Managua, La Habana, 18 de noviembre de 2010, (PD) Hace unos días, el Presidente de Chile, Sebastián Piñera, patentizó de forma pública, a través de la revista brasileña Veja, su deseo de que los cubanos pudiéramos vivir en democracia y disfrutar del respeto a los derechos humanos.
Hay que agradecer con fuerza a Piñera esas declaraciones. Ojala que ese deseo suyo, que es el de la inmensa mayoría del pueblo de Cuba, se haga realidad pronto.
Los cubanos necesitamos mucho de la solidaridad de América. Si la mayoría de los presidentes democráticos de este continente hicieran declaraciones similares sobre Cuba a las hechas por Piñera, adelantaríamos en el camino hacia el logro de un gobierno “con todos y para el bien de todos”, como deseaba José Martí.
El régimen castrista sólo tiene en el Continente Americano cinco presidentes que le son incondicionales: Rafael Correa, Hugo Chávez, Cristina Fernández, Evo Morales y Daniel Ortega. Los demás son personas que creen en la democracia. Es lógico que también la deseen para Cuba.
El gobierno de La Habana alega en los foros internacionales, de forma casi permanente,
que el pueblo cubano eligió soberanamente el régimen político y social existente en el país hace casi 52 años. Pero los cubanos nunca hemos podido, de forma libre, opinar al respecto.
No es un secreto para nadie que en la isla el Estado es dueño de vidas y haciendas. En esa existencia, donde los que no apoyan al régimen son tratados como parias, y los que se le enfrentan considerados enemigos de la nación, donde hay gran similitud con cualquier tipo de esclavitud clásica, nunca ha sido posible para los ciudadanos hacer valer, o simplemente dar a conocer, su opinión sobre el régimen social, económico y político que desean que exista en Cuba.
Un plebiscito, con todas las garantís internacionales requeridas al efecto, pudiera arrojar luz sobre lo que los cubanos desean en esas importantísimas asignaturas. Se conocería sin ninguna duda si quieren la democracia participativa y representativa o si desean continuar bajo un régimen de partido único y con gobernantes vitalicios.
Los presidentes de la región deberían hacer esa demanda, y Estados Unidos comprometerse, sin importar cual sea el resultado, a suspender el embargo económico si se efectúa ese referéndum.
Si los Castro ganan, podrían decir entonces de manera real que su gobierno es legal y que es genuino representante del pueblo de Cuba. Si pierden, se irían y dejarían que los cubanos escojan libremente a sus representes y el rumbo que desean darle a la vida de su país.
Esto no es una quimera. Si los demócratas de América lo exigen, y apoyan los de otras partes del mundo, lograr esa consulta es algo que puede ser posible muy pronto.
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