Santos Suárez, La Habana, 18 de noviembre de 2010, (PD) Posiblemente el refranero español sea, sino el más rico, al menos el que condensa más sabiduría en muy pocas palabras. Habría que agregar también los refranes que posteriormente los pueblos de América han incorporado a este idioma.
Lamento mucho la pérdida de un libro que contenía precisamente estas gotas de la sabiduría popular, en este caso de España, observadas a través del paso de los siglos. Casualmente uno de sus refranes decía: “Libro prestado, no devuelto u olvidado”.
Mi madre solía hacer uso de uno muy irónico y humorista para referirse a aquellos que hipnotizados y embobecidos por la retórica de los charlatanes oportunistas que desafortunadamente hacen olas en este país, creen todo lo que les dicen, aunque sea un disparate: “Este cree que porque el chivo caga bolitas, es boticario.”
También hacía uso de otro para ironizar a aquellos individuos, (o individuas), que no distinguen su mano derecha de la izquierda: “Es más inútil que un clavo con dos cabezas.”
Mi esposa es otra que a cada rato suelta alguno. Dos personajes conocidos del barrio por ser marañeros y conflictivos, caminaban por la cuadra, abrazados, borrachos y escandalizando a todo pulmón. Mi esposa y yo íbamos en sentido contrario. Cuando los rebasamos, ella soltó: “Culos que se conocen y de lejos se saludan.”
Sin quererlo, tanto ella como mi madre han hecho uso de una tradición oral que desafortunadamente está desapareciendo.
Hay refranes para todo tipo de situaciones, sociales, económicas o políticas. Para cada una de ellas, está a la disposición un refrán que se puede aplicar. Lo curioso de esto es que muchos de ellos, por no decir todos, tienen siglos de existencia, lo cual quiere decir que el ser humano y los sucesos siempre serán los mismos.
Al observar últimamente la cantidad de individuos premiados por distintos organismos internacionales, el hombre común se pregunta: ¿Cómo es posible que se reconozca a ciertas personas que en realidad no tienen mérito?
Un caso famoso y polémico fue el de la Premio Nóbel de la Paz de 1992, la guatemalteca Rigoberta Menchú. Después de ser lanzada por una antropóloga venezolana radicada en París que ordenó cronológicamente sus cuentos en forma de libro, (“Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia”), se generó un fetichismo en torno a ella, principalmente en la universidad californiana de Stanford. Canonizada por la prensa y la intelectualidad de izquierda de EU, llegó a Noruega la propuesta de esta indígena (que no es indígena pura, sino mestiza), guerrillera del extinto “Ejército Guatemalteco de los Pobres”, nada más y nada menos que para el Premio Nóbel de la Paz.
Pero estalló la bomba periodística, la misma prensa que la elevó, la dejó caer cuando otro antropólogo, esta vez estadounidense, David Stoll, junto con otra antropóloga que hablaba la lengua maya, en sus investigaciones, que duraron varios años, encontraron que si efectivamente la guerra civil fue horrible en Guatemala y que la mayoría de las víctimas fueron indígenas, (en este país la población está compuesta de 54% de mayas-quichés, 43 % de mestizos y solo un 3% de blancos)*, una buena cantidad de afirmaciones en el libro son falsas y otras contradictorias. En buen cubano, otro “cuento de camino”. Pero eso fue en 1999, siete años después que los vikingos de Noruega le adjudicaran el premio, que por supuesto también es en metálico, que en los EU utilizaran la obra como “libro de texto” en sus high schools y colleges y que la famosa indígena, “por carambola” recibiera otros títulos “honoris causa” de varias universidades, y otros tantos pagos por hacer “cuentos” también en ellas. Con esto se corrobora la razón de otro añejo refrán:“Cría fama, y acuéstate a dormir.”
En este aquelarre internacional de premiaciones de universidades, ONG, y otros organismos internacionales que reparten premios, títulos y dinero a “falsos profetas” precisamente para que en esas conferencias critiquen al sistema que les provee de todo aquello de que carecen los pueblos que ellos dicen defender, hoy más que nunca se aplica aquel ancestral refrán español en verso:
“En tiempos de las bárbaras naciones
Colgaban de una cruz a los ladrones
Hoy, en este siglo de las luces
Del pecho de ladrones cuelgan cruces”.
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