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CUANDO SUENAN LAS CAMPANAS
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Frank Cosme
Litógrafo. Reside en La Habana. primaveradigital@gmail.com  
Por Frank Cosme
Publicado el 25/11/2010
 
Santos Suárez, La Habana, 25 de noviembre de 2010, (PD) “Sin un entendimiento de la verdad, la vida se reduce a la afirmación de los deseos individuales de cada uno de nosotros, no existe la libertad del otro, lo que inevitablemente conduce al caos.
Puesto que el ser humano teme al caos por encima de todo, buscará las cadenas de la tiranía para poner orden a su vida. La libertad al margen de la verdad, es pues su propia y mortal enemiga.”

Lo anterior podría adjudicársele al pensamiento racionalista de Descartes, tal vez a algún filósofo de la Grecia antigua o para estar a tono con la moda actual, atribuírselo a cualquiera de las religiones asiáticas.

Santos Suárez, La Habana, 25 de noviembre de 2010, (PD) “Sin un entendimiento de la verdad, la vida se reduce a la afirmación de los deseos individuales de cada uno de nosotros, no existe la libertad del otro, lo que inevitablemente conduce al caos.
Puesto que el ser humano teme al caos por encima de todo, buscará las cadenas de la tiranía para poner orden a su vida. La libertad al margen de la verdad, es pues su propia y mortal enemiga.”

Lo anterior podría adjudicársele al pensamiento racionalista de Descartes, tal vez a algún filósofo de la Grecia antigua o para estar a tono con la moda actual, atribuírselo a cualquiera de las religiones asiáticas.

Sin embargo, proviene de un humilde polaco que llegó a ser la máxima autoridad de la Iglesia Católica: su nombre, Karol Wojtyla y fue conocido como Juan Pablo II.

Apologistas y detractores de la Iglesia Católica reconocen en este Papa uno de los hombres más extraordinarios que dio el siglo XX. Una encíclica, (documento solemne que dirige el Papa a los fieles del mundo), cuyo nombre fue precisamente “Solidaridad” fue utilizada por sus coterráneos para “unificar” los distintos movimientos contestatarios que existían en Polonia y que dieron inicio al derrumbe del sistema totalitario más férreo que ha conocido la humanidad, el comunismo.

Pero si hubo un Sumo Pontífice -conocido por haber sido contemporáneo- de esta iglesia cristiana llamada católica que fue positivo, también han existido otros que por sus actitudes han sido totalmente negativos a los principios que instituyó Cristo para su iglesia, cuya primera cabeza visible fue Pedro.

Si se ignora la lucha que tuvo este reciente Papa Juan Pablo II en el seno de su propia institución con fuerzas negativas que existen dentro de ella misma y que han originado una pérdida de prestigio y confianza en esta institución, creada no por los hombres, sino por el propio Cristo, es lógico que se desconozcan otras cosas peores que han ocurrido en estos 2010 años en esta ¿iglesia?

Cuando puse entre signos de interrogación iglesia fue para enmarcar la confusión existente con este término. Iglesia significa asamblea, que es precisamente lo que se constituye cuando todos, laicos y sacerdotes, se reúnen en el templo. No se va a la iglesia, se va al templo.

De esta agrupación o esta asamblea, algunos olvidan que está compuesta por seres humanos con características que pudiéramos designar como buenas, regulares y malas. Es en este concepto que surge la confusión, pues se tiende a creer que por el mero hecho de asistir a un templo católico todos deberían ser “santos”. Es aquí que el católico de formación, reconoce, basado en la propia historia de la iglesia en estos 2010 años, que no muchos laicos y sacerdotes, sobre todo estos últimos, que son los guías o líderes en sus respectivas iglesias, hacen lo que supuestamente deberían de hacer en nombre de Cristo.


Es por eso que el verdadero católico, no el neo-católico que hace olas en esta debacle que vivimos en la isla después del 1989, donde el crecimiento desmesurado de una feligresía que nunca fue cristiana y que ha introducido “métodos y estilos de trabajo” en los templos católicos propios de los CDR, el PCC, o los sindicatos, no se confunde.

Ha pasado desapercibido también por algunos que católicos reconocidos no sólo como tales, sino internacionalmente por su lucha por los derechos ciudadanos en Cuba han criticado ciertas posturas de la ¿iglesia? local y hasta de representantes del Vaticano en sus relaciones con el estado comunista cubano, sin que por ello teman achicharrarse en el infierno.

Aquellos que hemos permanecido fieles a esta creencia durante estos últimos 51 años, que hemos sido discriminados e insultados, que hemos tenido unión y amistad fraternal con miembros de otras iglesias cristianas, igualmente segregadas en aquellas primeras décadas en que el estado era un acérrimo perseguidor de todo lo que oliera a religión o sociedad fraternal, incluidos los cultos afrocubanos, no nos confundimos.

Sabemos que el clericalismo “es influenciar desde una posición política que pueda tener un sacerdote, basado en el respeto que puedan tener los fieles a su palabra. Sobre esto, Juan Pablo II también advirtió en otra encíclica al clero cuando hablaran sobre temas que no fueran exclusivamente religiosos.

Hoy día suenan muchas campanas en torno a esta iglesia católica del patio. Entre las normales críticas ancestrales de agnósticos, nihilistas, ateos o comunistas, tenemos un nuevo tipo de evangélico nacido después de la revolución, que no conoció la época en que todos éramos metidos en una trituradora ni tampoco la solidaridad entre cristianos de todas denominaciones en esa época, o neo-católicos que han llegado a esta institución con un currículum anti-católico que dejaría en segundo plano a célebres perseguidores de esta iglesia. Todos juntos confunden personajes con iglesia y como ya se dijo la iglesia somos todos, incluyendo las que existen en casi todos los rincones del planeta. La propia palabra “católicos”, derivada del griego katholikos, significa universal.

La historia ha demostrado que una institución creada por el hombre no resiste el paso del tiempo. Un ejemplo claro, el Nacional Socialismo alemán, que iba a durar milenios y sus primos los comunistas por el estilo.

A pesar de sus enemigos externos e internos, que incluyen laicos, curas y hasta Papas, aquellas palabras de Cristo al principio de la era cristiana dirigidas a Pedro (piedra) resuenan a pesar de transcurridos 21 siglos: -“Y yo te digo a ti que tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Al parecer, hasta ahora se ha cumplido.
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