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MENTIRAS Y POCO MÁS
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Adolfo Pablo Borrazá

Sagua la Grande, Villa Clara, 16 de enero de 1977. Graduado del Curso de Capacitación a Periodistas de la Universidad de la Florida.

adolfo_pablo@yahoo.com

 
Por Adolfo Pablo Borrazá
Publicado el 25/11/2010
 
Centro Habana, La Habana, 25 de noviembre de 2010 (PD) En el Hospital Salvador Allende, ubicado en El Cerro, La Habana, el pasado día 20 de octubre hubo una inspección provincial, en la que se verificaría las faltas y deficiencias del mismo. Un día antes los trabajadores y jefes se volcaron a dejar la clínica en perfectas condiciones para la anunciada visita, lo que aseguraría una óptima evaluación. La cocina central se esmeró en hacer un delicioso almuerzo, lo que nunca sucede, pues los trabajadores del centro se acostumbraron a comer como los perros. Al final, el resultado de excelencia fue lo vaticinado por la dirección del hospital. Luego volvieron las faltas.

Centro Habana, La Habana, 25 de noviembre de 2010 (PD) En el Hospital Salvador Allende, ubicado en El Cerro, La Habana, el pasado día 20 de octubre hubo una inspección provincial, en la que se verificaría las faltas y deficiencias del mismo. Un día antes los trabajadores y jefes se volcaron a dejar la clínica en perfectas condiciones para la anunciada visita, lo que aseguraría una óptima evaluación. La cocina central se esmeró en hacer un delicioso almuerzo, lo que nunca sucede, pues los trabajadores del centro se acostumbraron a comer como los perros. Al final, el resultado de excelencia fue lo vaticinado por la dirección del hospital. Luego volvieron las faltas.

Años atrás, cuando laboraba en la fábrica de galletas “La Gilda”, recuerdo que sucedió algo similar. Una inspección anunciada días antes motivó que se limpiara la fábrica y se hicieran mejores galletas. El almuerzo aquel día fue de príncipes. Y el resultado fue lo que esperaba el administrador. Después vino el desastre acostumbrado.

Esto ocurre igual en escuelas, círculos infantiles, hogares de ancianos, comercios minoristas y centros de servicios gastronómicos. En cada empresa o centro laboral, es bien conocido que cuando una visita de cualquier índole acecha, siempre es avisada con antelación desde “arriba” para asegurar una eficiente evaluación. Como guerra avisada no mata soldados, es entonces cuando viene la gran mentira, esa que vemos en los medios oficiales de comunicación y que engaña a buena parte del mundo.

Lo que más apena es la boca cerrada de las personas que son víctimas y a la vez protagonista de estas farsas. Las necesidades y carencias hacen que algunas personas mantengan el mutismo a cambio de poder robar para vender en el mercado negro para poder sobrevivir.

La doble moral está generalizada y es muy difícil de eliminar, pues desde el mismo Politburó se violan hipócritamente las leyes y disposiciones reglamentarias. Todo es una gran maquinaria que en definitiva sirve para mantener en el poder a los artífices de esas farsas.

Algo degradante y fatal es que hasta los niños crecen con esa mentalidad, que va arraigándose desde la escuela primaria.

Pero al estado no le interesa nada de eso, solo le importa que el mundo crea que en Cuba funciona el socialismo y que los cubanos vivimos en paz y armonía, alabando y admirando al Máximo Líder.

Solo me resta decirles algo: no crea en todo lo que le digan. Les puedo asegurar que en Cuba casi todo es mentira.
adolfo_pablo@yahoo.com