Managua, La Habana, noviembre 4 de 2010 (PD) La Revolución Energética que se puso en práctica en Cuba en el 2005, prometió prosperidad para el país con el ahorro anual de dos mil millones de dólares y la entrega con facilidades de pago para los núcleos familiares de varios artículos electrodomésticos.
Algún tiempo después, el gobierno desató otra campaña para obligar a las personas a cumplir con los compromisos de pagos adquiridos durante la entrega de los artículos.
Aun quedan muchos a los que sus exiguos ingresos no les han permitido saldar la deuda. Hoy los restos de los cacharros rotos suelen estar en algún sitio olvidado del hogar.
Este viernes, el periódico Granma, órgano oficial del Partido Comunista, divulgó la nueva medida que modifica la tarifa eléctrica en los sectores residenciales. Argumenta para ello la subida del precio del petróleo y el ritmo del consumo residencial que continúa en ascenso.
Según la información, con esta medida no se afectará el 94,4% de los hogares. Sin embargo ya son muchos a los que les preocupa quedarse a oscuras por no poder pagar el recibo mensual de la corriente.
Pero, si los afectados serán tan pocos, ¿por qué la medida?

Carlos, de 34 años y residente del capitalino municipio Arroyo Naranjo, se violenta cuando opina: “Es una cosa detrás de la otra, no te dejan descansar. Ahora el que pretenda sacar una licencia para trabajar por su cuenta, lógicamente gastará más electricidad. Entonces entre el dinero del impuesto, el que le tienes que dar a los inspectores para que te dejen tranquilo y el que tienes que pagar por la corriente, ¿adónde vamos a parar?”
Y con énfasis agrega: “El problema es que aquí nadie lee el periódico. Ahora cuando llegue diciembre, un mes de tanto gasto, en plenas navidades, cuando te manden el recibo de la electricidad por las nubes, entonces verás la gente volviéndose más loca de lo que está.”
Por su parte, Clara, también de Arroyo Naranjo, argumentó: “Si fuera solo la electricidad…La libra de frijoles negros está a 17 pesos y no se encuentra, el azúcar tampoco alcanza, y para terminar el mes tienes que pagarla al precio que te la vendan en el mercado negro si la consigues, y el arroz por el estilo. Así, te digo, no se puede vivir.”
Los comentarios de inconformidad con la difícil situación que se vive cada vez se escuchan con más frecuencia. Frases de desafío como esta de una joven de Ciudad Habana: “Yo lo dije delante de un policía, que aquí ya no se puede vivir; que nos están apretando por donde quiera. Y el tipo viró la cara y se fue.”
Yordanka, de 34 años, apuntó: “Antes cuando hablabas por teléfono con los familiares que están afuera, uno le pedía zapatos, ropas, perfumes y cosas así. Ahora se le pide comida.” Y agrega con gracia: “La gente dice: ¡Mándame comida que esto está malo!”
Hay una parte importante de la población que estuvo incorporada al proceso revolucionario en sus inicios, y ahora retirados y con bajos ingresos, no pueden hacerle frente a la crítica realidad. Hoy, en el ocaso de sus vidas no les queda más remedio que lamentar sus años de entrega a la revolución.
Manuel Morales, tiene 70 años. Participó en la lucha clandestina contra el gobierno del presidente Fulgencio Batista. Luego de 1959, se incorporó a las Milicias Nacionales Revolucionarias y trabajó gran parte de su vida para ayudar a construir aquel futuro mejor para sus hijos y nietos del que tanto se hablaba. Hoy, decepcionado de todo, exclama: “Llevamos cincuenta años en lucha contra un mismo enemigo: el gobierno que no nos deja vivir.”
El panorama no parece augurar mucho para este fin del año 2010. A la carestía de la vida, la escasez de los productos de primera necesidad y las nuevas tarifas eléctricas, se le suma el hecho del medio millón de desempleados. Algo que nadie entiende, pero que el gobierno trata de explicar que es bueno.
amarilisrey@yahoo.com