Lawton, La Habana. 11 de noviembre de 2010, (PD) Esta crónica está inspirada en las vidas de dos personalidades bastantes asimétricas en origen e ideas, pero increíblemente similares en propósitos y fines. Por lo complejo de sus desempeños y resultados ante los desafíos que enfrentaron, lo haré en dos crónicas. Veamos pues, la primera de estas.
Hace unos meses, el Dr. Álvaro Uribe Vélez terminó su segundo mandato presidencial, cosa que no ocurría con presidente alguno desde hacía 53 años en Colombia. ¿Como el Dr. Uribe convenció a los colombianos para esto? Con tres propuestas solamente. Una, que la narcoguerrilla, con sus “monos y tirosfijos”, no eran una opción política viable por mucho que la señoras Piedad (Bolivariana) Córdoba o Ingrid (de la selva) Betancourt se esforzaran en ese sentido. La segunda, porque cambiar de caballo en mitad del río, sin haber acabado la carrera, no era una buena idea. La última, mantenerse sereno ante las provocaciones del estridente gobernante venezolano y las jeremiadas del latin lover ecuatoriano.
Cuando se hizo cargo del gobierno, el 7 de agosto de 2002, Uribe se comprometió a buscar la reconciliación total del país, la creación de empleos y a luchar contra la pobreza. Prometer esto en un país arrasado durante 60 años, no de soledad, sino de violencia, narcotráfico, corrupción, pobreza y últimamente por la vecindad de un paranoico ególatra en Venezuela, era motivo suficiente para dudar de la sanidad mental de este abogado, practicante del yoga Nidra y por ende persona de afables y calmadas maneras.
Lo que pocos conocen es que en 1983, al ser amenazado por el EPL de asesinar a su familia, lejos de esconderse, participó personalmente en la operación donde se capturaron a doce bandidos y demostró tener el temple para ser algo más que alcalde.
Entonces, ¿quién es políticamente Álvaro Uribe Vélez?
Empezó su vida pública a los 28 años, en el Partido Liberal. En doce años fue director de la aeronáutica civil, concejal y alcalde de Medellín, senador de la República y gobernador de Antioquia para el período 1995-1997, donde amplió la cobertura de educación para 102.000 alumnos, pavimentó el triple de kilómetros de carreteras y logró que un millón de antioqueños tuvieran sus servicios de salud.
No es de extrañar que con esos resultados saliera electo en 2002 como presidente de Colombia.
¿Cuáles han sido los logros de Álvaro Uribe en estos 10 años de gobierno?
A pesar de los escándalos de la parapolítica, del DAS, del espionaje en Miraflores, Uribe trajo a los colombianos:
1- La paz a un costo que consideraron aceptable.
2-La violencia en todo su espectro disminuida sustancialmente.
3-Una guerrilla herida de muerte, sin futuro, apestada incluso para los fellow travelers Lula y Correa o su sponsor, el exótico y tropical Chávez, quien pretendió revivir contra Colombia, el “dos, tres muchos Vietnam” de un difunto condotiero y que al ver el poco futuro que hay con las bombas inteligentes, los microchips y los aviones de la Elint no tuvo más opción que volverse “buena gente”.

4-Un narcotráfico que aunque más lentamente de lo deseado, se muda, por motivos de salud, para Brasil, Perú, Guyana y Méjico.
5-Un país que recupera la confianza de los inversionistas extranjeros, con un pronóstico de crecimiento del PIB del 5,5%, al finalizar este casi difunto 2010.
Independientemente de la cagástrofe del 2009, Colombia tuvo un desempeño económico bueno durante los dos periodos de Uribe, incluso los que no alcanzaron, creyeron en su promesa, al extremo que votaron por Santos, menos cerebral, nada verborreico, pero de firmeza indiscutida y con quien no valen payasadas ni vedettismos.
Lo que Uribe legó a Santos fue una popularidad como la que Reagan transfirió a su Vice G.H.Bush en 1988. Ni Lula en Brasil logró obtener en las urnas la avalancha de Santos para su mandato. Y no solo eso. Se rodeó del mejor equipo de gobierno en los últimos 30 años en la historia política colombiana, sobre todo en la cartera de Defensa.
Ahora falta por ver si con semejante andamio, Santos, con el debido respeto por los derechos humanos, se atreve a construir el edificio que acabe con la narcoguerrilla, la corrupción, la demagogia de mesias populistas y convierta a Colombia en la alternativa real latinoamericana. Creo que talento y temple le sobran para demostrar que desde la democracia, sí se puede.
Uribe terminó y lo hizo bien, gústele o no a algunos resentidos.
paulino.alfonso@yahoo.com