
Centro Habana, La Habana, 9 de diciembre del 2010, (PD) El rigor investigativo y la paciencia vacuna mostradas por el periodista Lázaro Barredo aclaran con mugidos convincentes el enyerbado potrero de la Patria.
Si hubiera demorado sólo medio siglo más en explicar por qué los cubanos no conocemos a las vacas en persona, es decir, en picadillo, bistec, o patipanza, hubiera puesto en duda la inmediatez informativa de la prensa revolucionaria.
Gracias a este señor, hoy pude conocer que un “cohete matavaca” lanzado desde Cabo Cañaveral, en la Florida, fue la causa principal de que los cubanos nos hayamos desvaquizados a lo largo, ancho y alto de la vida.
La razón de que ni siquiera el mondongo de una res premiara en cinco décadas nuestras mesas, estaba en la primera plana del periódico Revolución del 3 de diciembre de 1960: “Muerta una vaca del INRA por cohete yanqui”.
La caída en combate de la heroica vaca Tolón-Tolón mientras pastaba en un potrero de Holguín, obligó a desaparecer a estos aguerridos animales de las carnicerías y hasta del mapa de la isla.
Entonces comprendí por qué le suenan cinco años de prisión a quien le guiñe un ojo a una vaca, diez al que la piropee, quince al que le sujete una pata, y veinte a quien la mata.
Nadie quiso entender que si uno solo de nuestros ciudadanos tenía acceso a pegar una mordida al pernil de una vaca que podía estar más loca que una chiva, el elogio de la locura que se formaría en Cuba sería interminable.
Muchos llegaron a pensar que muerta la vaca, a comer ternero, pero la vida nos demostró que no puede ser así. Algunos descendientes de aquellas heroínas mugieron su desencanto y emprendieron cruzadas contra el proceso revolucionario.
En un documento reciente filtrado por Wikileaks al periódico Granma, se pudo conocer los planes conspirativos de una vaca contrarrevolucionaria para desestabilizar y luego abandonar el país.
Leamos si no este texto sembrado en la conciencia vacuna por la caída del cohete yanqui en suelo cubano.
“Querido Toro Sentado: Ya es hora de que te pares firme sobre tus cuatro patas y salgas a cornear a un ordeñador, ganadero, científico o técnico en inseminación artificial de apellido Ramonet.
Este individuo, dueño de la hacienda ganadera Le Monde Diplomatique, domina la información y asegura que mientras un tercio de la humanidad vive con menos de un dólar diario, una vaca europea recibe una subvención de cuatro dólares por día.
Y esto es preocupante, mi torito haragán. Porque si a nuestro dueño le diera por ponernos al nivel de las vacas francesas, españolas, suizas, holandesas o belgas, todo iría bien, pero seguro decide redoblarnos la miseria, en solidaridad con los cubanos, y en el mejor de los casos, sacrificarnos.
Estamos en las últimas, toro escapado, pues mientras tú recorres praderas encendidas de verdor, nosotros nos escondemos y sobrevivimos entre las piedras calientes, la tierra pelada, la falta de agua y de alimentos que han provocado en Cuba un clima que más tiene de terrorista que de fenómeno natural.
Pero eso no es todo. El clima social también está que arde, y ya ni en las noches estrelladas podemos salir a rumiar nuestros amores y pesares a los desérticos potreros, pues confundidos tras una pipa de miel sin miel, un tractor abandonado, los restos de un sistema de riego, se ocultan certeros matarifes que no nos dan tiempo ni a decir Muuuu antes de clavarnos el cuchillo.
Es horrible, Toro Sentado. De tanto pavor hemos perdido la costumbre de mugir, no sea que hasta el sonido nos graben y lo vendan como prueba de nuestra existencia, que aquí entre nosotros, es alarmante.
Somos tan diezmadas que nuestras hermanas en la provincia de Las Tunas permutan un cuartón en un potrero con arroyo seco y yerba virtual por una talanquera tapiada aunque sea en los Remates de Guane, según nos informó tu abuelo Buey Cansao, único sobreviviente macho visible en esa zona.
