Centro Habana, La Habana, 4 de noviembre de 2010, (PD) Debido a una equivocación por parte del personal médico que la trajo al mundo, Micaela es una niña que padece de ataques epilépticos. Su madre no pudo demandar al Ministerio de Salud (MINSAP), porque según le recordó la dirección del Hospital Maternidad de Línea, “la salud en Cuba es gratuita”. Argumento suficiente para que se calle la boca y “no pelee tanto porque su hija tenga algunos problemas”.
Pero con el tiempo aumentaron las dificultades. La niña ha empeorado tanto que los médicos le advirtieron a su madre acerca de la posible muerte encefálica producto de los muy seguidos ataques epilépticos.
Estrella, la madre de Micaela, que acaba de cumplir 7 primaveras, vive desesperada. Además de Micaela, tiene a unos jimaguas de 10 años. Por otra parte, su esposo es un posible cesante en su fábrica “Antillana de Acero”. Con el sueldo de él no alcanza, pero Estrella cose y arregla ropa.
A Micaela le encanta la leche, pero como llegó a la edad límite en Cuba para tomarla, el gobierno se la quitó. Ahora le ofrece una bolsa de yogurt de un litro cada dos días que la niña no toma, porque no le gusta. Todas las mañanas llora por tomarse un vaso de leche caliente. Estrella llora de rabia, tiene ganas de pararse frente al Comité Central y gritar.
Sólo algunos vecinos le tienden la mano a esta familia desdichada. Nunca la han visitado los trabajadores sociales. El médico de la familia que la atiende solo piensa en el viaje a Venezuela.
Estrella piensa vender dulces en las escuelas para tener algunas ganancias. No tiene miedo si la policía la pesca in fraganti. El amor a sus hijos la ha hecho perder el miedo y cruzar la línea roja de la legalidad. Así mismo, su cónyuge está dispuesto a ir preso por buscarle “la jama” como sea a sus retoños.
Los dos son potenciales reos de las leyes del gobierno comunista, pero ninguno ha tenido la culpa de sus desgracias. No son unos vagos que se sientan esperar a que papa estado le traiga la comida, sino todo lo contrario.
Son una familia bien querida en el barrio, los jimaguas están bien educados, a pesar de su edad entienden y callan cuando no tienen qué comer.
Estrella acudió a la prensa independiente para desmentir al gobierno, que dice que en Cuba los niños tienen asegurado su bienestar. Le advierto que su declaración puede ocasionarle problemas. Entonces me mira muy seria y me dice: ¿Acaso hay problemas peores que los que ya tengo?
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