Arroyo Naranjo, La Habana, 2 de diciembre de 2010 (PD) Hablaba de Irlanda hace unos días con mi amigo Paulino Alfonso. Más bien hablaba él, que es economista. Porque hablábamos de economía. ¿De qué otro tema se puede hablar respecto a Irlanda por estos días?
Y qué podía decir yo que sólo sé que los irlandeses, devotos de Saint Patrick, son más católicos que el Papa Ratzinger y trinan con cierta razón cuando los confunden con los ingleses. De la brumosa Eire, conozco poco más que el “Ulises” de James Joyce, que confieso leí por obligación y disciplina, la música de U-2, que antes me gustaba más, y las canciones de Van Morrison, que tienen que ver más con New Orleans que con Dublin.
Paulino se esforzaba por explicarme cómo reventó -¿de la noche a la mañana?- el milagro económico irlandés y de paso, me enumeró la larga fila de riesgos económicos que enfrenta la Unión Europea, con tantos parientes pobres como ha decidido cargar. Para desesperación de Paulino, un experto en potabilizar y hasta amenizar tan áridos temas, mi comprensión sobre el asunto mejoró poco.

La economía no es mi fuerte, le hago rechazo supongo que por culpa de aquel moscovita Manual de Economía Política de Nikitin, que me tuve que empujar en mis tiempos de estudiante, más obligatoriamente y con muchísimo menos gusto que el “Ulises” de Joyce. Apenas sé administrar malamente las finanzas de mi casa, justo lo necesario para llegar al próximo cobro. Ahorrar dinero y dejar de fumar son vanos propósitos que me hago para cada nuevo año. Sospecho que los préstamos me harían deudor del Club de París, aunque no tanto y con tan mala fama como el gobierno cubano, porque si no economía, al menos aprendí a ser honrado y a cumplir mis compromisos de pago.
Me temo que mi cojera económica me coloca en desventaja en los tiempos difíciles para los bolsillos y los estómagos que se nos vienen encima a los cubanos con las terapias de choque que los Jefes comunistas tomaron prestadas del capitalismo salvaje. Máxime cuando el general Raúl Castro, en una reciente reunión del Consejo de Ministros para analizar el plan económico y presupuestario para el año 2011 dijo que la primera asignatura es la economía y que “hay que meterse de lleno en su estudio, desenvolvimiento y control”.
Por suerte, la recomendación del general-presidente es para los dirigentes políticos. Falta que les hace, entre otras muchas cosas, aprender economía. Lástima que el aprendizaje sea tan tardío.
Me consuela la aseveración del general-presidente de que las ideas de Fidel Castro son el fundamento de todo lo que se hace hoy en Cuba en materia económica. Y digo que me consuela no porque tenga esperanzas de que algo positivo vaya a resultar de la actualización del modelo socialista, sino porque presiento que el aprendizaje económico no será muy riguroso. A juzgar por los resultados, el Comandante no debe saber de economía, lo que se dice economía, mucho más que yo. Es decir, casi nada.
En los debates sobre los Lineamientos de la Política Económica y Social para el VI Congreso del Partido Comunista llaman a “entrarle a la economía a camisa quitada”. ¿Para qué? ¿Para contarnos las costillas? ¿Para averiguar si nos hemos hecho algún tatuaje subversivo? ¿Para que los nuevos capataces del socialismo de timbiriche nos den latigazos en la espalda?
Si hablamos de camisas quitadas, ¿por qué mejor no le quitan la camisa de fuerza a las reformas que ni siquiera se atreven a llamar así? Sospecho que nuestros infalibles dirigentes aspiran a encontrar, cuando nos quitemos la dichosa camisa, en vez del pellejo, una camiseta roja con el letrero ¡Ordene!
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Caricatura: Ilei Urrutia