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EL COLOR DE LOS GATOS
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Frank Cosme
Litógrafo. Reside en La Habana. primaveradigital@gmail.com  
Por Frank Cosme
Publicado el 11/11/2010
 
Santos Suárez, la Habana, 11 de noviembre de 2010, (PD) Mientras los egipcios construían sus pirámides y los latinos, sabinos y etruscos todavía no se habían fusionado para constituir Roma, el imperio más poderoso de la antigüedad, un grupo de origen semítico se estableció en el litoral mediterráneo, en el Líbano hacia el siglo 24 ADC. Con el transcurso del tiempo, este pueblo, conocido en la historia como los fenicios, fundó numerosas ciudades marítimas, construyó numerosas flotas y se dedicaron a comerciar por todo el Mediterráneo, el Mar Rojo y el Báltico.

Veintidós siglos después, en el 200 ADC, Cartago, una de sus colonias, constituyó el más formidable adversario de Roma, ya constituida en un imperio.

Santos Suárez, la Habana, 11 de noviembre de 2010, (PD) Mientras los egipcios construían sus pirámides y los latinos, sabinos y etruscos todavía no se habían fusionado para constituir Roma, el imperio más poderoso de la antigüedad, un grupo de origen semítico se estableció en el litoral mediterráneo, en el Líbano hacia el siglo 24 ADC. Con el transcurso del tiempo, este pueblo, conocido en la historia como los fenicios, fundó numerosas ciudades marítimas, construyó numerosas flotas y se dedicaron a comerciar por todo el Mediterráneo, el Mar Rojo y el Báltico.

Veintidós siglos después, en el 200 ADC, Cartago, una de sus colonias, constituyó el más formidable adversario de Roma, ya constituida en un imperio.

Si pongo de ejemplo este pueblo de la antigüedad es por una sencilla razón: todo el desarrollo alcanzado por éste, se debió a sus relaciones comerciales. A su vez, enseñaron a los pueblos del Mediterráneo, (incluidos sus futuros contrincantes, los romanos), el comercio, la navegación, la industria y propagaron un alfabeto de donde se derivan la mayor parte de los alfabetos del mundo. Fueron maestros en la fabricación del bronce, el cristal, tejidos, (sus telas de color púrpura eran codiciadas en la propia Roma), joyas etc.

Si cuando la tercera guerra púnica, Roma se hubiera enfrentado no solo a Cartago, sino a todas sus colonias en conjunto, (Trípoli, Arad, Biblos, Beirut, Sidón, Tiro, Accra, Cádiz, Málaga, Adra), otro gallo hubiera cantado en la historia universal. Se hablaría entonces del imperio Fenicio y Roma quedaría en un plano secundario, como lo están actualmente los fenicios.

Como anécdota un tanto jocosa de este pueblo comerciante se puede citar el caso del comercio de gatos que evitó a su vez su extinción.

En aquellos tiempos, sólo los egipcios poseían este animalito, raro en aquella época, al que adoraban porque creían que habían sido regalados por los dioses, así que por esta razón los tenían recluidos en los templos y custodiados por guardias para evitar que nadie tuviera acceso a ellos. De alguna manera, los fenicios se las ingeniaron para extraerlos de los templos. Comenzaron entonces a criarlos y a exportarlos por todo el Mediterráneo.

De la misma manera que antaño los fenicios alcanzaron un espectacular desarrollo basado en el comercio capitalista (ellos no inventaron la palabrita, pero sí sus leyes), una nación de la época moderna siguiendo esas mismas reglas inventadas por estos comerciantes hace la friolera de 4,210 años, avanza rápidamente a ocupar el primer lugar como potencia mundial, con la diferencia que este país no está desunido como lo estaban los Fenicios y con la ironía histórica de que las 13 Colonias, que sí se unieron para formar una nación, es la que más ha contribuido al desarrollo de esta.

Todo comenzó cuando a esta nueva Fenicia, llamada República Popular China o simplemente China, (como ahora ponen en todos sus productos), arribó el ex presidente de EU, Richard Nixon a estrechar los lazos comerciales entre las dos naciones, convirtiendo a China en la nación más favorecida en el comercio con EU.

Entrevistado posteriormente el dirigente chino Deng-Tziao-Pin sobre el radical vuelco que dio China hacia el “comercio capitalista”, se limitó a subrayar: “No importa que el gato sea blanco o negro, el problema es que cace ratones”.

En esta amalgama histórica donde se incluyen los fenicios, los gatos egipcios y los del chino Deng, salta a la vista que simplemente la libertad de comercio es lo que históricamente ha demostrado el desarrollo de las naciones. Como decía el dirigente chino, no importa el color del gato, sino que cace ratones. En otras palabras, que funcione.
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