
Prisión San Agustín, Ceiba Mocha, Matanzas, 2 de diciembre de 2010, (PD) Resulta irrespetuoso y falto de ética, escuchar a través de los medios en Cuba como se difunde el batallar de médicos y técnicos de la salud en Haití. La solidaridad es un gesto muy hermoso y de infinito amor, pero sólo cuando el que lo realiza no hace honor a lo que decía mi abuelita, “Fulanito es candil de la calle y oscuridad de su casa”.
Aquí, en el Campamento Confianza, de la Prisión San Agustín, en Ceiba Mocha, Matanzas, tenemos una doctora en medicina, pero no medicamentos. Desde hace más de cinco meses, las fosas sépticas están desbordadas. Entonces, vierten sus residuales pestilentes que contaminan la atmósfera y el suelo de forma casi permanente. Son fuente real de proliferación de mosquitos. Esto, en un lugar que nunca se fumiga y donde no se aprecia preocupación de ninguna especie en relación con esto por parte de los militares que administran el campamento.
Hoy, se hacen gestiones para conseguir un camión cisterna que colecte los desechos fecales, acometer otras labores de acondicionamiento y tratan incluso de colocar algunas tapas. Pero ninguna de estas iniciativas se dirige a cuidar la salud de los reclusos. Se trata de que esperan próximamente la visita de militares venezolanos que recogerán esta novedosa experiencia cubana para aplicarla allá en Venezuela. ¡Pobres venezolanos!
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