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¿CREER EN DIOS?
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Adolfo Pablo Borrazá

Sagua la Grande, Villa Clara, 16 de enero de 1977. Graduado del Curso de Capacitación a Periodistas de la Universidad de la Florida.

adolfo_pablo@yahoo.com

 
Por Adolfo Pablo Borrazá
Publicado el 18/11/2010
 
Centro Habana, La Habana, 18 de noviembre de 2010, (PD) La vida es una metáfora de la muerte, una odisea de la calma, un final en el principio. Muchas personas creen haber encontrado la razón principal de la existencia en la religión, la política, el amor. ¿Será que la verdad existe? Y si así es ¿de cuál verdad hablamos?

El camino a la esencia de la vida nos lleva a recorrer kilómetros de angustias, millas de penas e incredulidad y a veces, un metro de culpa. Estamos en el ocaso de la ignorancia, pero nos falta la antesala de la sabiduría.

La fe en Dios -¿cuál de ellos, Jehová, Alá, Olofi, Jesús?- es el motor de la humanidad, el que mueve todos los sentimientos de las personas. Por ellos se vive y se muere, se pelea y se mata, se perdona y se odia, se divide y se une. Son sencillamente los culpables de la catástrofe humana.

Centro Habana, La Habana, 18 de noviembre de 2010, (PD) La vida es una metáfora de la muerte, una odisea de la calma, un final en el principio. Muchas personas creen haber encontrado la razón principal de la existencia en la religión, la política, el amor. ¿Será que la verdad existe? Y si así es ¿de cuál verdad hablamos?

El camino a la esencia de la vida nos lleva a recorrer kilómetros de angustias, millas de penas e incredulidad y a veces, un metro de culpa. Estamos en el ocaso de la ignorancia, pero nos falta la antesala de la sabiduría.

La fe en Dios -¿cuál de ellos, Jehová, Alá, Olofi, Jesús?- es el motor de la humanidad, el que mueve todos los sentimientos de las personas. Por ellos se vive y se muere, se pelea y se mata, se perdona y se odia, se divide y se une. Son sencillamente los culpables de la catástrofe humana.

La creación vino a joderlo todo. ¡Éramos tan felices antes de eso! Ahora no hay marcha atrás, la suerte está echada y nos marca. A nosotros nos exigen. ¿Por qué? ¿No somos la instauración del amor?

A Dios le debemos lo que somos, nos acogió sin interés ni hipocresía, no pretendió nada ni habló de más, solo nos abrazó y permitió que fuéramos humanos o al menos lo intentáramos. Llora cuando nos ve divididos o en guerra, ríe a carcajadas cuando estamos bien, pero nos castiga con sus fenómenos, nos mata en tropel y nos deja en tinieblas.

Somos como hermanos y peleamos como enemigos, tenemos casi lo mismo pero nos envidiamos, queremos más que aquel y no aceptamos estar por debajo. Pedimos, pero no brindamos, buscamos y ayudamos a perder, damos vida y sin embargo la quitamos.

Años de experiencias no dan lo que queremos, al final vemos que no hay nada, es un suspiro que se va, un aliento agónico, en un segundo termina y comienza todo.

¿Qué es esto? ¿Quién está detrás de todo? Solo se oye la voz, aquella que nos metió en el pecado y nos enseñó que el sexo es rico, que la homosexualidad no es herejía. Esa voz disfrazada algunas veces del mal y otras del bien, ¿por qué se esconde? ¿Acaso no es suficientemente poderosa para dar su cara? ¿O no?

La cueva es el amor, el refugio es la política, el escondrijo es la fe. Muchos piensan que esta mierda se acaba…Ojala, a ver si de una vez descubrimos todo. O nada. El polvo o el espíritu, lo negro o lo blanco, la tierra o el agua, la riqueza o la pobreza, la risa o el llanto. ¿Dónde queda el resguardo? ¿En qué lugar me escondo si en todos me ven?

El pecado nos enseñó quien era aquel que se muestra como la verdad, la caída nos mostró que somos, nos desnudó y nos violó. Después se arrepiente, ¿de qué? De la mierda que creó, de la basura que ocupó su tiempo, del desastre que generó por ejemplo que sus hijos fueran los primeros homosexuales. Ahora los odia y reconoce que no tienen culpa, y nosotros siempre tropezando en su ley, en las tablas sagradas escritas en un monte y por ellas nos condena.
Introdujo la belleza para que la admiráramos, la fealdad para que supiéramos odiar y criticar, la fortaleza para temer, el débil para abusar, la inteligencia para ser envilecida y la ignorancia para arrinconarnos. Todo de acuerdo a sus intereses, a lo planeado.

No es capaz de descubrirse, a pesar de que todos lo buscan, teme a su fe, a sus beatos, a los asesinos y ladrones. No hay pastor que aguante, cura que indulte ni babalao que sane. Corren tras Él, pero con recelos.

Es el mayor callejón sin salida que existe, la guarida que nos oculta de los demonios que están en la otra habitación, a solos dos pasos de nosotros, separados por un toque en la puerta… Apenas un roce y ya estamos maldecidos.

Fue el mejor maestro, no había otro. Siempre nos enseñó que la vida es pisotear para saber lo que es agradecer. Nos criticó que fuéramos ambiciosos, pusilánimes y egoístas. Pero es el primero en exigir de todos, desde lealtad hasta traición. Es el leviatán de la biblia, el monstruo de las nieves y el fantasma de la opera, maravillosamente hecho para él mismo, para su única y exclusiva recreación.

No existe nadie más, no lo permite, ni siquiera al primogénito le deja tener algo de gloria. Somos sus esclavos, dueños de una tierra que nos prestó hasta que quiera. Nadie está seguro, todos viven en la incertidumbre de un desastre ocasionado por su naturaleza, esa que dice que amemos.

Hay algo en nosotros que es de Él, o viceversa. Unos le creen, otros ni lo mencionan, así es Él, el salvador que nos hundió en la miseria cuando éramos ricos. Dice traer la solución, pero la esconde para que sigamos tras Él. Le gusta, lo excita, lo enorgullece su poder sobre nosotros.

También a veces lo dominamos, entonces no es nadie: su fuerza está en el miedo. Nuestro temor es lo desconocido, por eso hizo lo que hizo, sin pedir permiso ni perdón, sin el más mínimo cuidado de ofender lo más bello y sublime.

No dice qué hay, no lo hará, es un maniático que quiere que creamos que es todo, y a veces tiene razón. Que su amor es grande, cierto, el nuestro también. ¿Quién debe más?
La deuda es ambigua y el pago injusto. ¿Qué hacemos, por donde coger?

Ya ven, se oculta, luego dice que lo oye y ve todo, que está en todo lugar, hasta en nuestras mentes. Falso, aunque seas omnipresente, sé que dentro de mí te puedo engañar. A fin de cuentas soy simplemente tú.
adolfo_pablo@yahoo.com