isla señalaba “los géneros se venden por las calles sin moderación y recato”. El colmo de estos sucesos fue cuando enviado el ejército por este gobernante a Puerto Príncipe (Camagüey) para reprimir este comercio, los vecinos y hasta las autoridades se negaron a abandonar el contrabando: desarmaron y apresaron a la tropa.

Actos como estos se repiten a través del tiempo en esta isla: la similitud de estos hechos con los actuales es casi idéntica.

En definitiva, aunque el mercantilismo británico no era tan estrecho como el español. 900 barcos entraron en la rada habanera en los 11 meses que estuvieron aquí, contra 1 que entraba al año, lo que posibilitó el desarrollo del comercio. Los ingleses decidieron, como buenos negociantes que siempre han sido, aceptar el trato que la corona española les ofreció: cambiar la Habana (el resto de la isla no había sido ocupado), por el estado actual de la Florida en EU.

Dos siglos después de esta invasión, otro inglés, Sir William Van Horne, aprovechándose del empobrecimiento de la población a causa de la guerra de independencia, compró tantas tierras entre las provincias de Camagüey y Oriente que casi obtuvo la soberanía de esos territorios.

De este ilustre Sir quedó el dicho cubano, “estoy trabajando para el Inglés”, que se utiliza cuando se trabaja mucho y se recibe poca paga, pues este hijo de Albión se caracterizó por caminar con los codos.

Ahora, en estos tiempos que corren, a casi tres siglos de aquella invasión inglesa y 90 años de este ilustre Sir, otro británico con apellido de hamburguesa y gerente del grupo “Esencia Hotels and Resort” hace negociaciones en Cuba para arrendar nada menos que 100 hectáreas amparado en la ley de inversiones extranjeras, que ahora ha ampliado el límite de arrendamiento a ¡99 años!

Como decimos aquí, ¡pa’l carajo! Si 1 hectárea son 100 m2, es decir una manzana, 100 sería el barrio de la Víbora completo más una parte de Santos Suárez. Si como se dice, hay otros grupos ingleses que negocian y de concretarse el negocio, nuestros extensos campos de marabú serán empleados nada más y nada menos para que los turistas jueguen al golf, pues de eso se trata el negocito de estos nuevos émulos de Van Horne.

Es muy cierto que el turismo da dividendos, pero si hay que emplear grandes extensiones de terreno para que un puñado de turistas se dediquen a este jueguito en una isla larga y estrecha como Cuba y en una situación en que la jama, como decía el criollísimo Pánfilo, ha sido uno de los eternos problemas en estos 51 años, más valiera que esas tierras se las acabaran de entregar a esos cubanos que deseosos de trabajarlas, no acaban de otorgárselas por los diabólicos enredos burocráticos tan comunes en este país.

Déseles la oportunidad de comprar la chatarra, que prefieren venderla en el exterior, y se verá como este ingenioso pueblo, (que ha demostrado serlo en estos 50 años de entrenamiento) la convierte en maquinaria agrícola acorde a sus necesidades. Los War-Heroes (en inglés se pronunciaría aproximadamente guar-jirous), los guajiros cubanos, que han logrado mantenerse todavía independientes, son los que aún siendo pocos, llevan el peso de la agricultura en Cuba. Con tractores-museos e implementos inventados y adaptados por ellos han logrado, con menos tierra que el estado, más productividad, son también cacharreros, pero no de autos, sino de equipos agrícolas. Son los verdaderos héroes de esta guerra en que el desayuno, el almuerzo y la comida ha sido la constante en la mente del cubano común. ¡Que no harían estos War-Heroes si poseyeran más tierras!

Contrariamente a lo que puedan pensar algunos sesudos economistas, el pueblo cubano lo que necesita no son peloticas de golf, sino más frijoles. Eso es la esencia de lo esencial para nosotros, no para el grupo Inglés Esencia Hotels and Resort y sus cofrades del patio.

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