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UNA TELENOVELA POR CUENTA PROPIA
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Rogelio Fabio Hurtado
Periodista independiente.

rhur46@yahoo.com  
Por Rogelio Fabio Hurtado
Publicado el 9/12/2010
 
Marianao, La Habana, 9 de diciembre de 2010, (PD) La recién finalizada telenovela cubana “Aquí Estamos” compartió las carencias habituales del género entre nosotros:
a)No existe en toda la trama ni la más remota alusión al PCC. Ni siquiera se le elogia. Es como si este Rector de nuestras vidas no existiese. ¡Ojalá!
b)Esta ausencia, como un bendito hueco negro, también se traga al resto de las llamadas Organizaciones de Masas. ¿No prueba esto que en la vida real estas ni pinchan ni cortan?
c)Se hiperbolizan las relaciones sentimentales. Este rasgo es característico del género desde los tiempos de Félix B. Caignet

La novedad de esta última oferta consistió en presentarnos la relación entre dos jóvenes lesbianas, por supuesto sin acercarse ni siquiera al beso. Aún así, escandalizó al principio, hasta que los censores se percataron de que al final, la chica varón era abandonada por su compromiso, quien volvía al buen camino rendida en los brazos del machito más galán del elenco. Las palmas para la actuación de la varón, tan parecida a Valentina, una habitué perdida del Patio de la Catedral.

Marianao, La Habana, 9 de diciembre de 2010, (PD) La recién finalizada telenovela cubana “Aquí Estamos” compartió las carencias habituales del género entre nosotros:
a)No existe en toda la trama ni la más remota alusión al PCC. Ni siquiera se le elogia. Es como si este Rector de nuestras vidas no existiese. ¡Ojalá!
b)Esta ausencia, como un bendito hueco negro, también se traga al resto de las llamadas Organizaciones de Masas. ¿No prueba esto que en la vida real estas ni pinchan ni cortan?
c)Se hiperbolizan las relaciones sentimentales. Este rasgo es característico del género desde los tiempos de Félix B. Caignet

La novedad de esta última oferta consistió en presentarnos la relación entre dos jóvenes lesbianas, por supuesto sin acercarse ni siquiera al beso. Aún así, escandalizó al principio, hasta que los censores se percataron de que al final, la chica varón era abandonada por su compromiso, quien volvía al buen camino rendida en los brazos del machito más galán del elenco. Las palmas para la actuación de la varón, tan parecida a Valentina, una habitué perdida del Patio de la Catedral.

El abordaje del tópico de la Jinetera puede incluirse entre las audacias relativas, sobre todo porque la imagen del Pepe se le encargó a Roberto Perdomo, el galán otoñal de la TV nacional, y su personaje, funcionario de una empresa extranjera, recibió un tratamiento cuidadosamente alejado de la estampa del turista sexual. La chica, mulatica esbelta nombrada por supuesto Cecilia, es arrastrada por una mamá ávida de consumo a los brazos foráneos, de los que escapa por la seducción de una especie de José Dolores Pimienta, degradado aquí de sastre a patinador drogadicto. Este personaje, con toques de cultura new age, fue el más interesante entre los jóvenes.

Asistimos a la crisis final del matrimonio de dos profesionales, psiquiatra él y empresaria ella, padres nada casuales de la muchacha más superficial y putísima del grupo. Es de notar que este núcleo, el más acomodado económicamente de la telenovela, acaba destruido, al parecer por la ambición de prosperidad de la empresaria, sospechosamente asociada con extranjeros. El psiquiatra, revolucionario y tradicionalista, rehace su nido de amor socialista con una teatrista tolerante y perfecta.

Al insólito triángulo entre la hija enferma, la madre y el padrastro, las buenas actuaciones no lo salvaron del inaguantable melodramatismo. Algo parecido ocurrió con la historia del matrimonio capaz de abandonar en La Habana a sus dos hijos, uno de ellos retrasado mental, para quedarse y desarrollar sus propias vidas en Nueva York.

El toque capaz de darle cierta relevancia a esta telenovela radica en el desarrollo del triángulo entre el pequeño galán, interpretado sin vuelo por Enrique Bueno, con sus dos amantes: una hermosa bailarina negra radicada exitosamente en España y una habanera graduada de música con vocación de actriz. Para mi asombro, el galán opta por la bailarina y, además, se marcha también a España. Esto, en vez de ser tildado de traición a la Patria, se enfoca como la solución ideal, pues desde allá el expatriado puede enviarle maquillajes y otros recursos al grupo teatral.

Si la comparamos con las novelas brasileñas, salta a la vista el terreno que hemos perdido. Allí pueden poner en pantalla a un político corrupto (negro, por cierto), a un gran industrial, todo capacidad y honestidad; a una ex militante revolucionaria (Roxana Costa) devenida en traficante de armas; a una pedantísima gran señora (Donatella) a la que debes soportar como la buena porque la culta ex presidiaria es el diablo. Encima, el chico del arroyo acaba siendo el heredero.

El secreto es sencillo: allí se reconoce la diversidad individual y representar a un político corrupto no significa que todos necesariamente lo sean. Aquí, los asesores (eufemismo para no decir censores) lo toman todo como si se tratasen de arquetipos platónicos y, por lo tanto, los militantes y las supuestas organizaciones de vanguardia no pueden ser reflejados en la pantalla, eso por lo menos mientras el recién nacido Cuentapropismo no cuente con un canal independiente.

Y ahora me disculpan, porque va a empezar el capítulo de esa telenovela colombiana de Maffia y no quiero perdérmelo.
rhur46@yahoo.com