Marianao, La Habana, 25 de noviembre de 2010, (PD) Después de mucho pensarlo, los héroes burocratizados han puesto su huevito estéril: celebrarán en abril del venidero 2011 un congreso menguado, cuyo guión general fue anunciado con marcial fanfarria y puesto a la venta en los estanquillos de prensa, bajo el farragoso título de Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social.
Acudí a comprarlo, como casi todos los disidentes. Cuando empecé a leerlo, esperaba encontrar ciertas novedades, con las cuales discrepar o coincidir. Apuré sus 32 páginas sin dar con nada y me dispuse a releerlo más concienzudamente. Ahora que lo he repasado por tercera vez, estoy convencido de que sus redactores son humoristas de los mejores, de los que toman muy en serio su oficio. Si no supiera que Enrisco se fue de Cuba hace muchos años, sospecharía de su autoría.
En realidad, el texto es una pieza magistral de la literatura burocrática: frío, metódico, hermético, no hace concesiones de estilo y les impone a sus lectores una exigencia que los espanta casi desde las primeras líneas.
Se trata de una pieza para ser acatada, no comprendida y mucho menos debatida, mediante la cual los que nos desgobiernan procuran matar varios pájaros de un solo escopetazo. Primero, salen ya de una vez del pendiente Congreso, celebrando una versión condensada del mismo, para que Pedro Campos y compañía dejen ya el tema. Como la política quedará excluida, no tendrán que pasar al retiro al Primer Secretario ni mentar para nada los Derechos Humanos. Segundo, sus cómplices nacionales e internacionales podrán hacerles la pala y anunciar urbi et orbi que están dispuestos al Cambio (de la chamarreta verde olivo por la guayabera.)
Los 291 epígrafes que componen el texto están repletos por igual de pensamiento desiderativo expuesto de modo impersonal, monótono y obvio a más no poder. Repasemos el último y el primero de estos apotegmas:
291. Ejercer un efectivo control sobre la gestión de compras y la rotación de inventarios en toda la red comercial, tanto mayorista como minorista, con vistas a minimizar la inmovilización de recursos y las pérdidas.- Reza el último de ellos. Como ellos mismos confiesan, solo aspiran a minimizar pérdidas. De ganancias, ni hablar. Eso es mala palabra en “El sistema de planificación socialista (que) continuará siendo la vía principal para la dirección de la economía nacional”, como enfatiza el número uno.
No obstante, los lectores más abnegados detectan un implícito reconocimiento del fracaso abrumador del sistema a lo largo de todo el texto, patentizado por el empleo de términos como potenciar, reestructurar, lograr, desarrollar, etc., que ponen indirectamente en evidencia la caótica ruina en la que nos han empantanado.
Hay que subrayar que los redactores del documento no adelantan ni cómo ni quiénes serán capaces de llevar a cabo todos esos buenos propósitos, y muchísimo menos osan responsabilizar a ningún héroe con este desastre. ¿Se ocupará de eso el anunciado VI congresito? Lo dudo.
A lo sumo, creo que detrás del limitado reconocimiento a la autonomía de las empresas estatales se oculta una doble intención. La jerarquía toma distancia respecto al funcionamiento concreto de la economía, alejándose así de su responsabilidad nominal, sin renunciar por ello al ejercicio de sus omnipotentes caprichos. Los funcionarios civiles caen del balcón y quedan expuestos a un trato mucho más duro por parte del estamento militar, que confirma su superioridad social indiscutible.
Ni en este ni en ningún otro documento o discurso se cuestionan ni las plantillas ni los sueldos que los militares, esos patriotas profesionales, devengan. La última disposición respecto a las jubilaciones tampoco se les aplica. Puesto que en general son improductivos, es previsible que la nueva política fiscal los beneficie plenamente. Sin dudas, sus intereses estarán sobradamente representados en el evento de abril, que sólo será el mes más cruel para el millón y tantos de cubanos cesanteados.
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