Centro Habana, La Habana, 17 de septiembre de 2009, (PD) El inicio de cada nuevo curso escolar trae para los estudiantes cubanos momentos inolvidables.
Ninguno de los educandos del nivel secundario en el país queda exento del reestreno del uniforme, el reciclaje de los cuadernos, la clonación del matutino político, y la presencia diaria del yogurt de soya y la hamburguesa de “carne”.
Estos atributos escolares, ideológicos y alimentarios, junto a símbolos patrios como el Himno Nacional y el izamiento de la bandera cubana, los acompañarán mientras cursen estudios en ese nivel.
Pero es al aspecto alimentario al que me quiero referir. El déficit de proteínas y exceso de carbohidratos que presentan la mayoría de estos alumnos, son asignaturas pendientes en el censo estomacal que realizan los profesores y dietistas año tras año.
Para todos resulta conocido que la merienda escolar no es más que la suma de un vaso de yogurt de soya y un pan con hamburguesas y “moscazas”, al que debe restársele la higiene y la buena calidad.

Porque si bien esta merienda se encuentra dotada de olores y texturas variables, su sabor muestra un denominador común de calcañal de indígena mezclado con masa de mofetas señoritas al pincho.
Y no sólo es apreciable por esta exquisitez de alta cocina entre las tribus antropófagas de los indios Mondongos, si no también por mantener a los adolescentes con un agudo retortijón de estómago, una saltarina mueca por el rostro, y un corre corre hacia el baño que no hay anti diarreicos que los detenga.
Sin embargo, en este curso que recién comienza todo será diferente. Aunque se mantienen el yogurt y la hamburguesa como principal opción, se les añadirán croquetas con similares ingredientes de carne de quién sabe qué, para la merienda de los estudiantes de nivel secundario.
Con ese objetivo, la Empresa Cárnica Habana rescató de un paro en la materia prima a la fábrica El Tigre, y la hizo responsable de la elaboración de los vitalicios torpedos alimenticios, por lo que masacrará en cada jornada 7,2 toneladas de croquetas “conformadas”, (al parecer, no en tabletas ni en caldos), que harán las delicias de los adolescentes comensales.
Como si fuera poco, a esta nueva opción se sumará la mortadella de lombriz de tierra, el perro Frankfurt (con sabor a paragua alemán), la masa de hamburguesa de pez gato, y un queso fundido más loco en el olor que un elixir de chiva.
De los 80 mil alumnos privilegiados este año para consumir estos proteicos y anestesiantes alimentos, seguro que sólo un 97 por ciento lo rechazará como en cursos anteriores.
Y no por malos, sino para contribuir al desarrollo de la aristocracia porcina de la nación, que a falta de salcocho en sus corrales, consume la merienda destinada a los estudiantes secundarios del país.
Quién lo dude, que pase por una escuela a la hora del receso escolar.
Nefasto “El dietista”
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