Se acabaron los tiempos del pastoreo intensivo Voisin, donde hasta las carnes y la leche se ponían verdes de tantas hierbas y pangolas.
Ahora tenemos que darnos con un canto en el pecho aunque las ubres se nos sequen como uvas pasas por la falta de agua, y los tarros y cascos de las patas se cuarteen de tanto deambular rumbo a un cuchillo furtivo o el corrientazo final del matadero.
Y ni pensar en cuartones con aire acondicionado, música ambiental de Debussy y paticuris que pintaban los cascos de Ubre Blanca y otras vacas de alcurnia mientras llenaban cubo a cubo alrededor de cien litros de leche condensada.
¡Llegó la perestroika y mandó a parar! El estruendo del Muro de Berlín enterró los cuartones, sustituyó la música de Debussy por un solo de timbales, envió a las paticuris a sembrar pangola y cortó la leche de cuajo. Pero vamos saliendo a flote. Convertidas en espíritu, pero flotamos.
Eso sí, todavía quedan personas de buena voluntad. Los otros días, sin ir más lejos, pude ver con estos ojos que se tragará la tierra o una cazuela viuda, a un matarife noble, un asesino con conciencia.
Resulta que tu hijo –Ternero Degollado- ya está en edad de merecer y salió del cuartón a enamorar a una vaquita pinta conocida en el potrero como Melao. Cuando más unidos estaban sus pellejos y los bufidos retozaban por el lodazal donde se relamían de gusto, se apareció el matarife, dispuesto a sacrificarlos.
Pero al ver aquella montaña de huesos superpuestos, que más parecía una instalación plástica de Kcho que un toro y una vaca retozando, guardó la daga, se echó a llorar, y se alejó diciendo entre sollozos: “Yo no puedo matar esos cadáveres; los muertos no se matan”, hasta perderse en la oscuridad.
Pero mi carta no pretende llenarte de preocupaciones, sino probar tu lealtad. Resulta que hace unos días envié una carta a mi comadre Dolly –la ovejita, ¿te acuerdas?- y ella no me contestó.
O se le ha subido la lana a la cabeza con ese lanzamiento hacia la fama que le dejó la clonación o está ocupada en realidad y no ha podido contestarme. Aunque también puede ser que se le haya roto la computadora o tal vez su respuesta la hayan confiscado en la Aduana de Cuba, pues en la carta le pedía que me consiguiera aunque fuera un toro cebú que se casara conmigo y me sacara de los desiertos potreros de mi patria.
La cuestión es que estoy angustiada. Y ahora más, que a ese Ramonet se le ha metido en la cabeza cuestionar si una vaca vive mejor que un hombre.
Si bien estoy de acuerdo con él en que los humanos deben tener mayores opciones en la vida, las vacas no nos quedamos atrás.
Por eso te pido –si lo encuentras- le sugieras que si decide proponer alguna medida para el caso, que luche por elevar el nivel de los hombres del Tercer Mundo por encima del de las vacas europeas, y no que reduzcan la subvención vacuna para igualarla con los animales de dos pies que chapotean en la pobreza.
En un final, nosotras sólo vivimos de esperanzas. Bueno, Toro Sentado, no te molesto más, porque sé de tus múltiples ocupaciones, pero te pido que medites en mi caótica situación y en la de tu hijo Ternero Degollado.
Necesito nos envíes a través de Mula Pack aunque sea unos cascos de andar, unos tarros de uso y si no es mucha molestia agregues unos pastelitos de miel de purga con pangola, mientras nos luchas una visa por reunificación familiar, falso matrimonio con un buey europeo o cualquier fórmula que nos aleje del potrero infernal o el matadero. Con un mugido de amor para ti: La vaca”
Ante mugidos de tanta carga contrarrevolucionaria, ¿sería aconsejable que aún después de 52 años sin siquiera olerla, nos atrevamos a comer carne de vaca?
Eso se los pregunto yo, Nefasto “El matarife”.
vicmadomingues55@gmail.com