Fidel Castro apareció ante las cámaras de la TV oficial para el recibimiento de un grupo de jóvenes abogados venezolanos y luego, recibió al presidente ecuatoriano Rafael Correa y al representante parlamentario chino, Bangguo. Así, puso la retranca definitiva a las más caras aspiraciones de casi todos o la mayoría de los cubanos, dentro y fuera de Cuba, a favor y en contra de su gobierno.
Fidel Castro apareció ante las cámaras de la TV oficial para el recibimiento de un grupo de jóvenes abogados venezolanos y luego, recibió al presidente ecuatoriano Rafael Correa y al representante parlamentario chino, Bangguo. Así, puso la retranca definitiva a las más caras aspiraciones de casi todos o la mayoría de los cubanos, dentro y fuera de Cuba, a favor y en contra de su gobierno.
Dio eso que se da en llamar una prueba de vida. El mensaje interpretado por todos fue: Lo que vayan a hacer, pospónganlo hasta que haya muerto.
La prueba de vida aportada aborta por tiempo indefinido una eventual mejora en la calidad de vida de los cubanos en la Isla. También la esperanza de libertad para los centenares de presos políticos que languidecen en las prisiones y la eventual apertura de espacios más amplios de libertad en la Isla.
Producto del suero financiero que recibe su régimen de la Venezuela regida por Chávez, que de acuerdo al criterio de analistas muy serios del tema, supera ampliamente la ayuda recibida en su momento de la antigua URSS, puede mantenerse en el poder, con mano dura y sin hacer concesiones.
Producto de oscuros apetitos geopolíticos y de gestos hacia el primer país latinoamericano que oficializó relaciones diplomáticas y de todo tipo con el régimen chino maoísta, el régimen de Fidel Castro ha sido premiado con créditos que aportan unos pocos billones sin costo por el actual régimen totalitario empoderado en el gigante asiático.
Si a esto unimos la tradicional y siempre errática política exterior norteamericana, la familia gobernante cubana ciertamente encontró un respiro, o ganó tiempo, como ha sabido hacer a lo largo de estos cincuenta azarosos años.
La familia gobernante cubana mantendrá a Cuba como la pústula infamante anunciadora del lugar común en que terminan y han terminado todos los regímenes socialistas empoderados a través de la historia.
Inexorablemente, en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, habrá presos políticos y algunos morirán ejecutados judicialmente o en extrañas circunstancias. Habrá exilio político y éxodos de algún tipo. ¿Por qué tendría qué ser diferente? Ninguno de los caudillos locales de la nueva descarga bolivariana, desde Chávez de Venezuela, hasta el corrupto Ortega de Nicaragua, alcanza la estatura de las figuras paradigmáticas de los socialismos en el poder del pasado siglo XX.
Para quienes no están al tanto, los nazis fueron o son socialistas. El partido de Hitler fue en su momento, el ‘Partido Nacional Socialista de los Trabajadores de Alemania’. El Duce italiano tuvo su socialismo. Mao, Stalin, Pol Pot y el resto de la fauna izquierdista del siglo XX, fueron socialistas. Todos sin excepción, ‘lucharon por el bienestar de sus pueblos’.
¿Por qué el socialismo bolivariano o el castrismo o cualquier otro tienen que ser diferentes? El pueblo cubano de a pie, con toda la irreverencia del mundo, define al socialismo como: “La mierda esa de esta gente”. ¿Tendrá razón? PD