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APRENDER LA LECCIÓN
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Odelin Alfonso Torna
Periodista independiente. odelinalfonso@yahoo.com 
Por Odelin Alfonso Torna
Publicado el 25/11/2010
 
Arroyo Naranjo, La Habana, noviembre 25 de 2010 (PD) No debemos creer que la ola de desempleo, reordenamientos, reajustes, acomodos de plantillas o como le quieran llamar, que se da por estos días, ocurre por primera vez en Cuba socialista. Cuando comencé a trabajar, con apenas 19 años, en una línea de ensamblaje de televisores rusos a color, justo cuando el campo socialista se desmoronaba, viví algo similar.

Aquellos radio-mecánicos excedentes de la plantilla en el complejo “Primero de Mayo”, en el capitalino municipio de Boyeros, eran enviados a cubrir el déficit laboral en plantas telefónicas o en líneas de ensamblaje de bicicletas chinas. Como yo, nunca más regresaron bajo la tutela estatal.

Arroyo Naranjo, La Habana, noviembre 25 de 2010 (PD) No debemos creer que la ola de desempleo, reordenamientos, reajustes, acomodos de plantillas o como le quieran llamar, que se da por estos días, ocurre por primera vez en Cuba socialista. Cuando comencé a trabajar, con apenas 19 años, en una línea de ensamblaje de televisores rusos a color, justo cuando el campo socialista se desmoronaba, viví algo similar.

Aquellos radio-mecánicos excedentes de la plantilla en el complejo “Primero de Mayo”, en el capitalino municipio de Boyeros, eran enviados a cubrir el déficit laboral en plantas telefónicas o en líneas de ensamblaje de bicicletas chinas. Como yo, nunca más regresaron bajo la tutela estatal.

De estos casos, por ejemplo, mi amigo Jaime se dedicó por entero a llenar fosforeras al costado de la tienda El Cadete, en Centro Habana; Lorenzo, hasta donde supe de él, en el año 2005 era “dueño” de una pequeña cafetería en Alta Habana, municipio Boyeros.

Más triste es el caso de mi amigo Evaristo, primer expediente y hábil reparador de equipos de comunicación y control aéreo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Hoy es empleado de un cuentapropista que se dedica a reparar hojas de muelles en viejos automóviles americanos, en la intercepción de calle 100 y Calzada de Bejucal.

De estos temas relacionados con los despidos tratan en el primer y segundo seminario sobre los lineamientos del congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC). Un tercero y cuarto, si es necesario, está por cocinarse al fuego –no tan lento- en los portales del poder divino, con la premisa de embarajar el desacomodo laboral y con esto, ahorrarse más desembolsos salariales.

Ahora es materia obligada también aprenderse los numeritos de nuestra economía, que en realidad nunca fue nuestra, esos números que se inflan o desinflan según las muecas del Gran Jefe. Después de encontrar despeje a la ecuación en la “macroeconomía”, el gobierno dice que logrará equiparar los salarios básicos con la oferta.

¿Cuántos años habrá que esperar para llegar a ese balance? ¿Los mismos que esperaron hasta el cansancio Jaime, Lorenzo, Evaristo y quien les habla?

Tendría que preguntarle a mis vecinos jubilados, a Macías o al ex coronel Castilla, viejos criadores de conejos contratados por el Estado, qué hacían los “administradores socialistas” con esa carne exquisita que ellos estregaban cada mes, a cambio de sólo siete pesos por kilogramo (unos 9 centavos de dólar). Cómo le explico al viejo Peña, dueño de un paladar en el Reparto Eléctrico, que el estado sin invertir nada y exponerse a tanto, ganará más que él solamente por concepto de impuestos.

El gobierno de Raúl Castro no tiene forma de manejar la crisis y ahora se apea con que tenemos que entender y dominar el asunto de los “reajustes” económicos, el preámbulo para que la espina bífida del partido único, mañana sepa cómo usar sus comodines, claro sin “despilfarros o subsidios innecesarios”.

Sucede que mientras los cuentapropistas no sean capaces –con sus impuestos- de cubrir los salarios básicos del sector estatal, la Seguridad Social o el improductivo Ministerio del Interior, no se le puede poner fecha límite a los despidos. Si no: ¿Con qué le compramos las papas, los frijoles y el trigo a Dakota del Norte? ¿Con qué divisa importamos el café de Vietnam, el petróleo de Venezuela o la hoja de coca boliviana con fines “medicinales”?

Ahora puedo entender el por qué llegamos al punto de vender, al valor de un peso, los lineamientos del congreso del Partido Comunista de Cuba y a dos pesos el tabloide de las resoluciones del trabajo por cuenta propia. Vale todo, pero no valen todos.

De los que queden en la calle, aquellos que no admitan el reacomodo laboral o la imposición de una actividad por cuenta propia tutelada por el partido único, aprenderán la lección. De eso se trata en los seminarios del PCC, el preámbulo de su VI Congreso. De ejercer el control de las cesantías y sobre todo, reajustar los mecanismos tributarios en bien de ellos mismos.
odelinalfonso@yahoo.com