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LA OCASIÓN PERDIDA
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Rogelio Fabio Hurtado
Periodista independiente.

rhur46@yahoo.com  
Por Rogelio Fabio Hurtado
Publicado el 16/12/2010
 
Marianao, La Habana, 16 de diciembre de 2010, (PD) Con la reciente derrota demócrata en las pasadas elecciones norteamericanas, los partidarios del inmovilismo están de plácemes, tanto en La Habana como en la Florida. Con la Cámara de Representantes dominada por los republicanos, termina el peligro: las leyes o enmiendas presentadas para relajar el embargo o permitir que cualquier ciudadano de los Estados Unidos viaje a Cuba, definitivamente no pasarán.

Así, la guerra declarada por Fidel Castro en la Sierra Maestra podrá proseguir como si tal cosa, imponiéndonos esa carga de limitaciones y carencias que la retórica oficial llama “resistencia heroica”.

Si es cierto el apotegma marxista “el hombre piensa como vive”, no es raro que los compañeros de la Mesa Redonda estén relamiéndose con el resultado de esos comicios, pues a ellos les va de maravilla con la enemistad permanente, situación donde ya todo está previsto.

Marianao, La Habana, 16 de diciembre de 2010, (PD) Con la reciente derrota demócrata en las pasadas elecciones norteamericanas, los partidarios del inmovilismo están de plácemes, tanto en La Habana como en la Florida. Con la Cámara de Representantes dominada por los republicanos, termina el peligro: las leyes o enmiendas presentadas para relajar el embargo o permitir que cualquier ciudadano de los Estados Unidos viaje a Cuba, definitivamente no pasarán.

Así, la guerra declarada por Fidel Castro en la Sierra Maestra podrá proseguir como si tal cosa, imponiéndonos esa carga de limitaciones y carencias que la retórica oficial llama “resistencia heroica”.

Si es cierto el apotegma marxista “el hombre piensa como vive”, no es raro que los compañeros de la Mesa Redonda estén relamiéndose con el resultado de esos comicios, pues a ellos les va de maravilla con la enemistad permanente, situación donde ya todo está previsto.

La pasada semana, los hermanos del Foro Cuba-Estados Unidos habían convocado a una sesión del mismo, para continuar trabajando en la promoción de un entendimiento sensato entre ambos países. Sin embargo, el Departamento de Seguridad del Estado montó un operativo para impedirles el acceso al apartamento en la calle 23, en El vedado, donde tendría lugar esta peligrosísima actividad pacífica.

En vez de enviar a dos o tres cuadros políticos del PCC, para que participasen en el debate y esgrimieran sus argumentos, lo que originaría una auténtica Batalla de Ideas, prefieren evitarlo y recurren a la fuerza para impedirlo. Así, reconocen de hecho la inferioridad intelectual que padecen y la vana superioridad que se atribuyen.

Han dejado pasar la ocasión de replantear las relaciones con el Gran Vecino. Prefieren utilizarlo como excusa y pretexto para sus fracasos y frustraciones. Sin embargo, por mucho que les pese, el futuro pertenece a la reconciliación entre ambos países. Al determinismo geográfico se une ahora la numerosa y próspera colonia cubana establecida allí a lo largo del medio siglo de caprichosa hostilidad.

Más temprano que tarde el porvenir concertará unas paces sensatas y pragmáticas que dejará las demenciales batallas en el olvido, donde no cobren más vidas ni causen más dolor.

Estas cinco décadas perdidas para la amistad fructífera han impuesto, a contramano de la voluntad oficial, una vasta penetración norteamericana entre nosotros. La dirigencia comunista cubana creyó que la Unión Soviética sería capaz de ocupar el espacio dejado vacío por los imperialistas yanquis. Hoy incluso ellos mismos reconocen que la presencia de los productos soviéticos aquí no sirvió sino para que todo lo norteamericano brillase por su ausencia.

Hoy parece utopía, pero un nuevo gobierno civil, democrático y racional, sin alucinaciones heroicas ni delirantes proyecciones planetarias, cuyo objetivo supremo sea el mayor bienestar de todos los cubanos, será capaz de superar las ataduras que le impiden al actual régimen acercarse siquiera a relaciones de mutuo provecho, donde abundarán oportunidades y tareas para todos.
Hoy, el régimen trata de renovarse sin quitarse de encima el anquilosado carapacho del totalitarismo de estado. El restablecimiento de los vínculos con los Estados Unidos es la clave estratégica para librarnos definitivamente de las asfixiantes limitaciones que nos agobian, consecuencias del estrecho nacionalismo de una élite empecinada en derrotar al enemigo imperialista. Esto hace inconcebible una solución satisfactoria protagonizada por estos héroes ya tan veteranos.

La línea de atrincheramiento frente a las expectativas de cambio insinuadas por la administración Obama, lo demuestra. Para el presente gobierno, la paz con los Estados Unidos sería el principio del fin. ¿Para qué necesitaríamos entonces un Comandante en Jefe?

¿Podría alguna administración norteña asumir una línea más agresiva para imponer la reconciliación? Por supuesto que no. Las características de la lucha política en condiciones democráticas le hacen muy difícil a un presidente declarar aperturas unilaterales o levantar sanciones sin obtener nada a cambio, pues tal política sería interpretada por sus adversarios como una claudicación.

Cuando comenzó esta peculiar guerra, mis lectores y yo éramos a lo sumo adolescentes. Hoy, escalamos ya la tercera edad, y no tiene para cuando acabar. Es nuestro derecho y también nuestra obligación manifestarnos al respecto con la mayor claridad
Nunca jamás caerán del cielo los marines. Nunca jamás será instaurado un gobierno angelical en Washington dispuesto a inclinarse ante el David de Birán, a quien todo le será concedido por los siglos de los siglos, con la auspiciosa bendición del Sr. Cardenal Sonrisas.

La sociedad cubana de hoy, desvirtuada de emociones cívicas, al parecer sólo dispuesta a acciones de sobrevivencia individual, tan diferente a la llamada Generación del Centenario, inspira pocas ilusiones. Ya envejeciendo, la realidad nos impone lucidez e imaginación para transformarla.
rhur46@yahoo.com