Lawton, La Habana, 21 de octubre de 2010, (PD) “Hay hombres que dicen: Creemos en Dios y en el día fi¬nal, sin embargo, no son creyentes. Procuran engañar a Dios y a los que creen; pero sólo se engañan a sí mismos”…Parece una cita bíblica, pero son los versos 7 y 8 del Sura 2 (La Vaca) del Corán. No teman, no me he convertido al Islam ni al Cristianismo, moriré agnóstico, aunque para los compasivos, siempre guardo respeto por sus creencias.
He disfrutado de las religiones casi tanto como de sus hijas, sean de Eva, María, Jadiya o de la morena Oshún. En todas he encontrado amor, piedad y compasión. Ninguna me ha incitado al odio y la muerte, como hizo un condotiero enloquecido, a poco tiempo de ser cazado como la fiera que fue, cuando escribió “El odio como factor de lucha, el odio que transforma al hombre en una fría y selectiva máquina de matar, así es como deben ser nuestros combatientes”.
Su nombre se une al de polpotistas, yijadistas, etarras, narcos o sicarios, en fin, el zoológico del terror que impresiona, pero se diluye. Voy a referirme a algo más peligroso que surge en varios países, incluidos los EE.UU. Me refiero al fundamentalismo religioso que aspira a convertirse en poder político mundial.
Ojo con eso. Los republicanos perdieron las elecciones porque el multimillonario pastor Pat Robertson castigó a McCain con el abstencionismo por el falso mesianismo del Bush Jr, quien quiso jugar con los rednecks de la misma forma que hizo Reagan en los 80 con Jerry Fazwell, aunque a este último el Gran Comunicador lo mantuvo con la correa corta.
Antes de pasar a digital la TV, veía los domingos en el canal 49 a Pat Robertson. En sus sermones, se llegaba al paroxismo de comparar a Saddam Hussein con Nabucodonosor. Incluso en enero del corriente, justificó el terremoto en Haití como un castigo divino, con argumentos sencillamente ridículos.
Ridículos sí, pero muy preocupante. Esa teleaudiencia es la “mayoría silenciosa” que profesa el evangelismo y niega la evolución. Representan 35 millones de votantes norteamericanos, que de existir en los EE.UU, un partido como el Likkud en Israel, ni Mr.Obama ni Mrs Clinton hubieran salido electos. En su lugar tendrían un ex-Rambo como Netanyahu de presidente, un espía como Ehud Barak de Secretario de Estado y un Efraín Levy de Director de la Homeland Security.
Este fundamentalismo religioso no es nuevo, existe desde 1630, cuando John Winthrop y los puritanos fundaron Massachussets y aplicaron en América la ortodoxia que no les permitió Carlos I en Inglaterra y que como gobierno teocrático derivó en dictadura.
Pero como establece la física, a una acción hay una reacción y donde hubo un John Winthrop surgió un Roger Williams que se opuso ferozmente a esa entelequia por la sencilla razón que coartaba el libre albedrío otorgado por Dios a todos los hombres.
Por esto y para joder a Winthrop y sus puritanos, Williams compró a la tribu Narrangasetts lo que hoy es Rhode Island y fundó la primera colonia americana que practicó la separación completa entre Estado e Iglesia, además de la libertad religiosa total (Roger Williams, ese gordito, es mi tipo de héroe).
A pesar de eso, 380 años después, un pastor bigotudo de Florida promete quemar ejemplares de El Corán, cosa que no hace por fé, sino por publicidad y of course, por dinero ¿Cómo? Facilito.
Antes de esto, nadie lo conocía, pero el anuncio televisado por una emisora local, la cual es propiedad de uno de sus feligreses, hizo al Secretario de Defensa Robert Gates y el General Petraeus llamarlo para que desistiera de su piromanía en aras de evitar aumentar los dos millones de víctimas, la mayoría jóvenes musulmanes, que han dejado 9 años de una guerra inútil en Irak y Afganistán.
Con esto, el pastor captó la atención de los fundamentalistas, Pat Robertson lo invitó a una tele prédica, Charlie Rose a una entrevista costa a costa y salió en MSNBC, CNN, FOX y Al Jazeera, esto último no muy saludable. Entonces, el armagédonico pastor “aplazó” la quema de Coranes, que me recuerda cuando al austriaco Adolfo Schikelgruber c.p Hitler incendiaba lo mismo a Dostoievski que a Proust en los actos de reafirmación nazi o cuando enanos tropicales convirtieron Biblias en papel sanitario.
Todo sea por el dólar, que no en balde tiene al dorso la frase que más le gusta a este irresponsable, tan fanático y llegado el caso, tan asesino como los degolladores musulmanes del FIS , los talibanes o los ayatolahs verdugos de homosexuales y mujeres: “In God we trust” (“En Dios confiamos”).
paulino.alfonso@yahoo.com