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RAVSBERG, LOS HOTELES, LAS REMESAS Y EL SALVADOR
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Luis Cino

Periodista independiente. luicino2004@yahoo.com

 
Por Luis Cino
Publicado el 25/11/2010
 
Arroyo Naranjo, La Habana, 25 de noviembre de 2010 (PD) Confieso que me resulta una experiencia cuando menos desconcertante que Fernando Ravsberg, el periodista de BBC Mundo, me explique desde su blog cómo son las cosas en mi país. Porque sigo sin dar con la multitud de nuevos ricos que vacacionan en los hoteles de cinco estrellas de las cayerías y mucho menos con los que desde Cuba, en un insólito flujo inverso de las remesas, mantienen a toda leche a sus familiares en el exterior.

¡Y miren que he averiguado! Pero las hordas de ricachones que no sean los de siempre –ya sabemos quiénes, siguen como los leones de Tartarín de Tarascón. Supongo sea por no haber cultivado las relaciones con súper macetúos, jineteras exitosas en obtener certificados de matrimonio y pasaportes, funcionarios corruptos y pillos de cuello blanco y otros no tan blanco, ases del invento con mayúscula y sin bozal.

Arroyo Naranjo, La Habana, 25 de noviembre de 2010 (PD) Confieso que me resulta una experiencia cuando menos desconcertante que Fernando Ravsberg, el periodista de BBC Mundo, me explique desde su blog cómo son las cosas en mi país. Porque sigo sin dar con la multitud de nuevos ricos que vacacionan en los hoteles de cinco estrellas de las cayerías y mucho menos con los que desde Cuba, en un insólito flujo inverso de las remesas, mantienen a toda leche a sus familiares en el exterior.

¡Y miren que he averiguado! Pero las hordas de ricachones que no sean los de siempre –ya sabemos quiénes, siguen como los leones de Tartarín de Tarascón. Supongo sea por no haber cultivado las relaciones con súper macetúos, jineteras exitosas en obtener certificados de matrimonio y pasaportes, funcionarios corruptos y pillos de cuello blanco y otros no tan blanco, ases del invento con mayúscula y sin bozal.

Recientemente el periodista, que no podía creer la cantidad de turistas extranjeros que se casan en las paradisíacas playas cubanas (más de 500 bodas en el año 2009) se dio un descanso en la cobertura a las reformas raulistas y los forcejeos de la burocracia retranquera y se dio un brinquito a Cayo Santa María. Allí se sorprendió de la cantidad de cubanos bullangueros, alegres, desinhibidos, bailadores de salsa y con cadenas de oro, que vacacionaban en el hotel.

El director del hotel le dijo que durante este verano hubo días con más huéspedes nacionales que extranjeros. Según explicó, este año hubo fines de semana con 600 huéspedes cubanos. Cuando Ravsberg averiguó quiénes son los nacionales que vienen al hotel, el director le aclaró que no lleva un control (no sé si habrá hablado claro y le habrá dicho que el tal control lo lleva el Departamento Técnico de Investigaciones y la Seguridad del Estado para averiguar cuánto gastan y lo principal, de dónde sacan el dinero) pero sabe que casi todos son artistas, deportistas o trabajadores por cuenta propia.

En uno de sus últimos posts, Ravsberg se encarga de descartar la idea de que los cubanos pagan su hospedaje en los hoteles con las remesas que le envían sus familiares en los Estados Unidos. Calcula que si el 80% de los cubanos recibiera remesas, a cada uno le tocarían alrededor de 28 centavos de dólar. Sucede que casi la mitad de los cubanos tiene poco o ningún acceso a la moneda dura. Y como puede asegurar Ravsberg con toda razón, “la vida en Cuba no es tan barata” para mal comer un día, no con poco más de la cuarta parte de un dólar, sino con 20 veces esa cantidad, que en la mayoría de los casos no ganan en un mes si trabajan para el Estado.

El periodista aprovechó para intentar dilucidar el verdadero impacto social y repercusión económica en Cuba de las remesas familiares “más allá de cualquier mito políticamente interesado” (que afecte los intereses del régimen, por supuesto).

Se calcula el monto de las remesas entre los 983 y los 985 millones de dólares. Para facilitar las cuentas y dar margen al dinero que traen “las mulas” y obviamente no declaran, Ravsberg redondea la cifra en mil millones, un ingreso similar (gracias al impuesto leonino del 240 % con que grava los precios en cuc) al que gana el gobierno cubano por el turismo. Pero el periodista explica que constituye sólo la cuarta parte de lo que obtiene el estado cubano por el trabajo en el exterior de los 50 000 cooperantes internacionalistas, fundamentalmente médicos.

Más allá de la existencia apabullante de muchos cubanos ricos, cazadores de ratones o no, de la que Ravsberg nos quiere convencer, me enferma sólo pensar la diferencia de los que vacacionan en hoteles con el resto de la población, absolutamente miserable. Supongo (y creo que Don Fernando coincidirá conmigo) se hará mucho mayor ahora que Los Jefes se proponen “la actualización del modelo de socialismo” a golpe de despidos laborales y terminación de los subsidios, entre otras linduras que tomaron prestadas del más salvaje capitalismo que sólo conocíamos, de lejos, por las referencias tremebundas de Granma y el NTV.

De todos modos, Ravsberg, una autoridad en materia de comparaciones entre El Salvador y Cuba (en su post menciona que los emigrados salvadoreños envían casi el triple de remesas que los cubanos) dirá -y no lo dudo- que el abismo entre ricos y pobres será mayor en El Salvador que en Cuba. Supongo sea proporcionalmente tan grande como la diferencia que había entre el desarrollo de ambos países en 1959, algo a lo que Ravsberg parece prestar poca atención. Y menos mal que no nos compara con Haití.

A propósito, ya que hablamos de Cuba y El Salvador, ¿imaginará Ravsberg qué cara habría puesto -de estar entre los vivos- el líder marxista salvadoreño Shafik Handal, hoy que los compañeros cubanos copian lo peor de las experiencias capitalistas en América Latina, si le preguntaran lo que preguntó sonriente en julio de 1993 el Máximo Líder, cuando sin que se lo pidiera el FMI, anunció la dolarización de la economía y la luz verde a las inversiones extranjeras: “¿Quién lo hubiera dicho, Shafik?”.
luicino2004@yahoo.com