Arroyo Naranjo, La Habana, octubre 28 de 2010, (PD) De alguna manera el fandango que se desprende de un acontecimiento o noticia sobre Cuba en Internet, sea creíble o no, nos pone sobre alerta.
Lo que hoy arrastró a estas líneas es algo atípico en el comportamiento de esos deportistas cincelados al detalle por la revolución de Fidel Castro y su hueste.
Resulta que dadas las limitaciones, por no decir prohibiciones, de acceso a Internet en Cuba, la lanzadora de jabalina Osleydis Menéndez se las ingenió para subir al sitio web “Ebay” su propuesta de subastar la medalla de oro olímpica que se ganó en los juegos de Atenas 2004.

¿Extraño proceder este? Nada para avergonzarse. De ser cierto, no vamos a escuchar las campanadas del juez y el “¿quién da más señores?”.
Pensemos por un minuto que Osleydis no sólo se despojará de unas cuantos gramos de oro de buen quilate, hoy cotizado a más de 1 300 dólares la onza, sino también de lo que quizá en su momento fue una dedicatoria –a regañadientes- a la revolución, a Fidel Castro, al partido único, al pueblo y toda esa fanfarria desembuchada con el júbilo y las emociones.
Mi voto por Osleydis Menéndez y todos los campeones olímpicos de Cuba que se quieran sumar a esta iniciativa. A fin de cuentas, con las glorias se olvidan las memorias y con los lauros colgados en la pared, no sabe igual el potaje de garbanzos o el asado de fin de año.
A juzgar por el monto actual de una presea de oro Olímpico, 30 mil dólares (alrededor de 22 mil euros) el precio fijado para el arranque de subasta, la moral revolucionaria puede aguardar en otro título, si es que después de esta, Osleydis merezca ser abanderada para los venideros Juegos Olímpicos en Londres 2012.
Debo imaginar que Osleydis no se siente a pedir en su natal municipio Martí, provincia de Matanzas, pues sobre sofocos y carestías de todo tipo andamos. Tampoco creo que le dé la taranta de donar el dinero recaudado a la Federación de Mujeres Cubanas o a los niños cubanos enfermos de cáncer, tal y como se propuso e hizo la nadadora polaca Otylia Jedrzejczak, cuando ganó el título Olímpico en los 200 metros mariposa (Atenas 2004).
Algo no me quedó claro cuando leí el cable de prensa sobre la titular olímpica cubana. Supongo que como somos eternos deudores del régimen que nos educó en la moral socialista y todo patrimonio consumado antes y después del triunfo revolucionario les pertenece, la subasta de Osleydis marca otro episodio más de indisciplina deportiva, ilicitud y traición a la patria.
Sépase que si por ejemplo, decidimos sacar del país algún libro de nuestra colección, cuya edición sea considerada por los comisarios de cultura “patrimonio nacional”, debemos desembolsar algunos pesos convertibles.
La multa para la multicampeona, si llegara a consumarse la subasta, ¿será cosa de menudeos?
No vayamos a desdeñar al saltador largo Iván Pedroso, al de altura Javier Sotomayor, a la corredora Ana Fidelia Quirot, al vallista Anier García o al conjunto tricampeón olímpico de voleibol femenino, si mañana quisieran subastar sus preseas olímpicas en Ebay.
Propongo, ahora que se estilan los impuestos, fijar una tasa para asuntos de lesa moral socialista.
Obviamente para Osleydis Menéndez, ya los años, las carencias y hasta la jabalina, pesan. Es probable, aunque no me conste, que hoy lance a la web su presea dorada con la figura griega de Atenea Niké y se defeque en otras “esfinges” vivientes.
He presenciado últimamente en los campeones que regresan con títulos mundiales a casa, como inclinan las dedicatorias del triunfo a la familia, a su pueblo natal o al entrenador que tanto los ayudó técnica y psicológicamente en el empeño. Son las fisuras de una revolución que acostumbra a poner, sin que nadie se lo pida, nuestra dignidad en subasta.
odelinalfonso@yahoo.com