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MEMORÁNDUM DE LA BARBARIE
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Frank Cosme
Litógrafo. Reside en La Habana. primaveradigital@gmail.com  
Por Frank Cosme
Publicado el 2/12/2010
 
Santos Suárez, la Habana, 2 de diciembre de 2010 (PD) El pasado 27 de noviembre se cumplieron 139 años del fusilamiento de los estudiantes de medicina, en 1871.

Ocurrió esto en los comienzos de nuestra primera gesta por independizarnos, que al final resultó en un rotundo fracaso a causa de las discrepancias entre cubanos.

Esta barbarie se desencadenó porque “las brigadas de respuesta rápida” de aquellos tiempos, el Cuerpo de Voluntarios de la colonia española, con la aprobación del gobierno, tenían carta blanca para cometer cuanta fechoría y desmán se les ocurriera para sembrar el terror entre la población cubana, que a todas luces quería la independencia.

Santos Suárez, la Habana, 2 de diciembre de 2010 (PD) El pasado 27 de noviembre se cumplieron 139 años del fusilamiento de los estudiantes de medicina, en 1871.

Ocurrió esto en los comienzos de nuestra primera gesta por independizarnos, que al final resultó en un rotundo fracaso a causa de las discrepancias entre cubanos.

Esta barbarie se desencadenó porque “las brigadas de respuesta rápida” de aquellos tiempos, el Cuerpo de Voluntarios de la colonia española, con la aprobación del gobierno, tenían carta blanca para cometer cuanta fechoría y desmán se les ocurriera para sembrar el terror entre la población cubana, que a todas luces quería la independencia.

Los sucesos del teatro Villanueva, la reconcentración de Weyler y el fusilamiento de los estudiantes de medicina constituyen los hechos más bárbaros y abominables que registra nuestra historia.

Sólo un digno español defendió a los estudiantes, el capitán Federico Capdevila, que aunque perdió la batalla por salvarles la vida, pues el juicio estuvo precedido desde el inicio por el pavor que sentían todos, hasta los magistrados, de esta horda de salvajes, sus principios cristianos de justicia se impusieron al temor, incluso de su vida.

Hoy sólo se recuerda a los estudiantes, pero mirándolo desde otro ángulo y con la experiencia de vivir una etapa similar, se debe recordar a este hombre que sobreponiéndose a su condición de español, de militar, a la indolencia de la colonia española y a las amenazas, supo tener el valor de nadar contra la corriente y ser un hombre justo.

Pero este hecho particular de nuestra historia no es de nuestra exclusividad. La historia de este mundo está llena de brigadas de respuesta rápida, actos de repudio, así como también de hombres justos.

Quizás el primer acto de repudio con su correspondiente brigada de acción rápida la sufrió el propio Cristo. Llegó un domingo a Jerusalén, el pueblo entero lo recibió batiendo palmas y en menos de una semana le crucificaron en el Gólgota.

Si ni el propio gobernador Poncio Pilatos quería crucificarlo, ¿quién entonces intrigó y manipuló para que le dieran muerte? ¿El pueblo o las brigadas de acción rápida dirigidas por fariseos, saduceos y herodianos, que veían peligrar sus posiciones tanto políticas como religiosas por la prédica de Cristo.

La misma vida de Cristo es el gran ejemplo para todos los tiempos de la forma en que actúan los seres humanos sometidos a presión. Pilatos se limpió las manos, el pueblo que le había recibido cinco días antes, incluidos los discípulos y los propios apóstoles, le abandonaron, incluso uno le traicionó.

En el año 70 después de Cristo, Tito Flavio enfrentó la rebelión del pueblo judío y destruyó Jerusalén y este pueblo fue desperdigado por todo el territorio del Imperio Romano, desde España hasta el mismo centro de Europa. Veinte siglos después, el Nacional-Socialismo de Adolfo Hitler creó los pelotones para tareas especiales, los camisas pardas, cuyo grito de guerra era ¡Die strasse frei der braunen bataillonen!, (“libres las calles para los batallones pardos”), cuya macabra tarea fue sembrar el terror en la población alemana. Persiguieron no solo a judíos, sino a todo aquel que no comulgara con el Nazismo.

En este memorandum de la barbarie volvemos a caer, en un giro de 360 grados, en el mismo punto que comenzamos, en nuestra desdichada isla. En el corto espacio que va desde 1902 hasta el presente, hemos tenido tres grupos del mismo corte de los ya citados: la Porra de Machado, los 33.33 de Batista y las Brigadas de Acción Rápida de los Castro, cuyos gritos también hacen referencia a la calle (la calle es de los revolucionarios).

Fue en 1980, en el “referéndum con los remos” del Mariel, cuando se estrenaron y “extremaron” estos grupos que evidentemente obedecen a una directiva y no al fervor popular.

En estos últimos tiempos y contrario al espíritu de las conversaciones surgidas para liberar a los presos políticos, dejar en paz a las Damas de Blanco, o reformar algunos conceptos socialistas que han llevado al país a la anarquía, vuelven a arremeter otra vez estas brigadas contra asociaciones independientes o personas. El acoso que ha sufrido últimamente Reina Luisa Tamayo es un claro ejemplo.
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